Putin recupera los valores épicos de la etapa soviética

Evgueni Medvédev-Moscú

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, quiere recuperar valores de la época soviética como el título de Héroe del Trabajo Socialista, que movilizó a muchos trabajadores, sobre todo en la época de Stalin, cuando surgió el denominado estajanovismo

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, es un autócrata, le gusta el poder y, aunque no sea comunista, añora muchos valores de la época soviética, cuando él era un agente de la KGB. Los tiempos han cambiado, pero Rusia no consigue ser una democracia plena y el Estado está al servicio de la casta política y la oligarquía económica. Putin es el jefe de todos ellos. La URSS se desmoronó como un castillo de naipes en 1991, lo que para Putin fue “la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX”. Está claro que habla como un nostálgico. Por eso mismo, el zar del Kremlin quiere recuperar para su país el título soviético de Héroe del Trabajo Socialista, un premio que impulsó el régimen comunista para recompensar a los trabajadores más fieles y productivos en una sociedad como la soviética corroída por la burocracia, la corrupción, el nepotismo y la falta de motivación en el trabajo. “Creo que sería bueno para nosotros revivir el título al Héroe del Trabajo, pero necesitamos pensarlo, porque  no podemos copiarlo totalmente de los tiempos soviéticos”, dijo Putin a varias  agencias de comunicación rusas después de reunirse con seguidores que le apoyaron en la campaña electoral de 2012. En tiempos del comunismo, decenas de miles de trabajadores soviéticos recibieron este título, que incluía una serie de privilegios materiales  y la Orden de Lenin como reconocimiento por el amor a la patria socialista. Ese premio tuvo una importancia notoria durante el estalinismo, cuando surgió el denominado estajanovismo. El origen fue un minero ucraniano, Aleksei Stajanov, que se convirtió en un héroe del trabajo socialista en la URSS y un ejemplo para los obreros de ese imperio. El régimen utilizó la figura de Stajanov como arma de propaganda ideológica para adoctrinar y adormecer a los trabajadores, pero el fenómeno del estajanovismo fascinó también a Occidente y la revista Time dedicó una portada al valiente minero ucraniano.

Contribuir al desarrollo

Los tiempos han cambiado y Putin lo sabe. Pero no renuncia a rehabilitar los valores épicos y revolucionarios del pasado, quizá porque puedan ser un instrumento del poder para tener controlados a los trabajadores. El presidente ruso manifestó que “tenemos que centrar nuestra atención en el hombre trabajador dondequiera que trabaje, que aporta su pedacito utilizando tanto su cabeza como sus manos”. Señaló que “tiene que haber un  criterio, un criterio claro y entendible, no simplemente por el número de años trabajados sino por el resultado, la contribución al desarrollo del país”. Putin ha perdido apoyo social en la nueva clase media urbana, que aspira a vivir en un país más democrático y europeo, pero sigue gozando de una gran popularidad en los sectores obreros y populares, que ven al mandatario del Kremlin como a un salvador de la patria y un defensor de los valores imperiales soviéticos y zaristas que el hundimiento de la URSS dejó muy mal parados.