El informe de Christopher Ross: El vencedor y el vencido

Ahmed Bensalh

 

El periodista Ahmed Bensalh considera en este artículo que Marruecos ha sido el ganador de la gira de Christopher Ross por varios países de África del Norte y Europa, y afirma que Argelia y el Frente Polisario han salido perdiendo. En la foto, de izquierda a derecha, Christopher Ross y el ministro delegado para Asuntos Exteriores de Marruecos, Yusef Amrani

El motivo de la presente reflexión es el último informe del Enviado Especial del Secretario General de las Naciones Unidas hecho público el 28 de noviembre pasado. Un informe que ha exasperado sobremanera al Polisario y su mayor valedor, Argelia,  porque el mandato de Christopher Ross, al que no tragan como tal, desgraciadamente para ellos, no se ha movido ni un ápice.  Entonces, todo aparenta a que es un bofetón para Polisario y Argelia, sin duda, una desilusión y una frustración, porque es difícil sobrellevar el hecho de que Argelia invierte sumas millonarias en petrodólares de los contribuyentes argelinos en la ayuda a sus amigos del Polisario sin  cobrar nada en absoluto ni conseguir nada, salvo atajar insensatamente la construcción del Magreb. El informe, a mi juicio, pone de manifiesto que Marruecos ya no es aquel país que mete la pata hablando de gestión del conflicto, y pone de relieve también que el Polisario, muñeco de Argelia, sigue apostando a ciegas por el caballo perdedor, como son las sucias y despreciables intrigas tramadas por Argelia. En cambio, la incuestionable victoria de Marruecos consiste en que el país no ha caído en la trampa urdida en la sombra por el Polisario y su incondicional mecenas argelino, dando desde luego palpables pruebas de que la visita de Christopher Ross ha sido gestionada con guante de seda. O sea, sin incidentes y sin caer en la trampa de la provocación.

Una prueba más de que la gobernanza inteligente, sin pasar por alto el ojo avizor y la prudencia permanente, es la única y óptima vía para inmunizar el país y, naturalmente dar credibilidad al atrevido plan de autonomía, considerado por Consejo de Seguridad de Naciones Unidas como realista y creíble. Inversamente a las maliciosas intenciones del Polisario y su padrino argelino, que pretendían prender la mecha del desorden y la revuelta en el Sáhara en presencia del Enviado Personal del Secretario General de la ONU, tal y como hicieron atrozmente en el campamento saharaui de las afueras de la ciudad de El Aaiún, su plan de sabotaje se ha quebrantado. Por consiguiente, Argelia, que descarga su ira en Marruecos, se lleva el peor batacazo. Al no poder incendiar el Sáhara paralelamente a la visita del Enviado Personal del Secretario General de las Naciones Unidos, los planes de destrucción del Polisario y su artífice argelino sufrieron una aplastante derrota, y Marruecos, que no ha pegado ojo protegiendo su territorialidad, mete un golazo más cuando no ha tragado el minado y envenenado anzuelo de los opositores a la marroquinidad del Sáhara. El abrumador descalabro se manifiesta también en no caer en el lazo de la provocación que suponían las manifestaciones cuyo objetivo era obligar a las fuerzas del orden a recurrir  a la violencia a la hora de reprimir a los manifestantes. De esa forma, los provocadores intentaron internacionalizar un posible uso de la violenica por parte de los poderes públicos con los manifestantes y, por lo tanto, manchar la imagen de los derechos humanos en Marruecos y dar a conocer al país como un atormentador verdugo.

Pese a todo, queda la inaguantable angustia que nunca superarán Argelia y su fantoche por la reunión que mantuvo Christopher Ross con los reales fundadores del Frente de Liberación de Seguia el Hamra y el Río de Oro antes de su conversión en un polichinela en manos de Argelia, que instrumentaliza sus falaces pretensiones conforme a sus fines expansionistas y hegemónicos, mientras que su incontestable decepción es que ha fracasado en movilizar los medios de comunicación internacionales que solían tragar en el pasado el embustero anzuelo de su inútil y aficionada maquinaria propagandística. Esa maquinaria sólo es pionera en  la invención de hechos irreales. Una irrefutable prueba más del fiasco de su maniobra consiste en que no consiguieron  implicar en su apuesta a los sindicatos, asociaciones y partidos políticos españoles, ni lograron obtener su simpatía, ni mucho menos conseguir el apoyo de las engañadas organizaciones internacionales de derechos humanos. Para darse cuenta de la presente reflexión argumentada, conviene solo echar un vistazo, aunque sea rápido, a los medios de comunicación españoles que solían encargarse a manos llenas de la  internacionalización de los planes conspiratorios inútiles, haciendo uso de la desinformación, la manipulación y la invención de incidentes irreales, para ver hasta qué punto el Polisario y Argelia están hechos un manojo de nervios. Ahora, insultan a diestro y siniestro a los españoles  por dar la espalda a sus sucias confabulaciones. Para comprobar de primera mano las pruebas de su fracaso, solo se tiene que consultar a los vídeos divulgados por Internet, para darse cuenta de que únicamente difunden extractos de un ataque brutal, con apedreo incluido, cometido por una minoría de furiosos manifestantes contra las furgonetas de la policía. Es una prueba adicional de su atrocidad y de que su objetivo era destruir y desestabilizar la seguridad y el orden público. Sin embargo, la victoria marroquí consiste en optar por una gestión inteligente a la hora de comportarse con la visita del diplomático de Naciones Unidas al Sáhara.  Su sagaz gestión estriba en respetar el derecho de manifestarse libremente y garantizar la libertad de expresión a los manifestantes y no implicarse en la represión y los abusos ilegales. Radica también en no impedir a los manifestantes, siempre y cuando sean pacíficos, expresar sus puntos de vista al Enviado Personal, dándole la versión que quieran sin que se produzcan incidentes ni se infrinjan los derechos humanos.

No obstante, el elemento más importante es  denunciar las pretensiones del Polisario y desmentir su ponzoñosa propaganda que está actuando asiduamente pero en vano para hacer sombra a la imagen de Marruecos mediante la invención de insurrecciones y sublevaciones, salvo algunos enfrentamientos normales entre manifestantes y los poderes públicos. Sin hacer caso omiso a abortar las malignas y subversivas intenciones de Argelia que desde su independencia del colonialismo francés, que duró unos 130 años, nunca pudo desmoronar los intereses de Marruecos. A tenor de la lógica del vencedor y el vencido, pues lo que obtuvo Marruecos durante la visita de Christopher Ross es mucho más de lo que ha perdido, ya que la visita ha sido para el Enviado Personal de Ban Ki moon una propicia ocasión para subsanar su desafuero con Marruecos, que entredijo en un momento dado su honestidad e imparcialidad, sobre todo tras constatar que no mediaba haciendo uso del mismo rasero. El colmo es cuando se metió en lo que no le corresponde, vulnerando sus misiones prescritas por las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU. En todo caso, Marruecos ha dado prueba de que nunca podría ser víctima de las maquinaciones de los separatistas que quisieron provocar a Marruecos y abochornarlo ante la comunidad internacional.

Los pirómanos que tenían la intención de instrumentalizar la visita del Enviado Personal al Sáhara, para despistar a la Comunidad Internacional de la insoportable situación reinante en los campamentos de secuestrados, engañados por el irreal sueño de la independencia, sufrieron un bofetón, cuando se comprometió el Secretario General de las Naciones Unidas, llamando a Mohammed VI, a que su Enviado Personal que quería pescar en río revuelto, obedecería a  sus misiones tal y como son prescritas por el Consejo de Seguridad. En realidad, cierto es que Marruecos ha hecho lo que se debe hacer y ha podido hasta cierto punto gestionar con guante blanco la visita del Enviado Personal. El balón está ahora en el tejado de Christopher Ross, que tiene que condenar en su próximo informe las transgresiones y la represión sistemática cometidas por la cúpula militar en los campamentos de los secuestrados. A raíz de no haber cogido el anzuelo, los responsables marroquíes tienen que estar muy atentos a las venideras maquinaciones cuyo objetivo es socavar los logros, porque los enemigos permanecerán complotando contra los intereses del país, mientras son incapaces de simular un décimo de la democracia en ciernes que venimos promoviendo, pueblo y corona, en Marruecos. De igual forma, no deberíamos, en Marruecos, limitarnos únicamente a los logros alcanzados, sino que tenemos que seguir adelante y hasta más no poder en nuestro proceso de democratización reformista e innovadora, porque, simplemente, nos los merecemos. Entonces, más libertades, más derechos, más instituciones, más reformas y más democracia, para no tener nada que temer mañana. Es ahora la hora de pisar el acelerador para implementar una democratización modélica en la región. Es la única regla de oro para aquello.