Muere el gran arquitecto brasileño Óscar Niemeyer a los 104 años

E. García-Buenos Aires

Óscar Niemeyer fue uno de los padres fundadores del modernismo en la arquitectura y un hombre vital y comprometido con los más desfavorecidos

El brasileño Óscar Niemeyer, uno de los grandes genios de la arquitectura mundial, murió a los 104 años, en Río de Janeiro, la ciudad que le vio nacer y fue fuente e inspiración en su trabajo. Niemeyer no pudo llegar a cumplir los 105 años, se apagó antes de ese nuevo aniversario, el 15 de diciembre. El arquitecto estaba internado en el hospital Samaritano de la capital carioca tras haber sufrido una serie de dolencias provocadas por un virus. En los últimos días su estado clínico se complicó con una infección respiratoria, y los médicos tuvieron incluso que sedarlo. Niemeyer, que también tuvo que ser sometido a hemodiálisis y otras técnicas debido a su grave estado de salud, había ingresado varias veces en el hospital en los últimos 15 días por problemas de deshidratación. La presidenta del país, Dilma Rousseff, dijo que “Brasil ha perdido a uno de sus genios y es un  día para llorar”. Calificó también a este gran defensor del modernismo en la arquitectura de un hombre “revolucionario” que “soñó con una sociedad más igualitaria”. La mandatraia brasileña recibió con honores en el Palacio de Planalto (sede del Gobierno) los restos mortales de Niemeyer. El féretro, cubierto con la bandera de Brasil, fue llevado a hombros de la guardia fúnebre de la Policia Federal, flanqueada por los Dragones de la Independencia, la guardia de honor de la sede presidencial. Niemeyer recibió un funeral de jefe de Estado. El arquitecto, que se llamaba Óscar Ribeiro de Almeida de Niemeyer Soares, nació el 15 de diciembre de 1907, en el barrio de Laranjeiras, en Río de Janeiro.  Niemeyer, de origen burgués y alemán, era ateo radical, pero se casó por la Iglesia la primera vez con la brasileña de origen italiano  Anita Baldo. A pesar de su falta de creencia religiosa, el arquitecto nunca tuvo problemas para diseñar proyectos de iglesias, algunas de ellas de una gran belleza  como la Pampulha, de Belo Horizonte, o la imponente  Catedral de Brasilia, con sus numerosos vitrales y ángeles colgantes. Niemeyer, que admiraba profundamente a Fidel Castro, se hizo comunista y nunca renegó, al menos en público, de esa ideología. Era un hombre profundamente vital, y aunque tenía un cuerpo frágil, nunca tuvo miedo de enfrentarse a los problemas de la vida. Murió siendo lúcido, y hasta hace muy poco tiempo seguía trabajando en su despacho, donde supervisaba de cerca proyectos que después eran ejecutados por su equipo de arquitectos, artistas y creadores, como es el caso del Centro Niemeyer en la ciudad asturiana de Avilés.

Proyecto en Marruecos

Óscar Niemeyer trabajaba en varios proyectos antes de su muerte, y dos de ellos eran un centro cultural en Marruecos y un biblioteca en Argelia. Como era un hombre con gran sentido del humor, en una entrevista con un periódico español cuando cumplió los 100 años, declaró: “Digo que tengo sesenta años”. Niemeyer fue el último de los representantes vivos del modernismo en arquitectura, junto con personalidades como Le Corbusier, Walter Gropius y Alvar Aalto. En toda su obra, la curva siempre fue un elemento clave. Por eso solía decir que no sentía interés por el ángulo recto o por la línea, sino “por la curva libre y sensual”. Ganó numerosos premios en todo el mundo, como el Nóbel de arquitectura en 1988 y el Príncipe de Asturias en 1989. A su muerte, el arquitecto deja viuda a una mujer de 66 años, Vera Lucia, su segunda esposa y ex secretaria, con quien contrajo matrimonio hace seis años y con quien estuvo trabajando más de dos décadas. Su única hija, Anna Maria, murió a los 82 años el pasado mes de junio.