España se hace fuerte en África del Norte

C. García-Rabat

España extiende su influencia económica en África del Norte y compite con países bien asentados en la zona como Francia. Las empresas españolas de energía renovable (en la foto, unos técnicos de Acciona instalan unos paneles solares en Marruecos) son un sector con mucho futuro en África del Norte

España está pisando fuerte en los países de África del Norte. En tiempos de crisis, paro masivo, estancamiento del consumo y desequilibrios en las cuentas públicas, muchas firmas  españolas, tanto grandes multinacionales como pequeñas y medianas empresas, han puesto su mirada en los países de la ribera sur del Mediterráneo. Esta región atraviesa dificultades económicas y fuertes tensiones sociales y la Primavera Árabe no ha dado lugar en todas partes a sistemas políticos plenamente democráticos, pero las posibilidades de negocios son inmensas en países como Marruecos, Argelia, Túnez o Libia.  Marruecos es sin lugar a duda el país donde la presencia económica española es más importante. Los dos países han estrechado lazos  para hacer frente a la crisis y la relación política y personal que han establecido los presidentes de ambos Gobiernos, Mariano Rajoy y el islamista Abdellilah Benkirane,  es excelente. La Reunión de Alto Nivel (RAN) que mantuvieron España y Marruecos el pasado mes de Octubre puso de manifiesto el salto cualitativo que los dos Estados han dado en al ámbito económico, político y geoestratégico. Los datos hablan por sí sólos: de enero a julio de este año, las exportaciones de unas 20.000 empresas españolas, en su mayoría pymes, han crecido un 22,4%, convirtiendo a Marruecos en el segundo mercado de España fuera de la Unión Europea (UE), justo detrás de Estados Unidos. La cobertura de la balanza comercial española respecto a Marruecos alcanzó un nuevo récord: 170%. España se ha convertido en 2012 en el primer inversor extranjero en Marruecos y también es el primer socio comercial del país norteafricano, y le ha arrebatado el puesto número uno a Francia. La localización geográfica estratégica de Marruecos, a tan solo 14 kilómetros de España, el crecimiento sostenido de su economía,  la intensa  modernización de sus infraestructuras y los competitivos costes son elementos atractivos para las más de 800 empresas españolas de diversos sectores que tienen presencia en el país vecino. La industria del automóvil, la aeronáutica, el textil, la electrónica, la agroindustria, la construcción,  la energía, el turismo y la obra pública son los sectores donde las empresas españolas están bien implantadas en Marruecos, que tiene un tratado de libre comercio y es socio preferente con la UE. “España y Marruecos han dado un salto cualitativo en sus relaciones bilaterales”, porque ambos países “son conscientes de que se necesitan”, y “la apuesta de François Hollande, en Francia, por Argelia, es una magnífica oportunidad para que las empresas españolas y el Estado español apuesten estratégicamente por Marruecos”,  afirma el politólogo Mustafá Sehimi

Manda el gas

España y Argelia, que es una gran potencia en hidrocarburos (gas y petróleo), también se han convertido en socios privilegiados frente a la crisis. Así se puso de manifiesto en un foro hispano-argelino celebrado recientemente en España, que reunió a una importante delegación empresarial, tanto del sector público como privado, y a políticos de los dos países. 400 firmas argelinos y 300 españolas se pusieron de acuerdo para articular mecanismos de cooperación en sectores como las energías renovables, en las que España es líder en Europa, las infraestructuras, los bienes de consumo y el turismo y la mejora de los servicios públicos. Los dos países han decidido ampliar y reforzar el partenariado estratégico, y en la última etapa, España ha invertido unos 2.000 millones de dólares en 27 proyectos en Argelia. Hay unas 220 empresas españolas implantas en Argelia, de las cuales el 41% en del sector inmobiliario. Pero los intereses de las empresas españolas en Argelia están relacionados principalmente con la industria del gas. España importa gas argelino, del que es altamente dependiente, por unos 3.900 millones de euros al año, y exporta industria auxiliar mecánica, tecnología industrial, manufacturas, medicamentos y otros productos por unos 2.000 millones de euros anuales.

Buenas perspectivas en Túnez

En el pequeño Túnez, que es el país más moderno del Magreb, se han instalado unas 60 empresas españolas que generan más de 4.200 empleos y un volumen de negocios de 268 millones de euros, según la Agencia para la Promoción de la Inversión Extranjera en Túnez (FIPA). Es poco si se compara con el número total de firmas extranjeras -3.150-, pero las perspectivas de futuro son buenas para España. Las autoridades tunecinas han pedido a las empresas españolas que hagan un esfuerzo inversor en su país, porque “hay muchas oportunidades” en  campos como la industria agroalimentaria, el textil, la automoción, las infraestructuras, la energía, las telecomunicaciones y el turismo,  y la base económica del país es “sólida”. España es el cuarto cliente, el cuatro proveedor, el sexto país inversor y el octavo país emisor de turismo en Túnez, pero  está muy lejos de Estados europeos como Francia, Italia, Alemania o Gran Bretaña. Por ello, el ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, declaró que Túnez es una “plataforma” para las inversiones españolas en África.

Libia versus Mauritania

Libia, que en la última etapa del régimen dictatorial de Muamar Gadafi se convirtió en un aliado de Occidente, también fue un buen bocado para las multinacionales españolas, sobre todo Repsol y otras firmas del sector de los hidrocarburos, aunque las inversiones directas de España eran modestas. El panorama se complicó cuando estalló la rebelión armada que acabaría con Gadafi, y la situación política y social sigue siendo muy inestable en un país donde el Estado no consigue imponer orden y  muchas milicias siguen armadas y desafiando a los poderes públicos. Repsol, que controla el 4% de la producción petrolera, suspendió sus operaciones en Libia y otras multinacionales siguieron sus pasos. Grandes empresas españolas como Sacyr Vallehermoso también se vieron afectadas. La situación tiende a mejorar, y según el embajador de España en Trípoli, José Riera, “bastantes empresas españolas” han normalizado su relación con las nuevas autoridades. Oficialmente, España participará en la reconstrucción del país. Mauritania, pese a ser el país más pobre y atrasado del Magreb, también es una buena oportunidad para las empresas españolas, según el embajador de España en Nuackchott, Alonso Dezcallar de Mazarredo, especialmente en sectores como el minero, las  infraestructuras,  la maquinaria, las energías renovables y la construcción y obra civil. Actualmente, hay una veintena de empresas instaladas en Mauritania, algunas de ellas filiales al 100% de la firma española, y otras tantas con intereses varios o realizando proyectos puntuales.