El insulto es la razón del que razón no tiene

Por Paco Soto

El insulto es la razón del que razón no tiene. La persona que insulta, en lugar de argumentar, en general, suele ser un individuo desprovisto de la suficiente capacidad intelectual para razonar

El insulto es la razón del que razón no tiene. La persona que insulta, en lugar de argumentar, en general, suele ser un individuo desprovisto de la suficiente capacidad intelectual para razonar, y además de un maleducado, a veces es un cobarde. Es un cobarde cuando se esconde detrás de la pantalla de un ordenador, y al comentar una noticia publicada por nuestro periódico, como es incapaz de articular un par de ideas medianamente coherentes, y como probablemente carece de suficiente información y formación, se comporta como un ser primitivo. Gesticula, grita, ladra incluso, y de su boca salen sapos y culebras. Así es el cobarde, el que ni siquiera firma con su nombre y apellido cuando comenta un noticia. Perdón, he dicho comenta, pero me equivoco, quería decir cuando insulta con un sólo objetivo: hacer daño. Viene a cuento lo que digo porque hemos recibido un comentario de un lector de Correo Diplomático, un tal Jose, que se refiere a un artículo sobre la resolución del Consejo de Seguridad  de la ONU para el conflicto del Sáhara occidental en estos términos: “VUESTRO CINISMO ME REMUEVE LAS TRIPAS. NUNCA HE VISTO NADA TAN ASQUEROSAMENTE PARCIAL. HABRÍA QUE SER MUY TONTO PARA DEJARSE CONVENCER POR VOSOTROS. SOIS BASURA. VOSOTROS Y VUESTRO VERGONZANTE GOBIERNO QUE OS MANTIENE”.

No solemos comentar en este periódico las cartas de los lectores. Tampoco las publicamos todas por falta de espacio. Pero esta vez voy hacer una excepción, porque el tal Jose dice que, además de cínicos, somos basura y nos mantiene un gobierno. La verdad es que no sé a qué gobierno se refiere: ¿al español? ¿al francés? ¿al marroquí? ¿al cubano? ¿al de Estados Unidos? No, señor, nosotros no estamos financiados por ningún gobierno ni partido político, ni vivimos chupando de la teta del Estado, como otros; somos una empresa privada que, entre otras actividades, edita un periódico online en español  sobre actualidad internacional. En este periódico trabajamos y colaboramos periodistas y ciudadanos de otras profesiones de diversos países: España, Marruecos, Argelia, Túnez, Portugal, Francia, Polonia, Rumanía, Chequia, Rusia, Argentina, México, Colombia, Cuba…  Correo Diplomático, insisto, no es la plataforma de  ningún gobierno, partido o grupo de presión, es un medio de comunicación plural que, en la medida de sus fuerzas y posibilidades, intenta ofrecer distintos puntos de vista sobre una misma cuestión. Lo podemos hacer mejor o peor, pero este es nuestro objetivo. Aspiramos a ser influyentes y queremos ser una referencia, por supuesto, pero no a costa de la honradez intelectual y de la ética profesional. Tenemos una línea editorial, evidentemente, pero no nos la dicta nadie, la elabora el equipo dirigente de este medio. Ni más ni menos. Es posible que usted, Jose, no lo entienda, pero en ese caso el problema es suyo y no nuestro.

Somos un periódico plural y democrático y no nos gusta que nos presionen, y mucho menos que nos coaccionen e insulten. Por ejemplo, sobre el conflicto del Sáhara occidental, algunos de nuestros colaboradores defienden que este territorio es parte del reino de Marruecos y otros se pronuncian por la autodeterminación  y la independencia. Y si no se lo cree, señor Jose, lea usted atentamente algunos artículos que saldrán próximamente en Correo Diplomático.  Le doy este ejemplo para que usted intente leer nuestra información sin anteojeras ideológicas y sin sectarismo. Tiene usted todo el derecho de criticarnos, ¡faltaría más! Necesitamos de la crítica para mejorar y ofrecer un mejor producto periodístico al lector. Pero lo que hace usted en ese comentario, en el que echa lodo sobre nuestro compañero Ahmed Chabi, un joven periodista que se dedica  a la información política, no es una crítica. ¿Adivine lo que es? Es un exabrupto, el exabrupto de quien desde la impotencia vocifera, escupe veneno e intenta hacer daño. ¿Se cree usted gracioso? ¿Piensa que está en posesión de la verdad? ¿Está convencido de que la razón está de su parte? En fin, qué más quiere que le diga. A buen entendedor, pocas palabras bastan…