Corea del Norte desata críticas en Occidente al poner en órbita un satélite

E. Medvédev-Moscú

La puesta en órbita de un satélite por parte de Corea del Norte ha desatado una ola de condenas en todo el mundo, sobre todo en Corea del Sur y Japón. En la foto, un grupo de surcoreanos protestan por la decisión de Pyongyan

Corea del Norte, uno de los países más herméticos del mundo, desató numerosas críticas en Occidente al lanzar un cohete de largo alcance Unha-3, que, según, Pyongyang, logró poner en órbita por primera vez en su historia un satélite de observación. El régimen comunista norcoreano tomó esta decisión en el más absoluto secreto. El dispositivo entró en órbita exactamente 9 minutos y 27 segundos tras su lanzamiento desde la base septentrional de Dongchang-ri, según la agencia estatal norcoreana KCNA. Las autoridades del país asiático explicaron que el satélite Kwangmyongsong-3 (Estrella brillante-3) circula alrededor de la órbita polar a entre 500 y 600 kilómetros de altitud aproximadamente y posee dispositivos de reconocimiento y comunicación para la observación de la tierra. La agencia  KNCA calificó la operación de “éxito” y señaló que es un “logro digno de orgullo” del Partido de los Trabajadores (comunista).  Tras la puesta en órbita de este satélite, se llevaron a cabo celebraciones  en las calles de Pyongyang, seguramente orquestadas por el régimen, que controla a la población como en los peores tiempos del estalinismo soviético y no permite el menor atisbo de descontento. La operación de Corea del Norte tomó por sorpresa a los expertos extranjeros sobre este país, que pronosticaban el lanzamiento del cohete para finales de este mes, después de que las propias autoridades comunistas anunciaran que no se llevaría a cabo hasta el 29 de diciembre por un problema técnico.

Condena internacional

El lanzamiento de este cohete de largo alcance norcoreano desató duras críticas de la comunidad internacional, sobre todo en la vecina Corea del Sur y Japón, dos países que volvieron a pedir  sanciones para el régimen de Pyongyang.  En Corea del Sur se celebra la campaña para las elecciones presidenciales del 19 de diciembre, pero Seúl tardó muy poco tiempo en condenar “una clara violación de las resoluciones 1718 y 1874 del Consejo de Seguridad de la ONU”. Estas resoluciones prohíben cualquier lanzamiento con tecnología de misiles balísticos a Pyongyang, que, según los expertos, habría utilizado para su lanzadera una versión mejorada del sistema de propulsión del misil de largo alcance norcoreano Taepodong-2. “Corea del Norte deberá asumir su plena responsabilidad por esta violación”, insistió el Gobierno surcoreano en un comunicado. Japón comunicó su protesta a Pyongyang a través del Gobierno chino, que es uno de los pocos del mundo que mantiene una relación fluida con el régimen norcoreano. Tokyo calificó el lanzamiento de “extremadamente lamentable e inaceptable” y se pronunció también a favor de  nuevas sanciones de la ONU. Además, pidió una reunión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU, decisión que ayer por la tarde todavía no se había tomado. Por su parte, Pekín planteó a todas las partes implicadas en la región mantener “la cabeza fría” para evitar una escalada de tensión en la península coreana y advirtió de que el Consejo de Seguridad debe reaccionar de forma “prudente y moderada” para mantener la paz y la estabilidad. Washington,  que el pasado abril suspendió un acuerdo de asistencia alimentaria a Corea del Norte por un fallido intento de lanzar un cohete similar al de ayer, tachó de “grave provocación” de Pyongyang la operación, porque es una amenaza para la seguridad regional. El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon y la Unión Europea (UE) también se sumaron a las críticas al régimen comunista norcoreano. El pasado abril, el Consejo de Seguridad de la ONU ya reforzó sus sanciones contra Corea del Norte con restricciones a tres empresas estatales, como respuesta al fallido lanzamiento efectuado entonces.