El año de Abdelilah Benkirán

José Luis Navazo
(*) Este artículo fue publicado recientemente en los diarios El Pueblo de Ceuta y Melilla Hoy

Nuestro colaborador en Tetuán, José Luis Navazo, asegura que Abdelilah Benkirane “ha sido sin duda el hombre de moda en Marruecos y, después del joven soberano Mohamed VI, lo sigue siendo”

Ha sido sin duda el hombre de moda en Marruecos y, después del joven soberano Mohamed VI, lo sigue siendo. Escribo del Jefe de Gobierno del vecino país, mi estimado amigo el islamista parlamentario Abdelilah Benkirán. Algunos dirán que ya ando adjetivando con eso de “parlamentario” y así es, porque si en boca del ministro de Justicia, Mustafa Ramid, hay “salafistas y salafistas, en el campo islamista es justo y necesario matizar poniendo a cada uno en su sitio. Si para ese excelente periodista que es Ferrán Sales habría islamistas yihadistas (terroristas), políticos y religiosos como indica en su libro ‘Mohamed VI. El príncipe que no quería ser rey’, para prestigiosos sociólogos como Mohamed Darif en recientes declaraciones al nuevo director del diario digital Correo Diplomático, mi amigo Paco Soto, “el islamismo es un movimiento político y no religioso. El que no entienda esta premisa está condenado a equivocarse en el análisis”. Ha llovido ya, pero en julio de 2005 y degustando el sabroso pescado del Cantábrico en ‘Casa Fernando’, castiza sidrería sita en el istmo que une la playa de San Lorenzo con el puerto de Gijón, el entonces embajador de Argelia en España, Abdelaziz Rahabi, nos definía al islamista moderado como “aquél islamista que todavía no se había echado al monte”. Testigos fueron el entonces decano de la Facultad de Historia de la Universidad de Oviedo, mi querido Pepe Girón y el profesor Slobodan Pajovic, del Instituto de Política y Economía Internacional de Belgrado. Llovió ya, digo, por lo que también parece lícito al día de hoy definir al islamista moderado como aquél extremista “que había bajado del monte”. Y lo digo porque la meritoria labor de Benkirán y un buen puñado de los suyos, es haber abandonado a tiempo los postulados radicales de la “Chabiba Islamiya” (Juventud Islámica) del terrorista Moti, integrándose en el juego político bajo el oportuno paraguas del generoso doctor Al Jatib y su Movimiento Popular Constitucional Democrático (MPCD), alumbrando en 1996 al Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD) tras fagocitar en el congreso extraordinario de junio de 1996 a la pequeña formación berberista.

Y el PJD, en tanto que entidad islamista, ¿es moderado?. Vamos indo con ello. A priori, el islamismo en sí nunca es moderado en sus fines pues su último objetivo, la islamización de la sociedad, no es precisamente un proyecto democrático de convivencia. Ahora bien, el PJD es un partido islamista un tanto peculiar: en primer lugar ha aceptado las reglas del juego político en Marruecos y la Constitución del país, lo que le impide legalmente llevar adelante un programa absoluto de islamización del mismo. En segundo lugar y si bien hay serios debates internos al respecto, como en todo partido hay un ala radical (Ramid por ejemplo), otra de centro (Benkirán por imperativo categórico) y otra moderada (El Othmani sin duda), además algunos de sus dirigentes se han descolgado de uno de los dogmáticos principios del islamismo, la sharia o ley islámica, asegurando que no es la única fuente de jurisprudencia. Y ese es un paso muy importante en la correcta dirección. El paso siguiente sería el reconocimiento de la libertad de conciencia, pues solo la tajante negativa de Benkirán (no sé a qué le tienen miedo los islamistas) impidió que ésta fuera reconocida en la nueva Constitución marroquí plebiscitada el 1 de julio de 2011.

Volviendo al amigo Benkirán, pláceme en estas líneas romper alguna lanza (no todas) en su favor, si bien y como él mismamente sabe de poder votar en Marruecos yo no lo haría al PJD (pese a los estrechos y afectuosos vínculos que desde 2005 mantengo con el mismo), sino al Partido Socialista Unificado (PSU) de Nabila Mounib, mientras que en España y manteniendo mi independencia (lo escribo en respuesta a ciertos correos recibidos) voto a la UPyD de Rosa Díez. De frente y por derecho. A Benkirán le debemos de entrada muchas cosas: para empezar sus frescas declaraciones y comentarios sobre sus encuentros con el Rey, además de nuestro enriquecimiento sobre la fauna de Marruecos (¿sabían que había cocodrilos en el país?) o la existencia misma (el Vaticano estará encantado) del demonio. También su coraje político al subir el precio del combustible (gasolina y diesel), ¡había que cuadrar las cuentas en la Caja de Compensación! y estudiar actualmente el de las tarifas eléctricas, además de cómo no el listado público de las concesiones de explotación de los bienes del Estado a los listillos del “Majzén encubierto” (uno de ellos otro viejo conocido, el senador Yahya Yahya y su cantera). Por no hablar de su proverbial honradez, pues salvo alguna oveja negra los políticos del PJD están muy por encima en cuanto a meter mano en las arcas del Estado que el resto de profesionales del arco político. Salvo el fracaso de la inoperante ministra de Familia, Solidaridad y Desarrollo Social, Bassima Hakkaoui (un error Benki), el resto se están batiendo bien: el primero mi querido Saâdeddine El Othmani, ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación que ya les ha enseñado amablemente los dientes a las “carabinas” del inefable Fassi Fihri o el inquieto Yusef Amrani, afirmando que él solo rinde cuentas al Rey y al Gobierno, bien dicho.

Y  a nivel interno la visión política de Lahcen Daoudi , ministro de Enseñanza Superior, que ha desestimado (¡eso es predicar con el ejemplo!) una plaza en la residencia universitaria de Rabat-Agdal para la hija de su compañero de gabinete Aziz Rabbah, ministro de Equipamiento y Transportes, estimando con toda lógica y coherencia que esas plazas están destinadas a los estudiantes menos favorecidos y no a la hija de un ministro. Para mí y en la columna del “Debe”, lo más curioso de Benkirán han sido sus pintorescas declaraciones del 30 de noviembre en el Parlamento, explicando que “si las fuerzas del orden machacan a los manifestantes en la calle es para evitar detenerles”. Quizás es que tal y como apunta Nabila Mounib, “El gobierno adopta un discurso populista pero sus decisiones son impopulares”. A favor del Jefe de Gobierno, decirles finalmente que también sé de primera mano que Abdelilah Benkirán reconoce cariacontecido y de forma expresiva  entre los más íntimos (Baha, su fiel escudero y ministro de Estado uno de ellos) que “no puedo hacer más, tengo las manos atadas”. ¡Suerte y coraje, Benki! Visto.