Los artistas rusos temen una vuelta al pasado con el control del arte

Evgueni Medvédev-Moscú

Los artistas rusos temen una vuelta al pasado soviético con el control del arte. Es lo que piensa que está ocurriendo el director del Museo del Hermitage de San Petersburgo (en la foto, un grupo de visitantes andan por una plataforma del recinto), Mikhail Piotrovski

Los artistas rusos temen que la política de control del arte por el Estado de los tiempos soviéticos vuelva a practicarse en el país. Es al menos lo que denuncian los responsables del famoso Museo del Hermitage de San Petersburgo. Según esta denuncia, las autoridades han abierto varias investigaciones sobre exposiciones que algunos ciudadanos consideran extremistas y, por lo tanto, censurables. Se dan las circunstancias de que el célebre museo de la antigua capital de la Rusia imperial acoge desde el pasado 20 de octubre una exposición de los artistas británicos Jake y Dinos Chapman, titulada “The end of Fun” (El final de la Diversión), que ha provocado un  auténtico escándalo. Tanto es así que 117 ciudadanos han puesto una denuncia porque consideran que las obras expuestas son blasfematorias. Estas denuncias han obligado a las autoridades judiciales a abrir una investigación para determinar si las quejas ciudadanas tienen algún fundamento legal. Una obra que ha causado un enorme descontento es el payaso Ronald McDonald, emblema de la cadena estadounidense de comida rápida, crucificado sobre una cruz. La muestra reúne también figuras con uniformes nazis y emblemas como la cruz gamada. El director del Hermitage, Mikhail Piotrovski, salió al paso de las críticas recibidas y dijo que “nosotros consideramos y siempre lo hemos considerado que el museo es el único establecimiento que tiene el derecho de decidir sobre el arte que queremos exponer. Los gustos de la mayoría no pueden ser una referencia, ni desde el punto de vista estético, ni desde el punto de vista moral”.

La represión del pasado

Mikhail Piotrovski señaló que “nos acordamos muy bien de que en el pasado la sociedad desempeñó un papel en la represión en nuestro país”. Según el director del Museo del Hermitage, “primero se indigna la opinión pública, que se dirige a la prensa y a la justicia, y luego llega la represión”. Rusia es un país muy conservador y la Iglesia ortodoxa desempeña una labor muy activa en la oposición a valores que, según ella, son contrarios a la cultura rusa. Los ortodoxos más radicales suelen organizar manifestaciones de protesta contra exposiciones y otras actividades culturales que no les gustan. Por ejemplo, a mediados del pasado mes de octubre, una muestra de la galerista rusa Marat Guelmann, titulada “Iconos”, que representa cuadros y esculturas sobre temas religiosos, tuvo que ser anulada en San Petersburgo, después de que fuera denunciada como contraria a la religión ortodoxa. En septiembre, un grupo de ortodoxos enfurecidos intentaron impedir la apertura, en Moscú, de una exposición de arte contemporáneo consagrada a las jóvenes artistas del grupo punk ‘Pussy Riot’, encarceladas por haber cantado contra Vladimir Putin en una catedral de la capital rusa.