Con la crisis Europa es una jungla y España no es el más fuerte

El Manisero

Los desahucios son la cara más amarga de la crisis y del empobrecimiento de la población en España

Desde que la crisis económica dio sus primeras señales de aparición, empezó a afectar a  los colectivos sociales más débiles, y los pobres, excluidos y marginados abrieron el paso a sectores de las  clases medias, medias altas y continúa como un fantasma amenazante en nuestro entorno. Una de las consecuencias sociales más trágicas de la actual crisis económica en España es sin duda el duro drama de las familias que son desahuciadas de sus hogares, ya que no pueden pagar el alquiler o la hipoteca, ahogadas por el desempleo y la consiguiente falta de ingresos. Es escandalosa la cifra de estos actos, durante el primer trimestre de 2012 se alcanzó un nuevo récord de 18.424 desahucios, un 18,5% más que en el mismo periodo de 2011, según los últimos datos publicados por el Consejo General del Poder Judicial. No es de extrañar que un dictamen de la abogada general del Tribunal de Justicia europeo, Juliane Kokott, haya concluido que la normativa española sobre desahucios incumple la directiva comunitaria de protección del consumidor frente a sus cláusulas abusivas si tenemos en cuenta que esta ley española data del año1909.

La crisis económica ha sacado a relucir el alarmante desfase del Estado y del poder legislativo con la realidad de los múltiples, lógicos  y consecuentes cambios socioeconómicos de un grupo social en más de 100 años. Juegan un papel negativo las rígidas arquitecturas del Estado en su elegante  diseño jerárquico, sus burocráticos y lentos  procesos y la falta de compromiso del personal de turno, que se acomoda en su plaza fija de funcionario, y mira hacia otro lado ante los escollos reales de la comunidad impidiendo una adecuada acción social interactiva, que es en definitiva la esencia de su existencia. Un ejemplo clásico de este fenómeno es la inutilidad del único eslabón de las instituciones publicas con la problemática del colectivo ciudadano, los CEAS -Centros de Acción Social- y sus trabajadores sociales. Con estos centros los ayuntamientos consideran que tienen resueltas las problemáticas sociales de su región, y sin embargo es escandalosa y vergonzosa la ausencia  de esta personal institucional en los más de 500 desahucios diarios de familias de sus viviendas que ocurren en España por orden de entidades financieras que, apoyándose en la impunidad y permisividad del Estado, se ejecutan de acuerdo a las antiguas leyes. El desahuciado no tiene  el más mínimo apoyo institucional en el tiempo que dura  la ejecución de este acto judicial, que en ocasiones dura menos de una hora, y pasa de ser un ciudadano integrado a la exclusión social y a una condena sin transición a la miseria. Son los movimientos civiles, las ONG, la iglesia y las instituciones benéficas las que están han jugando un importante papel actualizador y cubriendo varios frentes de las demandas actuales de la sociedad.

En España desde hace mas de medio siglo el mundo de la pobreza, la marginación y la exclusión social ha sido asumido  y asistido por la iglesia católica de forma rigurosa a través de Cáritas, independientemente de los colores, recursos y métodos empleados por los gobiernos de turno. Cáritas se define como organismo oficial de la iglesia creado para promover, orientar y coordinar la acción social y caritativa de la diócesis e instrumentar la comunicación cristiana de bienes con el fin de ayudar a la promoción humana y al desarrollo integral de las personas. Pero es en la actualidad que cobra un protagonismo relevante el destacado trabajo de esta institución dando atención y apoyo a miles de personas que, producto de la crisis, cada día demandan más necesidades primarias por satisfacer. Cáritas hace frente a la crisis y la demanda social a la vez que condena y denuncia las injusticias sociales como causa directa de la creciente pobreza, además de la conocida prestigiosa y destacada labor asistencial que junto a los bancos de alimentos ayudan a miles de familias que pasan hambre en España. Otro colectivo reciente comprometido en la lucha y la denuncia, es el formado por las activas brigadas del movimiento Stop Desahucios, que ha logrado detener y paralizar miles de procesos de desalojos con sus denuncias y con sus intervenciones directas, despertando a su vez la toma de conciencia en la ciudadanía de estas injusticias sociales que amenazan con su permanecía e imposición como norma. También se unen a la inconformidad el colectivo de jueces y fiscales que muestra su indignación y que denuncian  los “movimientos especulativos” de bancos y cajas en las ejecuciones hipotecarias, ya que han detectado irregularidades  como, por ejemplo, retrasar intencionadamente las subastas de pisos que preceden al desahucio, a la espera de que las viviendas aumenten su valor para no engrosar su pasivo en los balances. Este colectivo denuncia y no acepta la pretensión de las entidades de convertir los tribunales en sus “oficinas recaudatorias”. El colectivo de médicos, enfermeros y personal de la salud también se levanta en pie de guerra haciendo huelgas contra los recortes en sanidad, ya han visto las garras al lobo al ser suprimidas sus pagas extras y aumentado las retenciones (Impuesto sobre la Renta de Persona Física) como personal funcionario y toman conciencia de la amenaza del retroceso o desaparición del prestigioso sistema de sanidad español.

La indignación en la sociedad española que comenzó con el moviendo 15 M también llamado movimiento de los indignados se está generalizando y expandiendo a todos los sectores de la sociedad. Este movimiento ciudadano fue formado espontáneamente a raíz del 15 de mayo de 2011 con una serie de protestas pacíficas con la intención de promover una democracia más participativa alejada del dominio de bancos y corporaciones, así como una “auténtica división de poderes” y otras medidas con la intención de mejorar el sistema democrático. Este doblegarse del Estado español a los poderes financieros, la sumisión al domino de una Europa con una economía germana dirigida y  su indiferencia a los efectos de las medidas tomadas en los recortes en la población, está presionando de tal manera al ciudadano que ya lo va despojando de este calificativo de ciudadano tal como es su acepción, es decir de  “persona que, por su condición natural o civil de vecino, establece relaciones sociales de tipo privado y público como titular de derechos y obligaciones personalísimos e inalienables reconocidos, al resto de los ciudadanos, bajo el principio formal de igualdad”. Es tangible la involución de la sociedad europea al llamado del instinto animal para la supervivencia, esta Europa moderna es una sutil guerra entre lobos por conquistar sus territorios y sus riquezas o quizás ya está todo conquistado y la guerra sólo sea contra una sola loba sigilosa cuyos aullidos germanos hacen temblar a los más fuertes.