Cuaderno de Guinea Bissau (2)

Raúl Manuel Braga Pires

Bissau, la capital de Guinea Bissau, es una ciudad llena de contrastes, de colores, de olores y también de tragedias

Al llegar a la parte vieja de Bissau, me encuentro como en la novela de Gabriel García Márquez ‘El amor en los tiempos del cólera’. Estoy convencido de que Malthus tenia razón y de que todos moriremos con un hongo que crece en la ingle. Las casas son grandes y húmedas y están situadas en calles que parecen cráteres lunares. Tanto es así que cuando vamos en coche tenemos la sensación de que estamos en alta mar y en un día borrascoso. Podemos tener ganas de vomitar al pasar por la pintoresca Bissau la Baja, con su comercio tradicional, algunos Ministerios, el Centro Cultural francés, y nos adentramos por calles sin asfaltar, con un montón de barro y también con algunas mujeres veladas, pero con colores alegres. La diferencia es que este Islam es tropical y relajado.

En este ambiente se puede cambiar dinero blanco, en millones de Francos CFA. Es una moneda única, de una Unión Monetaria, pero como es dinero negro, nunca sirve de ejemplo para que el euro también sea un éxito. Normal, como normal es también ver a gente que rodea a un coche y tira dinero dentro del vehículo por la ventanilla. Por eso conviene no tener la ventanilla abierta, porque cuanto más dinero se recibe más se paga después. Como todo en esta vida no hay nada gratis. Después, poco a poco,  pasando por edificios coloniales, vamos llegando a Puerto Bissau, cuyo nombre es Pidjiguiti, en homenaje a la masacre del mismo nombre, en 1959, que le hizo ver a Amilcar Cabral que Marx tenía razón cuando sostenía que los cambios sólo pueden producirse de forma violenta.

Aquí viví quizá la escena más violenta de mi vida. Un hombre llegó en una pequeña embarcación rápida de la Marina y con una soga alrededor de su cuello, descalzo, vestido sólo con ropa interior y las manos atadas a la espalda. Fue metido en un pick-up y presentado al mundo como un traidor. Fue una  escena con trofeo como en la esclavitud, algo que sin duda no es ajeno a este puerto de la parte vieja de Bissau, que fue un puerto de tráfico de esclavos negros para América. Esclavos para trabajar en las plantaciones de azúcar, en los campos de maíz y de algodón. A fuerza de tanta nostalgia esos esclavos crearon la Copeira y la Cadonblé, inventaron el blues con una nostalgia de color azul. Por cierto, para aquellos que están lejos de esa realidad, doy esta información: está demostrado por A+B que hoy es más barato tener un esclavo que hace 100, 200 0 300 años atrás. Mientras tanto, nos fuimos al fondo de la luna.