Mursi apuesta por el diálogo para acabar con la crisis, pero saca los tanques a la calle

Mohamed Mestiri-Túnez

El presidente egipcio, Mohamed Mursi, pide diálogo a la población para resolver la crisis política, social e institucional, pero saca los tanques a la calle

El presidente de Egipto, Mohamed Mursi, hizo un llamamiento este jueves por la tarde, en un discurso televisado a la nación, a todos sus compatriotas a “superar sus diferencias” y a que “unan sus manos” por encima de sus afiliaciones políticas e ideas como única forma de superar la grave crisis política y social que vive el país. Mursi, que provocó esa crisis al adoptar un decreto constitucional que le da plenos poderes como si fuera un autócrata, propuso diálogo, pero no le tembló el pulso para sacar los tanques a la calle y colocarlos en los alrededores del palacio presidencial, después de los graves disturbios del miércoles entre partidarios y detractores del jefe del Estado, que acabaron con la vida de siete personas y provocaron unos 1.000 heridos. El Ejército, que es el gran ausente de esta crisis,   desplegó en la explanada del palacio presidencial al  menos cuatro tanques y tres vehículos blindados con tropas, para evitar que el edificio fuera asaltado por grupos de descontentos. En su discurso, Mursi aseguró que respeta la libertad de expresión, pero advirtió que “no toleraré que haya asesinatos o actos de vandalismo”, y acusó a los manifestantes de la oposición  de haber asaltado el convoy presidencial en la noche del pasado martes. También aseguró que los opositores fomentan la violencia, y defendió su política porque tiene el apoyo de una mayoría de la población. “¿No es eso la democracia?”, se preguntó el jefe del Estado. En la misma línea, ante un Egipto conmocionado por la violencia callejera en las protestas, el presidente egipcio dijo que la Policía detuvo después de las batallas callejeras a  “golpeadores pagados”, que él identificó con  seguidores del antiguo régimen del depuesto presidente Hosni Mubarak, y también a provocadores extranjeros. Los graves incidentes del miércoles por la tarde y noche colocaron a Mursi contra las cuerdas y lo obligaron a reaccionar. De momento, lo que busca el presidente es al menos una tregua. No está claro que la oposición liberal y de izquierda acepte el reto, porque pide la disolución de la Asamblea Constituyente controlada por islamistas y salafistas y la constitución de otra Cámara más representativa de la realidad social y política del país. Esta oposición ha convocado hoy numerosas protestas. Además, la oposición rechaza frontalmente el proyecto de nueva Constitución que será sometido a referéndum el próximo 15 de diciembre

Huelgas y dimisiones

Mursi se reunió con su gabinete de crisis antes de comparecer antes las cámaras de televisión mientras miles de personas se concentraban cerca del palacio presidencial, pero sin acercarse demasiado, porque lo impidió un nutrido cordón de seguridad formado por policías y militares. Muchos cairotas desafiaron a la unidad de élite de las Fuerzas Armadas, la Guardia Republicana, que ayer al mediodía emitió un comunicado en el que establecía un toque de queda en las cercanías del palacio presidencial a partir de las 15 horas. Los Hermanos Musulmanes negaron  de que tuvieran algo que ver con la violencia callejera del miércoles, pero en las filas de la oposición se sostiene todo lo contrario y teme que el país esté evolucionando hacia una dictadura.. Como destacó el ex candidato presidencial Abdel Moneim Abulfutú, “estamos en contra de la dictadura del presidente”. Si el miércoles cuatro asesores del presidente dimitieron en señal de protesta por la situación, ayer unos 200 diplomáticos egipcios anunciaron su decisión de no cumplir con su responsabilidad de supervisar en sus respectivas embajadas el referéndum constitucional. Esta decisión hará aún más difícil la celebración de la consulta. Mientras, muchos tribunales egipcios están en huelga contra el presidente y la asociación de fiscales rechazó el referéndum. Hasta la Bolsa tuvo que mandar un mensaje a las autoridades para pedirles que encuentren una solución al marasmo político e institucional que está afectando a la buena marcha de la economía y las finanzas.