La Plaza Tahir de El Cairo se convierte en símbolo de la rebelión contra Mursi

Mohamed Mestiri-Túnez

La Plaza Tahir de El Cairo se ha convertido en un símbolo de resistencia y oposición al autoritarismo del presidente Mohamed Mursi

La emblemática Plaza Tahir de El Cairo se ha convertido de nuevo en un símbolo de la rebelión ciudadana, esta vez contra el presidente de Egipto, el islamista Mohamed Mursi. El jefe del Estado desencadenó una gran polémica política que desembocó en rebelión social en El Cairo y otras ciudades al decretar un poder casi absoluto y por encima de la ley para su persona. La declaración constitucional de Mursi blinda sus decisiones ante la Justicia. El lunes, Mursi prometió que este poder especial sólo lo utilizaría en caso de extrema necesidad y hasta que la Asamblea Constituyente apruebe una nueva Constitución. Pero la promesa de Mursi no convenció a muchos cairotas que decidieron bajar a la calle el martes para concentrarse en la Plaza Tahir. Partidos políticos laicos y grupos revolucionarios convocaron por la tarde  tres marchas que salieron de las mezquitas de Al Fateh y de Mustafá Mahmud, en los barrios céntricos de Ramsés y de Mohandesín, y de la Plaza de Shubra, también cercana al centro de El Cairo, y acabaron en Tahrir. Fueron centenares de miles los manifestantes que quisieron de esa forma expresar su oposición a la deriva autoritaria del presidente islamista del país. También exigieron la dimisión del ministro del Interior, Ahmed Gamal el Din, al que consideran responsable de los choques de la semana pasada entre manifestantes y policías en la calle Mohamed Mahmud, próxima a la Plaza Tahrir, durante el primer aniversario de los sangrientos disturbios con las fuerzas de seguridad en ese mismo lugar. La protesta, como suele ser frecuente en Egipto desde las primeras revueltas anteriores al derrocamiento de Hosni Mubarak, acabó en violentos enfrentamientos con la Policía, que reprimió con dureza a los contestatarios, entre los que se encontraban muchos jóvenes y ciudadanos de distintas convicciones políticas y condiciones sociales. Dos manifestantes murieron en los disturbios. Uno de los fallecidos tenía 28 años y al parecer  sufrió complicaciones respiratorias tras inhalar gases lacrimógenos lanzados por la Policía. La otra víctima era  un miembro de la izquierdista Corriente Popular Egipcia -liderada por el ex candidato presidencial Hamdin Sabahi-, que sufrió un infarto durante la marcha. El miércoles, la Plaza Tahir seguía siendo un hervidero de personas descontentas con Mursi.  Desde hace varios días, los choques entre manifestantes y fuerzas de seguridad, que lanzan piedras y gases lacrimógenos, son continuos en la Plaza Tahir y en lugares cercanos como la Plaza Simón Bolívar. Para dividir a la población y limitar el impacto de las protestas,  los Hermanos Musulmanes y el partido salafista Al Nur habían convocado para el martes otra manifestación cerca de la Universidad de El Cairo, pero finalmente decidieron cancelar  el acto para evitar choques  con los opositores a Mursi. La ola de protestas en el país ha incluido asaltos a sedes del Partido Libertad y Justicia (PLJ), brazo político de los Hermanos Musulmanes.

Situación delicada

Con los jueces en pie de guerra contra el decretazo constitucional de Mursi y la oposición acosando al presidente, la situación política y social de Egipto es francamente delicada. Los Hermanos Musulmanes, que prometieron las mil y una maravillas a la población si alcanzaban el poder, ni siquiera han empezado a resolver los graves problemas económicos y sociales que sufren los egipcios, ni tampoco han tomado medidas contra la corrupción. La vida de la mayoría de los egipcios sigue siendo tan mala como siempre, y el intento de Mursi por convertirse en una especie de faraón intocable ha sido la gota de agua que ha hecho colmar el vaso.  La comunidad internacional también está preocupada ante la deriva que puede tomar  la crisis actual. La portavoz del Departamento de Estado, Victoria Nuland, apeló al “diálogo democrático y la consulta”. El Gobierno francés fue más contundente, y declaró que la decisión de Mursi “no va en la dirección adecuada”. En Egipto, muchos ciudadanos piensan  que la prudencia de Washington en este asunto responde a su alianza con Mursi para solucionar el conflicto de Gaza.