Los diputados ucranianos ‘debaten’ en el Parlamento a puñetazo limpio

Evgueni Medvédev-Moscú

Los diputados pro-gubernamentales y de la oposición en el Parlamento de Ucrania solucionan sus diferencias a golpes

Ucrania, una república de la antigua URSS, no es un modelo de democracia y de respeto a las ideas ajenas, y los diputados del gobernante Partido de las Regiones del presidente Viktor Yanukovich y de la oposición lo demostraron ayer al liarse a tortas y puñetazos en la Rada (Parlamento ucraniano). El encontronazo tuvo lugar durante la votación del candidato del partido de Yanukovich para presidente de la Rada, Vladimir Ribak. El día anterior, los diputados de la oposición habían conseguido paralizar la sesión por la fuerza e impedir que la coalición gobernante confirmara al primer ministro, Mikola Azarov, de 64 años, para un segundo mandato. La sesión del jueves tuvo que interrumpirse, pero finalmente el candidato oficialista para presidir la Rada fue elegido con 250 votos a favor, sobre un total de 424 diputados presentes en el acto. La oposición, que incluye a  los seguidores  de la  ex primera ministra Yulia Timoshenko, condenada a siete años de cárcel por un delito de abuso de poder,  a los ultraderechistas de Svoboda (Libertad) y al partido liberal liderado por el antiguo campeón de boxeo Vitaly Klitschko, acusó a la coalición gobernante de intentar seguir adelante con las votaciones a pesar de las violaciones de las normas parlamentarias. Seis semanas después de que el Partido de las Regiones ganara las legislativas, el grupo ultra Svoboda entra en la Rada con ánimos belicosos. Cuando el miércoles se constituyó el Parlamento, un grupo de mujeres semidesnudas se manifestaron delante del edificio de esta institución para protestar por la presencia de la extrema derecha en la Cámara.

Ultraderecha xenófoba

Svoboda, que antes se llamaba Partido Nacionalsocialista de Ucrania,  consiguió 10% de los votos en las elecciones del 28 de octubre y fue la verdadera sorpresa del escrutinio. Los sondeos le daban 5% de votos. El partido cambió de nombre pero sigue defendiendo los mismos postulados ultranacionalistas y xenófobos. Se reclama de la Organización de Nacionalistas Ucranianos (OUN), cuyo brazo militar –UPA- colaboró activamente con los nazis durante la Segunda Guerra Mundial y masacró a muchos judíos en el oeste de Ucrania. Svoboda tiene una importante implantación en el oeste del país y en Kiev, la capital. Cada año, Svoboda conmemora la creación de la División Waffen SS ‘Galitchina’ en 1943. Este partido suele protestar por la organización de manifestaciones homosexuales, rechaza a los extranjeros, defiende las esencias patrias de Ucrania y tiene verdadera obsesión con los judíos. Tanto es así que acusa al presidente Yanukovich y al Gobierno ucraniano de “mafia judeo-moscovita”. Oleh Tyahnybok, el líder de Svoboda, niega de que su partido sea neofascista o neonazi, y ni siquiera asume que sea antisemita, pero en la práctica defiende posturas parecidas al fascismo y al nazismo. Los analistas políticos subrayan que el voto a Svoboda procede de sectores descontentos con el sistema político y social y hostiles a los partidos tradicionales. Este partido tiene un importante apoyo juvenil.

Caso Litvinenko

Por otra parte, el ex espía ruso Aleksander Litvinenko, que fue envenenado con polonio radiactivo, probablemente por los servicios secretos de su país, y murió en Londres en 2006, trabajó para el M16 británico y para el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) español, según reveló su abogado, Ben Emmerson, en representación de la viuda Maria Litvinenko. El letrado contó que Litvinenko recibía dinero de los servicios secretos británicos y españoles a través de una cuenta conjunta que compartía con su esposa. El abogado aseguró que el difunto ex espía y uno de los principales sospechosos de su muerte, el también agente del KGB Andrei Lugovoi, trabajaron juntos y querían viajar a España para testificar sobre las supuestas conexiones entre la mafia rusa, el Kremlin y el presidente Vladimir Putin. Scotland Yard considera a Andrei Lugovoi y a Dimitri Kovtun, un ex militar y oficial de inteligencia,  como principales sospechosos del envenenamiento que se produjo en 2006 durante un encuentro al que acudió Litvinenko en un hotel de Mayfair. El espía ruso murió a los 43 años, tras pasar varios días en un hospital al padecer síntomas de envenenamiento. La Justicia británica no ha podido conseguir la extradición de los sospechosos por culpa de la falta de colaboración de las autoridades rusas. A Putin no le preocupa este asunto. Tiene mucho poder y sabe cómo conservarlo y defenderlo. Este ex agente del KGB pronunció el pasado miércoles un discurso ante las dos Cámara del Parlamento en el que dejó muy claro que no piensa tolerar ninguna injerencia extranjera en Rusia. Habló de economía y de política, y también de democracia, aunque él no la practique demasiado. Putin defendió la idea de  que en Rusia no puede haber otra opción que no sea la democracia, pero a condición que este sistema no  ignore las tradiciones nacionales.“Quiero subrayar que compartimos los principios democráticos universales aceptados en todo el mundo, pero la democracia rusa es el poder precisamente del pueblo ruso”, destacó el mandatario del Kremlin.