Los terroristas de Sendero Luminoso quieren hacer política en Perú

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Elvira García-Buenos Aires

Los seguidores ideológicos de los terroristas de Sendero Luminoso quieren hacer política legalmente en Perú. En la foto, un grupo de activistas en un acto público

En los años 80 del siglo pasado, el denominado Partido Comunista del Perú-Sendero Luminoso, un grupo maoísta liderado por un profesor universitario iluminado, Abimael Guzmán, alias ‘camarada Gonzalo’, mantuvo en jaque al Estado peruano. La lucha armada que llevó a cabo ese grupo, que consistió básicamente en matar policías y militares, organizar atentados y martirizar a las poblaciones indígenas, provocó miles de muertos (más de 30.000) y heridos. Los aparatos represivos del Estado, sobre todo los grupos especiales de la Policía, la Guardia Civil y las Fuerzas Armadas, cometieron también crímenes y sembraron el miedo en zonas rurales pobres y aisladas. El Estado acabó ganado la batalla al detener a Guzmán y a la mayoría de los dirigentes del grupo terrorista y condenarlos a largas penas de cárcel. Muchos años después de esos tiempos de plomo para Perú, los senderistas han vuelto a la actividad política, pero esta vez sin armas de por medio. Sendero Luminoso, que ha cambiado el nombre y ahora se llama Movimiento por la Amnistía y los Derechos Fundamentales (MOVADEF), se ha hecho fuerte en las universidades públicas. Esta nueva fuerza política ha logrado 360.000 firmas de ciudadanos peruanos que ha entregado al Jurado Nacional de Elecciones, primer requisito para inscribirse como partido político en el país andino. El principal reto de MOVADEF es lograr la amnistía del ‘camarada Gonzalo’, preso a sus 78 años en la Base Naval de El Callao tras ser detenido en el año 1992. En principio, el nuevo grupo político rechaza la violencia, pero no la condena, y reivindica el marxismo leninismo y el maoísmo y también el llamado “pensamiento Gonzalo”. El MOVADEF es hoy por hoy un grupo minoritario que no encandila a los jóvenes, pero, como alertan algunos comentaristas políticos peruanos, “no ha parado de crecer” en los últimos tres años.

¿Qué hacer?

Las autoridades peruanas no saben lo que hacer con los seguidores del terrorismo maoísta: ¿Reprimir a ese grupo sin miramiento de ninguna clase? ¿Denunciar públicamente su vinculación política e ideológica con Sendero? ¿Dejarlo actuar en la legalidad? Hay una cuarta opción que Lima no descarta y es aprobar un proyecto de ley sobre negacionismo, que se presentó en el Parlamento y contempla penas de prisión de hasta ocho años para quien niegue los daños causados por el terrorismo. De momento, el Jurado Nacional de Elecciones ha rechazado inscribir al MOVADEF como partido político. Algunos analistas están convencidos de que la mejor manera de hundir políticamente al grupo heredero de las barbaridades ideológicas y prácticas del ‘camarada Gonzalo’ es dejarlo participar en la vida pública. Por ejemplo, César Hildebrandt, periodista y director del semanario Hildebrant en sus trece, señala que “MOVADEF no es más que uno de los heterónimos de Sendero Luminoso. Antes se disfrazó con otros nombres como Socorro Popular y ahora adopta este. Guzmán reconoció en 1993 la derrota táctica, pero no estratégica. MOVADEF no ha renunciado a la violencia”. A juicio de este periodista y analista político, el nuevo grupo “sólo trata de ir acumulando fuerza. Es cierto que su presencia cuantitativa en las universidades por ahora es escasa. Pero ellos no necesitan ser muchos para ser influyentes. En el departamento de Ayacucho, en los años setenta, parecían insignificantes y lo eran. Después, en los ochenta aparecieron unos extravagantes maoístas que colgaban perros en los postes para denunciar la política en China. Parecían casi simpáticos y fíjese en lo que degeneró todo aquello. Por eso en Perú hemos aprendido a no subestimarlos. Pero no creo que la forma de combatirlos sea implantar una ley tan absurda como la del negacionismo, que es un atentado contra la libertad del pensamiento”. El Gobierno de Ollanta Humala aún no ha decidido qué va hacer con los defensores de Sendero y la derecha pide mano dura contra ellos. El periodista Gustavo Gorriti, que conocen muy bien la historia de Sendero Luminoso, es partidario de mantener a raya de la vida política a los nuevos defensores del maoísmo violento y sectario, pero puntualiza que  “por otra parte, si quieren hablar y pretenden declarar abiertamente su derrota, me parece una estupidez no aprovechar esa oportunidad”. Por su parte, el  antropólogo Rodrigo Montoya no le quita hierro al asunto, porque, aunque recalca que  el “pensamiento Gonzalo es una de las tonterías políticas más lamentables del país”, recuerda que no está del todo muerto. Tanto es así que una pequeña facción de Sendero Luminoso, aunque sea disidente de Abimael Guzmán, sigue practicando la lucha armada en el valle del río Apurímac y Ene.

Jóvenes de origen humilde

MOVADEF intenta reclutar a jóvenes de origen humilde y de regiones pobres que han emigrado a Lima para mejorar su vida y no habían nacido en la década de los ochenta del siglo XX. En general, son jóvenes pobres y sin muchas perspectivas de futuro, tienen un bagaje intelectual bastante limitado y perciben al Estado como una máquina opresora y explotadora a la que hay que derrocar mediante una revolución. Algunos justifican el terrorismo que Sendero Luminoso llevó a cabo hace 30 años. Cuenta un dirigente estudiantil de la Facultad de Letras de San Marcos que “acá, la gran mayoría de los estudiantes los rechaza. Son una pequeña minoría, pero son muy activos políticamente y se aprovechan del escaso interés que despierta la política entre los estudiantes para actuar y reclutar”. Los seguidores de los terroristas, primero suelen reclamar mejoras de tipo económico y social y después piden la amnistía para el ‘camarada Gonzalo’ y defienden posturas extremistas. Algunos expertos, como Montoya, creen que el Estado y los partidos políticos han sobredimensionado el problema, y destacan que la debilidad ideológica y política de los seguidores de Sendero es tal que no conseguirán grandes objetivos. El corrupto y autoritario ex presidente Alberto Fujimori, que está en la cárcel por distintos delitos desde 2007, consiguió acabar militarmente con Sendero Luminoso, pero no completamente en el terreno político, y muchos peruanos temen que los restos de aquel movimiento terrorista vuelvan a las andadas.