Un conflicto mal resuelto

Mariusz Borkowski

El periodista polaco Mariusz Borkowski sostiene que “el último conflicto de Gaza, que ha opuesto a las milicias de Hamas con el Ejército israelí, es un conflicto mal resuelto por ambas partes”

El último conflicto de Gaza, que ha opuesto a las milicias de Hamas con el Ejército israelí, es un conflicto mal resuelto por ambas partes. Hamas asegura que es la única organización que defiende los intereses nacionales palestinos, y eso no es cierto. Pero los palestinos, por desgracia, tiene otro problema interno y es la existencia, además de Hamás, de otros pequeños grupos extremistas, incluso abiertamente salafistas, que hacen mucho daño a la justa causa de los palestinos en su lucha por liberar los territorios ocupados por Israel y por tener un Estado nacional propio y soberano. Los salafistas son mucho más peligrosos para la causa palestina que los propios islamistas, como lo estamos viendo en Egipto, donde los salafistas desafían abiertamente a los Hermanos  Musulmanes victoriosos en las últimas elecciones. Se ha producido una ruptura en el seno de Hamas desde el pasado mes de marzo por el conflicto de Siria, y existe todavía un sector que está controlado por Irán. Teherán quiere abrir un frente en la frontera con  Israel, porque es una forma de que Tel Aviv concentre sus fuerzas militares en esa zona y se olvide de bombardear las fábricas de enriquecimiento de uranio en Irán. Por parte israelí, la situación es también muy complicada. Benjamin Netanyahu quiere ganar las próximas elecciones y necesita demostrar que puede aplastar a Hamas, porque, como suele decir el primer ministro de Israel, “ponen en peligro la seguridad de los ciudadanos israelíes”. Además, Netanyahu hace todo lo posible por eliminar a los activistas de Hamas que tengan la tentación de ser más pragmáticos y que podrían en un momento dado aceptar tácitamente la estrategia de negociación con Israel que impulsa el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas. Es por ese motivo que Israel eliminó al jefe militar de Hamas, porque los actuales dirigentes israelíes se preparan para futuras represalias contra Gaza y no les interesa que dentro de Hamas pueda haber gente más pragmática y moderada. Para Israel, la agresión contra Gaza también es una manera de probar sus nuevos sistemas defensivos y ofensivos. Además, ese conflicto le viene bien a los extremista israelíes para ampliar su estrategia de colonización de los territorios palestinos. Esos extremistas han aprovechado el reconocimiento por parte de la ONU de Palestina como Estado observador dentro de este organismo internacional para radicalizar su política colonialista.

Lo dramático del conflicto palestino-israelí es que en estos momentos la mayoría de las acciones militares que se llevan a cabo por ambas partes no tienen el objetivo de defender a sus respectivas poblaciones, lo que sería lógico, sino que son acciones absurdas pero sobre todo criminales. Desgraciadamente, casi nadie en el mundo, y tampoco en el mundo árabe, se interesa ya por ese conflicto. Hay una falta evidente de voluntad política para resolver el conflicto y dictar a las partes antagónicas ciertas condiciones de una solución pacífica. Los políticos del mundo entero no son sensibles al sufrimiento de la población palestina y la opinión pública no se interesa por este asunto. Para acabar con este conflicto, creo que se necesitan varias factores. En primer lugar, que Estado Unidos comprenda de una vez que si quiere seguir desempeñando su papel de gendarme en el mundo y proteger sus intereses de una forma moderna y eficaz, tiene que demostrar prácticamente que está dispuesto a impulsar un proceso de paz  como el de Camp David entre Egipto e Israel. Estados Unidos tiene que demostrar, y sé que lo que planteo es difícil, que condicionará la ayuda a Israel en el ámbito de su seguridad a que este país demuestre que quiere de verdad buscar la paz con los palestinos. Por eso habría que conseguir que Israel se retire completamente de Cisjordania y de la parte de Jerusalem que ocupa. Una Cisjordania desmilitarizada  podría tener un estatuto de país independiente y neutral, bien controlado contra los extremistas y con fondos para el desarrollo especiales. Esto, creo yo, podría calmar los espíritus.

Hay que hacer entender a las élites israelíes que la prolongación del conflicto provocará nuevos combates suicidas que podrían desencadenar  auténticas catástrofes humanas. La prolongación de ese conflicto hipoteca el futuro de generaciones enteras de palestinos e israelíes. Los países árabes tienen que entender que si sigue ese conflicto también tendrá más efectos negativos sobre la región, sobre todo en lugares como Líbano. China, Rusia y Europa también tienen que apostar decididamente por acabar con ese enfrentamiento continuo entre israelíes y palestinos. Lamento que tanto Israel como Estados Unidos sigan anclados en el siglo pasado y no se hayan dado cuenta todavía que no pueden seguir apostando por la estrategia de la confrontación con Palestina y el mundo árabe. No se dan cuenta que han pasado muchas cosas en los últimos años, y las revoluciones árabes han cambiado el mapa político de la región. Mientras, el problema palestino sigue deteriorándose, es como una olla a presión, de vez en cuando deja escapar un poco de aire, pero corre el riesgo de explotar si no apagamos el fuego. En fin, lo que he querido decir en este artículo para Correo Diplomático es que el problema palestino-israelí no se ha resuelto por culpa de la falta de voluntad política de los Estados implicados en esta crisis, por ignorancia, mala fe, un valoración del problema equivocada y una falta total de perspectiva y de querer encarar el conflicto a corto plazo. Las élites mundiales  no se interesan de verdad a este problema y la solidaridad del mundo árabe es un eslogan vacío de contenido.