Mursi anula el decreto que le daba todos los poderes en Egipto

M. Mestiri-Túnez

El presidente de Egipto, Mohamed Mursi, ha anulado el decreto constitucional que le deba pleno poderes, para intentar acabar con la crisis que sacude al país. En la foto, un tanque patrulla por las calles de El Cairo

El presidente de Egipto, el islamista Mohamed Mursi, ha tenido que retroceder para poner fin a la crisis política e institucional que golpea Egipto desde que aprobó un decreto constitucional que le da plenos poderes y lo sitúa por encima de la ley, como si fuera un dictador o un monarca absoluto. Esa decisión desencadenó grandes movilizaciones sociales, sobre todo en El Cairo, generalmente dirigidas por fuerzas laicas y liberales y por la izquierda, y un colectivo tan poderoso como el de los jueces puso a Mursi contra las cuerdas al negarse a sufragar su antidemocrático decreto. Los últimos días de la semana pasada, las protestas ciudadanas acabaron en graves enfrentamientos entre  partidarios y detractores del jefe del Estado en los alrededores del palacio presidencial, que provocaron la muerte de siete personas. Ante este panorama, Mursi aceptó una de las reivindicaciones de la oposición: la anulación del controvertido decreto constitucional. Pero el presidente, según informó la agencia egipcia MENA, no aceptó suspender el referéndum sobre el proyecto de nueva Constitución del 15 de diciembre, como le exige la oposición. Este proyecto, que fue aprobado recientemente por la Asamblea Constituyente dominada por los islamistas y el sector de los salafistas que colaboran con ellos, fue boicoteado por los grupos laicos de la Cámara. Mursi se vio en la obligación de retroceder en su empeño por emular a Hosni Mubarak después de haber ofrecido a los egipcios un “diálogo nacional” para sacar al país de la crisis. Para tomar esta decisión, Mursi contó con el pleno respaldo de Mahmud Mekki, el vicepresidente de Egipto, y de un jefe religioso tan relevante como el imán de la mezquita Al Azhar, Ahmed Tayeb, pero también de dirigentes de la corriente salafista que apoya al presidente y de algunos intelectuales y políticos como el ex candidato presidencial Ayman Nour. No está nada claro de que el gesto de Mursi consiga frenar a la oposición. Desde luego, si Mursi no suspende el referéndum constitucional, todo indica que los opositores no cambiarán de parecer. El Frente Nacional de Salvación, que reúne a los principales partidos opositores, insistió en la suspensión del referéndum sobre la Constitución. En declaraciones a la agencia Reuters, el portavoz de este movimiento opositor, Husin Abdel Ghani, declaró sobre la decisión del presidente: “Mi primera impresión personal es que es un paso limitado e insuficiente. Hemos dicho repetidamente que una de nuestras demandas principales es aplazar el referéndum”. En la misma línea, el escritor y opositor Basem Sabry tildó la decisión de Mursi de “truco” para aparentar que está a favor del diálogo y desmovilizar a la sociedad. Este moviminto opositor acusó a Mursi de “secuestrar” la democracia en Egipto e hizo  un llamamiento a nuevas movilizaciones callejeras contra el presidente y el Gobierno islamista. Este martes, la oposición organizará una manifestación multitudinaria en El Cairo. Por su parte, el portavoz de los Hermanos Musulmanes, Mahmud Gozlan, consideró que después de la retirada del decreto constitucional por parte de Mursi “ya no hay motivos” para la revuelta. Los Hermanos Musulmanes reiteraron su total apoyo a la celebración del referéndum constitucional, porque consideran que “lo que está sucediendo es una competición política”, y “tenemos que recurrir a las urnas”. En todo Egipto, 40 sedes de esta fuerza islamista han sido atacadas por grupos de descontentos.

Habla el Ejército

Mientras, Las Fuerzas Armadas egipcias, que constituyen un poder autónomo dentro del Estado, rompieron su silencio, y a través de su primer comunicado oficial desde que estalló la crisis, apoyaron el “diálogo”, porque es “la mejor y única forma de conseguir un consenso”. Pero dejaron claro que no aceptar el diálogo significaría ir hacia “una catástrofe, y eso es algo que no podemos permitir”. Los militares egipcios  asumieron las riendas del país tras la revolución de 1952, y no las cedieron hasta el pasado mes de junio, una vez elegido Mohamed Morsi, pero siguen desempeñando un gran poder político y económico en la sombra, aunque hayan abandonado el primer plano de la vida pública. “Las Fuerzas Armadas asumen su responsabilidad de preservar los intereses vitales del país, y de proteger y asegurar puntos neurálgicos, instituciones públicas y los intereses de los ciudadanos inocentes”, manifestó un portavoz de la institución castrense. Los militares ahora cuidan más las formas, y desde que los islamistas llegaron al poder, intentan aparentar neutralidad y no han reprimido ninguna protesta. La Guardia Republicana, que es una unidad militar de élite, es la encargada, junto con la Policía, de proteger el palacio presidencial, y en los enfrentamientos que se han producido en los alrededores de este edificio entre partidarios y detractores de Mursi, este cuerpo se ha mantenido al margen de la represión. De momento, se dedica a vigilar y proteger la sede presidencial, donde centenares de personas siguen acampadas cerca. “Las Fuerzas Armadas están para coordinar la preservación de la seguridad y la protección de complejos vitales junto con la policía”, señala un documento interno de la institución que ha sido publicado por el periódico Al Ahram.