La oposición acosa a Mohamed Mursi, que se cree intocable

Mohamed Mestiri-Túnez

La oposición egipcia, desde los salafistas a los laicos de izquierda, los jueces y otros colectivos profesionales, quieren que el presidente Mohamed Mursi retroceda en su intento de construir un régimen autoritario que lo sitúe por encima de la ley

La oposición egipcia, desde los salafistas más o menos radicales hasta los laicos de izquierda, pero también los jueces y otros colectivos profesionales descontentos con la manera de gobernar de los Hermanos Musulmanes, han decidido salir a la calle desde que el presidente Mohamed Mursi decretó, el pasado jueves, que es intocable y está por encima de la ley. El pasado viernes, miles de opositores a Mursi se concentraron en la emblemática Plaza Tahir de El Cairo y se enfrentaron a los gases lacrimógenos y las porras de la Policía. Mañana martes, islamistas y laicos han convocado nuevas protestas masivas y los partidarios de Mursi también podrían ocupar la calle. Mientras, la rebelión de los jueces, que no aceptan estar sometidos al poder político como en tiempos de Hosni Mubarak, va creciendo. El Club de los Jueces, que es la principal asociación de la magistratura en Egipto, quiere obligar a Mursi a anular el decreto que coloca al poder judicial bajo la bota del presidente. Los magistrados de la ciudad de Alejandría irán a la huelga general indefinida hasta que Mursi retroceda. Los jueces no toleran que tras los decretos de Mursi ya no puedan fiscalizar ninguna decisión de la jefatura del Estado y del poder legislativo, ni tampoco disolver la Asamblea Constituyente (Parlamento). Mursi, que tiene a su favor el apoyo del legislativo (mayoría de islamistas y salafistas), aseguró que sólo utilizará sus poderes extraordinarios hasta que salga aprobada la nueva Constitución, pero la oposición no se lo cree y está convencida de que el presidente quiere dirigir Egipto de forma absoluta. Para el politólogo egipcio Jalef Dawud, “Mursi ha puesto en peligro la transición a la democracia en Egipto, lo que demuestra una vez más que los Hermanos Musulmanes no son demócratas, sino un movimiento autoritario”. Habrá que ver si esta vez Mursi, que solo obtuvo el 51% de los votos, tiene el apoyo mayoritario de la población, o más bien su último decretazo genera un profundo descontento incluso entre muchos votantes de los Hermanos Musulmanes. Además, tampoco está claro que a pesar de la victoria diplomática de Egipto en la resolución del conflicto entre Israel y Hamas en Gaza, Occidente vaya a aceptar sin rechistar que Mursi se transforme en una nueva edición de Hosni Mubarak. En este contexto tan complejo, también hay que tener en cuenta el papel de las Fuerzas Armadas egipcias, que de momento no están bajo control absoluto del presidente.

El síndrome del faraón

Mohamed Mursi, según algunos comentaristas políticos, sufren del síndrome del faraón. Es el jefe del Estado de uno de los países más importantes del mundo árabe y las alabanzas que ha recibido por parte de  Hillary Clinton tras su gestión en la crisis de Gaza le han hecho perder la cabeza. O eso parece. De momento, sigue gozando de bastante popularidad, pero el acoso de la oposición contra su persona es cada vez mayor y el descontento social por la pésima situación económica del país va en aumento. “El estado de gracia del presidente islamista se ha acabado”, señala un analista político. En otro orden de cosas, la huelga de hambre iniciada hace varias semanas por un grupo de detenidos salafistas a raíz del ataque a la Embajada de Estados Unidos en Túnez, se está extiendo como un reguero de pólvora. Un centenar de presos, entre los que se encuentran detenidos de derecho común, participa en este movimiento, que coloca en una situación delicada al Gobierno tripartito tunecino, donde el movimiento islamista Ennahda juegan un papel dominante. El Gobierno ya tuvo que enfrentarse a un grave problema tras la muerte de dos jóvenes salafistas, Bechir Gholi y Mohamed Bakhti, durante unos disturbios en la capital del país, el 15 y 17 de noviembre.