La crisis política y económica hunde a Túnez en la depresión social

Mohamed Mestiri-Túnez

La crisis económica y política ha hundido a Túnez en la depresión social. En la ciudad de Siliana, situada a 120 kilómetros al suroeste de la capital del país, una rebelión popular ha mantenido en jaque a la Policía durante casi una semana. En la foto, un grupo de manifestantes se enfrenta a las fuerzas de seguridad

Túnez no puede más. El pueblo no aguanta tantos problemas. El país que dio los primeros pasos en el mundo árabe con su denominada revolución del jazmín para acabar con una dictadura corrupta y represiva, se ha hundido en la depresión política, económica y social. El grito de desesperación que significó la inmolación del joven Mohamed Buazizi, primera víctima de la revolución tunecina, se oye todavía en amplias zonas de Túnez. Desde el punto de vista económico y social, prácticamente nada ha cambiado en el país desde que fue derrocado Zine El Abidine Ben Ali. El paro masivo, la pobreza, la corrupción y el nepotismo siguen campando a sus anchas en la pequeña nación norteafricana. La situación es tan grave que el presidente de Túnez, el laico Moncef Marzuki, pidió al primer ministro, el islamista Hamadi Jebali, que nombre un nuevo gobierno para hacer frente a la crisis, a ser posible con tecnócratas competentes y no con politicastros incompetentes e insensibles al sufrimiento del pueblo. Marzuki tuvo que intervenir después de las revueltas que han sacudido la localidad de Siliana (235.000 habitantes). Han sido cinco días de protestas y violentos enfrentamientos con la Policía que han provocado 300 heridos. La UGTT, el principal sindicato tunecino, acordó con el Gobierno apagar el fuego del descontento en Siliana, pero las brasas siguen encendidas en esta ciudad  situada a 120 kilómetros al suroeste de la capital del país. Todo empezó con un huelga general que se transformó después en rebelión violenta contra el paro y la miseria. La destitución del gobernador de Siliana, Ahmed Ezzine Mahjoubi, fue una victoria de la población, que también ha recibido promesas por parte del Gobierno en el ámbito de la contratación de parados. Pero la calma es precaria y en cualquier momento el fuego de la revuelta puede prender de nuevo.

Cruce de caminos

Túnez, que, a pesar de sus muchos problemas, es el país socialmente más moderno del Magreb, vive momentos muy delicados y ni los más optimistas se atreven a vaticinar un futuro medianamente positivo para la población.  “Túnez se encuentra hoy en un cruce de caminos”, manifestó  Marzuki en un mensaje a la nación. “Si los enfrentamientos continúan y el Gobierno no responde adecuadamente”, el país se meterá  “en un callejón sin salida”, aseguró el jefe del Estado. Marzuki, médico de profesión y veterano activista pro-derechos humanos durante la dictadura de Ben Ali,  lidera el partido de centro-izquierda Congreso para la República, uno de los tres que, junto al socialista Ettakatol y el islamista Ennahda, forman  el actual  Gobierno. No es la primera vez que  Marzuki pide la formación de un nuevo ejecutivo. El pasado mes de  junio, varios de sus consejeros pidieron la disolución del Gobierno islamista después de que  la agencia Standard & Poor´s rebajara  la nota de la deuda tunecina al nivel de bono basura por las “incertidumbres” de una recuperación económica “lenta”.