Doctor Mariano y Señor Rajoy

Mohamed El Morabet

Según el autor de este artículo, Mohamed El Morabet, Mariano Rajoy tiene una doble personalidad política, y se parece al personaje de la novela ‘El extraño caso del Doctor Jekyll y el Señor Hyde’

El pasado 20 de noviembre se cumplió un año desde que las urnas le concedieron a Mariano Rajoy una amplia y cómoda mayoría para gobernar. Y, visto en perspectiva, en este cuarto de legislatura nuestro protagonista no ha escatimado esfuerzos para que su batuta de presidente acierte lo mejor que pueda. No obstante, la ciudadanía está muy preocupada  por el primer  y extraño annus horribilis del Gobierno  del Doctor Mariano y del Señor Rajoy, desde que tomó la pócima de poder en su despacho en la Moncloa. La psicopatología de los personajes de la obra de Stevenson no dista mucho de lo sucedido en este último año con el Presidente del Gobierno. El 20 de noviembre fue el inicio del trastorno disociativo de la identidad, donde Doctor Mariano sufre una metamorfosis  y abandona categóricamente sus promesas y  programa electoral, para llevar a cabo, acto seguido,  su temido plan oculto. Un plan de tala radical de los derechos básicos del estado de bienestar, justificado en multitud de ocasiones por la resonada frase “no gustan [las medidas] pero es lo que hay que hacer”.  Hecho que invita a tener serias dudas sobre si es peor el remedio que la enfermedad.

“Vamos por partes”, como dijo Jack el Destripador. Los mayores ajustes de la democracia están causando un  severo efecto en la sociedad, que ve su nivel de vida empobrecerse. El Señor Rajoy subió los impuestos, incrementó el IRPF en todos sus tramos y el IBI. Además, recortó el gasto público en 8.900 millones de euros, congeló el sueldo de los funcionarios a la vez que les aumentaba la jornada laboral y suspendió las convocatorias de oposiciones. En abril, anunció de nuevo, vía nota de prensa, un recorte de 10.00 millones de euros, 7.000 en sanidad y 3.000 en educación. La lista continúa: implantó el copago farmacéutico, paralizó la aplicación de la Ley de Dependencia, inventó el “medicamentazo”, que supone la salida de 417 fármacos de la lista de subvenciones, incrementó las tasas universitarias, subió  la ratio de alumnos por aula, como consecuencia del despido de profesores interinos, suprimió la renta básica de emancipación…

Asimismo, dejó  sin tarjeta y asistencia sanitaria a los inmigrantes en situación irregular, poniendo de relieve  el contenido del contrato de integración tantas veces voceado, que no es otro, que condicionar el acceso a la sanidad a la capacidad económica  de los inmigrantes. Una integración que está en venta, y que El Señor Rajoy cifró en 160.000 Euros, con la compra de un piso. Mediante el desamparo sanitario de los “sin papeles”, autorizó una injusticia y eso significa abrir el camino a legitimar todas las que siguen. Lo sorprendente es que la lista anterior no parecía suficiente. Después de una larga desaparición pública, en la que supongo que el Doctor Mariano reprende a su alter ego Señor Rajoy por su gestión, aparece de nuevo en julio, para anunciar un ajuste de 65.000 millones en dos años, la suspensión de la paga de Navidad para los funcionarios y la subida del IVA. Así traiciona sus proclamas ideológicas, donde bajar los impuestos, supuestamente,  era una seña de identidad de los conservadores del PP. Y  por último, la joya de la corona, la no valoración de las pensiones acorde con el incremento del IPC.

366 días de reformas polémicas acompañadas de dos huelgas generales y un sinfín de manifestaciones casi diarias de diversos sectores. La reforma laboral, la del sistema financiero, la educativa, la de las administraciones públicas, la del poder judicial… Todas ellas representan un hachazo democrático y una merma absoluta de derechos que deja a numerosos ciudadanos fuera del  amparo de la seguridad que ofrecía, hasta hace poco, el estado de bienestar. Esto se certifica con la última reforma de la Ley de Tasas Judiciales que impone el Señor Rajoy, teniendo en contra a todo el colectivo de profesionales (jueces, abogados, secretarios judiciales, etc.). Esta medida favorece la desigualdad en el acceso a la universalidad de la justicia, que, desde ahora, tiene precio. Este atropello rememora tiempos lejanos, cuando Quevedo alertaba que “en un país donde hay poca justicia es peligroso tener razón”. Un suma y sigue que está causando verdaderos estragos en las capas más vulnerables de la sociedad española.

Ahora bien, hay capítulos donde el Señor Rajoy le cede terreno a Doctor Mariano, y el más llamativo es el de exteriores. La agenda exterior del Doctor Mariano no tiene nada en común con la de Aznar. No hay más que analizar el dossier hispano-marroquí para darse cuenta de ello. Las relaciones con Marruecos pasan por un buen momento, desde que Doctor Mariano apostó por conservar la tradición de hacer el primer viaje fuera de España a Rabat. También hay que señalar que en este asunto, Doctor Mariano ha tomado nota de dos mensajes claves. El primero se lo lanzó la ciudadanía marroquí en una masiva manifestación celebrada el 28 de noviembre de 2010 en  Casablanca, demostrando así su malestar en cuanto a las posiciones del PP con respecto a Marruecos. El segundo, y no menos importante, lo articula la CEOE y el significativo despliegue del empresariado español en Marruecos durante la última década y, en especial, el último lustro. Tal realidad quedó bien reflejada en el VII Foro de Inversiones y Cooperación Empresarial entre España y Marruecos en Casablanca, que organizó el Instituto Español de Comercio Exterior (ICEX) los días 19 y 20 del pasado junio, y que contó con la inauguración de los Príncipes  de Asturias. Cuestión de suma importancia para España y sus empresas  que ven en Marruecos una oportunidad de oro para invertir, según el presidente de la patronal Juan Rosell.

La agenda de exteriores del Doctor Rajoy marca distancias con la de Aznar en cuestiones  elementales. Además de las relaciones hispano-marroquíes, en las que optó por no destituir al embajador Alberto Navarro, nombrado por el anterior gobierno, manifestación del continuismo favorable para ambos países, la semana pasada se notó el giro con el voto de España  a favor de Palestina como estado observador en la ONU, más aún cuando el ex-presidente Aznar se solidarizaba públicamente con Israel.  La alegoría moral de la novela “El extraño caso del Doctor Jekyll y el Señor Hyde”, los dos extremos, parece impregnar el espíritu de la gestión política de Mariano Rajoy, que se tomó una dosis extra de pócima  de presidente que gobierna de espaldas a la sociedad,  haciendo  oídos sordos a las voces que gritan sin cesar, un día sí y otro también, en las calles. Temo que echaremos de menos al Doctor Mariano durante lo que nos quede de legislatura. Bienvenidos al oscuro mundo del Señor Rajoy.