La crisis económica provoca conductas y actitudes extremas en los españoles

Por el Manisero

Nuestro colaborador cubano en España señala en su artículo que en “la sociedad española la crisis va provocando conductas y actitudes extremas como signos y señales de la gran tragedia social y humana que está generando en su avance y tendencia a la cronicidad”

En la sociedad española la crisis va provocando conductas y actitudes extremas como signos y señales de la gran tragedia social y humana que está generando en su avance y tendencia a la cronicidad, poniéndose de manifiesto en hechos rocambolescos como el protagonizado recientemente por un empresario español que al verse en la ruina y sin derecho a ningún tipo de prestaciones económicas por su condición de extrabajador autónomo, premedita y decide simular el atraco a un banco para provocar una condena en prisión de aproximadamente un año y medio o dos. Cometer este delito le permitirá tener un techo, comida, las necesidades básicas cubiertas y a la vez lograr los beneficios de subsidios que dan a los presos al quedar en libertad y que él no logró como trabajador. Este joven empresario, en una entrevista reciente en un canal de  televisión, manifiestó que había tomado la decisión de provocar una condena para ir a prisión, pero no sabia qué delito cometer y después de valorar varias opciones vio que la salida más digna era el atraco a un banco, ya que el no quería hacerle daño a nadie, así de esta manera se llenó de valor y después de recorrer diferentes sucursales se decidió a entrar en la que vio más vacía, y  asumiendo el papel de atracador con la clásica frase de “esto es un atraco”, se vio traicionado por los nervios. Y exclamó: “Voy armado, pero no les voy a hacer daño ni vengo a robar nada, llamen a la policía”.

Este caso y toda la tragedia que lo rodea podría ser una simple anécdota sino fuese porque es un fiel reflejo de la indefinición en que se encuentra el ciudadano afectado por la crisis, que no encuentra en las instituciones públicas un apoyo y una solución paliativa a sus necesidades básicas, porque no existen. Las rígidas estructuras institucionales no están preparadas para atender a este nuevo perfil del excluido. Las clásicas estructuras del estado, sus servicios sociales y las organizaciones humanitarias no gubernamentales han tenido históricamente una estrategia de ayuda que más o menos de forma efectiva y sistemática cubría muchas carencias y necesidades de los pobres y los grupos en exclusión social, asumiendo en muchas ocasiones a este colectivo como una etérea y lejana minoría con una herencia fatal o un “mal de la sociedad”, intrínseco al mundo contemporáneo injusto. Sin embargo, la crisis económica actual en su progresivo desarrollo ha ampliado las fronteras de la pobreza y la exclusión social a nuevos territorios donde cómodamente estaba ubicada la clase media y media alta, haciendo emerger de forma aguda e insidiosa un nuevo estatus social:  el “nuevo pobre” que va tomando cuerpo de ser humano de carne y hueso muy cercano a todos los mortales. Este hecho no solo cambia esa concepción de minoría y  el perfil del pobre o marginal de siempre, sino que este nuevo estatus ampliado, se alza con una demanda social cuantitativa y cualitativamente diferente, ante las cuales las clásicas estructuras de apoyos y servicios sociales no están preparadas, asistiendo pasivamente con cierto desconcierto y perplejidad a estos hechos y  constatando  la ineficacia y caducidad de sus sistemas antiguos en la intervención social. Las injusticias sociales que afectaban una minoría se hacen extensivas a otros  amplios colectivos de la comunidad y comienzan a cobrar un protagonismo alarmante como causa de estos hechos de marginación y pobreza, poniendo en entredicho y en evidencia la eficacia y gestión del estado como institución administrativa junto a sus estructuras económicas, políticas y sociales.

Cuando con frecuencia el gobierno anuncia que se van a tomar nuevas “medidas de ajuste” en su labor de salvaguardar la economía, se esperan como una nueva condena a la miseria, se sabe de antemano que todas consisten en recortes del poder adquisitivo, el aumento de impuestos, suspensiones directas e indirectas  de puestos de trabajos. Lo que no se sabe es cuáles serán los colectivos condenados: obreros, profesores, médicos, artistas, toda la clase trabajadora está presente en el banquillo esperando el veredicto. No es casual que se esté generando en la sociedad civil española un estado de indignación colectiva que reclama un nuevo orden más justo, más equitativo de las riquezas y más humanizado. Algo no funciona bien en este mundo contemporáneo, algo tiene que cambiar, hay un tufo delator presente en todas estas injusticias sociales, en la pobreza y en los ajustes  que va apuntando directamente a la causa del hedor, al enemigo: la desmesurada ambición de la oligarquía financiera con la complicidad de los poderes políticos. Sólo lo señalo,  esto seráa tema de otro artículo. Pensándolo bien, si alguien quiere ir a la cárcel no le recomendaría el atraco a una entidad financiera, hoy en día en España un abogado de a pie tendría suficientes elementos para probar la inocencia de un atracador de banco, quizás con un solo argumento pero muy contundente; “El acusado actuó en defensa propia contra su agresor”.

(Continuará)