Memorias de Chadli Bendjedid: la historia como disimilación y autojustificación

Yassin Temlali-Argel

El primer tomo de las memorias del difunto presidente de Argelia Chadli Bendjedid no esclarece algunos de los aspectos más sombríos de la reciente historia política de este país

Publicado a título póstumo a finales de octubre de 2012, el tomo 1 de las memorias de Chadli Bendjedid (1929-2012) no contiene ninguna revelación destacable. Se parece más bien a una reconstitución parcial de una carrera lineal ascendente, brutalmente interrumpida por un “golpe de estado constitucional” en 1992, cuando el ejército sospechó que el despótico “padre del multipartidismo” tenía ambiciones de cohabitación con los islamistas. Este primer volumen de 332 páginas no aclara acontecimientos cruciales con los cuales estuvo relacionado el antiguo presidente argelino durante la Guerra de Liberación (1954-1962), tanto después de la independencia, como hasta su ascenso a la magistratura suprema, en 1979. Cuenta una serie de recuerdos de su infancia y de su juventud  en el extremo Este (de Argelia) e insiste mucho sobre los problemas de su familia con la administración colonial, que llevaron a su padre  a unirse a la Unión Democrática del Manifiesto Argelino, la UDMA, una organización moderada del movimiento nacional fundada por Ferhat Abbas en 1946.

La evocación de este periodo da paso a las circunstancias que condujeron a este hijo de notable rural arruinado por la colonización a adherirse al Frente de Liberación Nacional (FLN)  en 1955 y a su progresión en la jerarquía de la “Base del Este” (zona fronteriza con Túnez) en el seno del Ejército de Liberación Nacional (ELN), hasta su puesto como “miembro de la zona operativa norte”, que ocupaba en 1962. Un vigoroso desmentido rechaza  las aseveraciones de varios historiadores (Benjamin Stora, etc.), según las cuales, como ocurrió como muchos altos mandos magrebíes, Bendjedid dio sus primeros pasos militares en el seno del Ejército francés. “Ni siquiera realicé el servicio militar en sus filas, de la misma forma que nunca participé en la guerra contra el pueblo vietnamita, como se ha dicho sobre mi (para)  hacer creer que me uní a la revolución más tarde” (páginas 69-70).

La participación de la “Base del Este” en el combate anticolonial es ampliamente descrita y se pone mucho el acento en el hecho de que los conflictos, tanto los que fueron discretos como los que fueron contundentes, con la dirección de la Revolución nunca fueron de naturaleza política. Y aunque la “Base del Este” no aceptó de buen gusto que el Congreso de la Summam (agosto de 1956) rechazara que esa zona se convirtiera en una wilaya autónoma, nunca rechazó sus resoluciones. Antes de que Huari Bumediene fuera nombrado jefe del estado mayor del ELN, podemos leer en las memorias de Chadli Bendjedid que los dirigentes militares del FLN no habían entendido las dificultades en las cuales se debatía esta región, sobre todo después de la construcción de las líneas Challe y Morice (1957-1959), que complicaron mucho más la organización y el suministro de armas al maquis.
¿Un bumedienista liberal?

A través de la historia de la lucha contra la ocupación francesa en la “Base del Este” y una galería de retratos de conocidos y menos conocidos muyahidines, vemos cómo se construye en el seno mismo de la ELN el poder militar y político de sus tropas cerca de la frontera con Túnez, poder que encarnará   Huari Bumediene. Se ve más claramente cómo destaca la figura de este hombre y cómo empieza  su carrera en medio de los intentos por escapar de la autoridad del Gobierno Provisional de la República Argelina y buscando aliados entre los líderes militares del interior. Con la ayuda de ex-oficiales del ejército francés, el futuro presidente de la segunda República Argelina conseguirá tener éxito en la transformación de las compañías desorganizadas,  a veces incluso indisciplinadas (páginas 165-166), y logrará consolidar el poder militar que se pondrá en marcha en 1962, para la conquista del poder detrás del escaparate  civil de Ahmed Ben Bella.

Chadli Bendjedid, que conoció a Huari Bumediene en 1960, le demostró una admiración que nunca desapareció, y se convertirá muy pronto en uno de sus fieles tenientes que lo ayudara, después del alto el fuego, a reducir los maquis del interior opuestos a Ahmed Ben Bella y al ejército de las fronteras. Lo defendió contra aquellos  que, según escribe en el libro, hacen recaer sobre su entera responsabilidad  los errores durante su reinado (1965-1978). Sobre todo, se defiende de que fue el artífice del desmantelamiento del “bumedienismo”: “En cuanto inicié las reformas, surgieron voces que me acusaron de querer definitivamente volver la página. Y, sin embargo, lo que hice, fue la reforma de un sistema  que se encontraba en un callejón sin salida, y cuyo responsable no era sólo el jefe del Estado” (página 332).

La parte de la obra consagrada al periodo 1962-1979 está marcada, ella también, por esta reserva, tan característica de los testimonios de los militantes nacionalistas argelinos que, a veces, se parece a una pura disimulación. Pero esta parte ofrece, sin embargo, detalles sobre un número de acontecimientos decisivos de la historia argelina contemporánea. Uno de los acontecimientos es el aplastamiento, en 1964, de la rebelión de Mohamed Chabani después de que se negara a regresar a Argel cuando se lo pidió Ahmed Ben Bella por miedo a ser destituido de la dirección de la 4ª región militar (Sureste). Chadli Bendjedid, qui hizo parte del tribunal constituido para juzgar a Chabani , desmiente que Huari Bumediene fuera el inspirador de su condena a muerte, aunque reconoce que éste le transmitió a él y a sus camaradas la orden presidencial de no salvar la vida del coronel sedicioso. En contra de una versión muy extendida, según la cual se abstuvo en esta dura sentencia, reconoce que “en tanto que militar (aceptó) las órdenes del presidente (Ahmed Ben Bella) al que no podía oponerse” (página 240). Es la forma que tiene de describir  un sistema político donde los jueces escuchan menos su conciencia que las órdenes del ejecutivo, y que para cuidar las formas ante su víctima, le aconsejan y le piden un indulto presidencial que nunca obtendrá.
Una visión utilitaria de la escritura de la historia.

El tercer presidente de la República argelina relata en este primer volumen, su participación en la “recuperación del movimiento revolucionario” que el 19 de junio de 1965 puso fin al “poder personal Ahmed Ben Bella”.  También ofrece nueva información sobre el fracasado golpe de Tahar Zbiri, jefe de Estado Mayor del Ejército en 1967, en contra de Huari Bumediene, especificando, en particular, que fue invitado a participar, pero se negó por lealtad al jefe del Estado. El período posterior a este intento de golpe de Estado se resume globalmente en el tomo 1 de las memorias Chadli Bendjedid a  una crónica de encuentros memorables con  revolucionarios y hombres políticos (Che Guevara, el general Giap, Nasser) y a consideraciones pseudo analíticas sobre la política interna en la década de 1970 (revolución agraria, etc.), las disensiones dentro del Consejo de la Revolución y la crisis endémica de las relaciones argelino-marroquíes.

Aunque está lejos de ser un torrente de confesiones, este primer tomo ofrece información útil sobre la historia de Argelia durante la segunda mitad del siglo 20. Lo hace  dentro de la concepción que tiene  esta generación de nacionalistas del testimonio histórico, que se suele reducir a una justificación del pasado en la que la lealtad a los compañeros (aquí a  Huari Bumediene) toma las formas de una casi hagiografía, apenas atemperada por las críticas demasiado generales para ser relevantes. En la medida en que se publique el próximo tomo de esas memorias, cuando se refiera al período durante el cual Chadli Bendjedid fue el primer líder político de Argelia (1979-1992), esperamos que no lo haga de la misma manera tan frustrante como esta primera parte. Habría que hablar de la  represión de la revuelta en la Cabilia en abril de 1980 y  de la revuelta de octubre de 1988, de la  gestión ambigua del islamismo entre 1989 y 1992, y tal vez habrá algunas revelaciones que permitan a los argelinos descubrir los secretos de la Guerra de Liberación y tener una mejor comprensión de una historia cercana, pero que sigue estando dominada por la sombra del presente.