“La vida política en Polonia es algo irreal y absurdo”

Piotr Kowalski-Varsovia

El periodista polaco Maciej Stasinski (en la foto, durante uno de sus viajes como reportero a Brasil) afirma que la derecha nacional-católica de su país se aprovecha de la falta de tradición democrática de Polonia para manipular a una parte de la población

Maciej Stasinski es un veterano periodista polaco y uno de los mejores conocedores y especialistas de la situación española y latinoamericana. Riguroso, polémico y contundente en sus análisis, Stasinski analiza en esta entrevista con Correo Diplomático la situación política de su país, donde el empeño de la derecha radical en negar que el accidente aéreo que acabó con la vida del presidente Lech Kaczynski y parte de la cúpula del Estado fue debido a un error de pilotaje, envenena y divide a la sociedad. Polonia es el país más importante e influyente en la Europa ex comunista integrada en la UE, y  por eso su estabilidad es muy importante para el futuro europeo.

 – Pregunta: ¿ Dos años y medio después de la tragedia aérea del avión presidencial polaco en Smolensk, cómo valora la situación política de Polonia, que es el país más importante de la antigua Europa del socialismo real?

– Respuesta: “Pese al desgaste del gobierno de coalición de liberales y campesinos que han entrado en el quinto año de su ejercicio, el segundo de la nueva legislatura, los liberales mantienen una ventaja de varios puntos sobre el principal partido de la oposición, los nacional-católicos de Ley y Justicia. Los demás partidos, incluida la izquierda socialdemócrata poscomunista y el partido laicista y liberal Movimiento Palikot, rondan el umbral del 5 por ciento de votos que permite entrar en el Parlamento. Esto de por si refleja el morbo de la política polaca del momento. En una época en que en todo Europa en crisis el debate es entre una política liberal de austeridad y recortes del gasto publico y la vuelta al modelo de fomento de inversiones públicas con una intervención más atrevida del Estado, en Polonia, de momento libre de crisis económica como casi el único país de la UE, dos partidos de la derecha se están peleando a muerte por cuestiones que nada tienen que ver con grandes cuestiones económicas y sociales que tarde o temprano afectarán a la sociedad polaca. Mientras, los partidos de posible alternativa languidecen en la insignificancia. Es peor, los sondeos no reflejan el ambiente político que difícilmente puede estar más deteriorado. El grado de enemistad y odio hacia el gobierno que desde hace años expresan y fomentan en público los nacional-católicos es extremo y roza limites de incivilidad o guerra civil fría. El líder nacional-católico Jaroslaw Kaczynski y sus férreamente obedientes seguidores acusan al gobierno nada menos que de haber asesinado mediante un atentado terrorista al presidente Lech Kaczynski, mellizo del líder populista, y otras 95 personas a bordo de un vuelo, hace dos años, en la ciudad rusa de Smolensk. La acusación carece de todo fundamento o prueba, es más: ignora las conclusiones del informe de una comisión especial que investigó el desastre y que apunta, con pruebas e indicios, hacia las condiciones del mal tiempo que hicieron imposible  el aterrizaje y la incompetencia o temeridad de los pilotos como causas de la catástrofe. La insistente campaña de odio hacia el gobierno no escatima ninguna acusación por más extrema y absurda, incluida alta traición, conjura con  el gobierno de Rusia para convertir Polonia en un protectorado ruso, exterminio de la nación polaca etc. Todo esto convierte la vida política actual en Polonia, gracias además a la voracidad tan sensacionalista como vacua de racionalidad de los medios de difusión capaces de potenciar todo disparate públicamente proferido, en algo irreal y absurdo. Esta situación moviliza a la clase política y su fiel clientela y a los periodistas, pero deja cada vez más indiferentes, decepcionados o irritados a crecientes  sectores la opinión pública. Esto es peligroso. Si llega una crisis económica y social, como en España, la situación puede resultar explosiva”.

 – P: : Cuatro periodistas -entre ellos el director- del diario conservador Rzeszpospolita han sido despedidos tras la publicación de una noticia según la cual se han encontrado restos de explosivos en el avión presidencial polaco. ¿A qué obedeció esta operación de falsificación de los hechos e intento de manipulación de la opinión pública polaca?

– R: “Esto es precisamente el reflejo del morboso ambiente político que convierte a unos medios y sus periodistas en servidores de intereses u obsesiones ideológicas de los políticos. El diario Rzeczpospolita, desde hace años, representa la voz de su amo, es decir refleja las opiniones del partido Ley y Justicia y persigue toda noticia, rumor o falsedad que le pueda ser útil. Ningún periodista o diario responsable puede publicar en portada una demoledora crónica con cabecera denunciando que en los restos del avión caído en Rusia se descubrieron restos de explosivos, insinuando con ello que se trató de un atentado y no un desastre. Semejante acto es inexplicable e indefendible desde el punto de vista de la ética y la  profesionalidad periodística. Sólo lo explica la total irresponsabilidad y ciega fe en teorías conspirativas defendidas con cinismo o fanatismo por enemigos del gobierno capaces de recurrir a todo con tal de derribarlo lanzando contra él a un público manipulado. Huelga decir que la noticia del diario se cayó por su propio peso al día siguiente por carecer de toda prueba o fundamento factual”.

 – P: ¿Por qué la derecha nacionalista y populista polaca se empeña en afirmar que el crash aéreo fue un atentado de los servicios secretos rusos con la complicidad del gobierno legítimo de Polonia, cuando la investigación ha demostrado lo contrario?

– R: “ Porque es su único vehículo para poder soñar con regresar al poder. Los dos años y medio del gobierno de Ley y Justicia (2005-2007) fueron un rotundo desastre y el partido perdió las elecciones anticipadas. Desde entonces no pueden aducir ningún logro propio en su haber para convencer a los votantes de que deben devolverles el poder. Sólo pueden sembrar la desconfianza y el miedo, explotando la ignorancia o suspicacia de un público menos culto para desacreditar al gobierno; en una palabra, remover el ambiente y la vida pública al extremo. Los populistas nacional-católicos dijeron que el desastre había sido un atentado al día siguiente de haber ocurrido y desde entonces se han dedicado sólo a machacar la idea sembrando aparentes dudas y algunas incógnitas. La tesis precede los hechos y no al contrario. Por tanto, la oposición nacional-católica no puede echarse atrás, solo puede avanzar en el frenesí conspirativo so pena de caer desacreditada. Preveo que Kaczynski y su Ley y Justicia jamás cambiarán de opinión, quedarán inasequibles al desaliento frente a posibles pruebas cualesquiera que sean, y el desastre seguirá siendo para ellos para siempre un crimen nunca aclarado, mito fundacional de su misión patriótica incumplida. No sé decir en qué proporción mezclan el cinismo y la paranoia”.

 – P: ¿Qué lectura le merece el hecho de que la derecha reaccionaria polaca siga teniendo un apoyo electoral y social en torno al 30%?

– R: “ No lo sé decir. Sigue habiendo polacos que ven fantasmas por todas partes, desconfían del poder cualesquiera que fuera, aún cuando no sea una dictadura impuesta como la comunista desde 1945 a 1989, o sea el gobierno democráticamente elegido. La persistencia de la fe en que “Ellos, los poderosos, algo traman y el público nunca se entera” es un hecho y pertenece a la esfera de la irracionalidad e ignorancia humanas que todo populismo aprovecha. El público que se cree a pies juntillas todo lo que digan los nacional-católicos, ronda un 25 por ciento del electorado que vota, es decir unos 4-5 millones polacos y prácticamente no cambia. Su relativa fuerza proviene del hecho de que más de la mitad de los 30 millones de polacos con derecho de voto no vota en las elecciones”.

 – P:  Sorprende que en un país europeo desarrollado y educado como la Polonia de 2012 siga habiendo un sector social tan amplio que vive anclado en el pasado. En su opinión, ¿a qué se debe esta situación?

– R: “Polonia tiene escasa y corta tradición democrática y de participación civil en la vida pública en general. Los 20 años entre la primera y la segunda guerra mundiales terminaron en la debacle de las invasiones nazi y soviética que a su vez dieron lugar a 45 años de dictadura comunista. Manejar la vida civil, el voto, el pluralismo, la tolerancia, el diálogo y el raciocinio público ante quien piensa diferente es un arte civil y ciudadano todavía difícil de aprender y dominar para muchos sectores menos cultos, menos hábiles y prósperos en el capitalismo moderno que habían vivido años refugiados en certezas asumidas, axiomas inamovibles y fe proferida como autodefensa contra la opresión y la mentira. Se requieren años de práctica, educación y quizas generaciones para que la civilidad democrática cale lo suficientemente hondo para que Polonia madure del todo”..

 – P: ¿No es posible un entendimiento entre todas las corrientes sociales del país, liberales, progresistas y conservadores, de cara a desatascar la situación y acabar con las divisiones estériles?

– R: “No, no entre quienes se han convertido en enemigos a muerte en lugar de ser adversarios en intereses y razones. Tiene que haber relevo generacional para desactivar los odios acumulados. Ahora bien, hay que recordar que no toda Polonia vive en el mundo virtual como la oposición nacional-católica y sus seguidores. Polonia es gobernable sin ellos y  a pesar de ellos, afortunadamente. Y que así sea”.

 – P:  A su juicio, ¿qué lecciones puede sacar el mundo de una transición de la dictadura a la democracia como la de Polonia, que estudió minuciosamente la experiencia española? ¿Las sociedades árabes, que viven grandes tensiones entre modernidad y tradicionalismo y democracia y autoritarismo, pueden aprender alguna cosa de la experiencia polaca?

– R: “Olvidarse de saldar cuentas, no excluir ni discriminar a nadie, no cesar en la persuasión racional, no ceder a profetas y creencias, hablar, persuadir y argumentar, no buscar todo o nada, aprender a aceptar soluciones de compromiso, no buscar su propio objetivo a ultranza, tolerar fines y valores ajenos; o sea buscar el bien común, aceptar la  derrota propia, aprender de la historia propia y de la cabeza ajena. Lo hemos hecho en Polonia desde 1989 con nuestros mejores deseos y, como se ve más arriba, peores resultados, pero seguimos en pie como pueblo libre, pluralista y democrático en el que el individuo se defiende de las imposiciones colectivas”.