La película ‘L´attentat’ del libanés Ziad Dueiri conmueve a los espectadores

Clara García-Rabat

El cineasta libanés Ziad Dueiri, que recibió el premio Estrella de Oro en la 12ª edición del Festival Internacional Cinematográfico de Marrakech (FIFM) por su magnífica película ‘L´attentat’ (El atentado), conmueve a los espectadores. En la foto, Dueiri recoge el premio en Marrakech

El director libanés Ziad Dueiri recibió el premio Estrella de Oro en la 12ª edición del Festival Internacional Cinematográfico de Marrakech (FIFM) por su película ‘L´attentat’ (El atentado). El filme, que es una adaptación de la novela del escritor argelino Yasmina Khadra,  llegará a la gran pantalla en 2013. Pero unos pocos espectadores ya han tenido la suerte de verlo. Cuenta en esta película Dueiri la emocionante historia del doctor Amin Jâafari (Ali Suliman), un cirujano de origen palestino que vive en Israel. El médico palestino pertenece a la importante minoría árabe israelí y ha conseguido una buena posición económica y social, pero Israel  lo trata a veces como a un ciudadano de segunda categoría. Pero sus problemas son poca cosa si los comparamos con la dura vida de los habitantes de Gaza, que tienen que hacer frente a las bombas israelíes y a la dictadura política y religiosa de los fanáticos de Hamas. El doctor Jâafari vive cómodamente en una barrio elegante de las afueras de Tel Aviv con su esposa Siham (Reymonde Amsellem). El cirujano palestino acaba de recibir una prestigiosa distinción israelí por su trabajo. Más o menos en ese mismo momento un atentado terrorista  golpea el centro ciudad de Tel Aviv. Jâafari acude a urgencias para ayudar a las víctimas de semejante monstruosidad. Algunos pacientes israelíes, al ver que el médico que les atiende es árabe, empieza a gritar: “Llamen a otro. Quiero a otro médico, esto no, este no, por favor”.  El doctor palestino no sabe dónde está su mujer. Ha desaparecido. Se teme lo peor. ¿Habrá sido una de las víctimas del atentado? Ella también es palestina. Los dos forman una pareja que se quiere. Pero en realidad lo que ha ocurrido es mil veces más atroz. La Policía descubre el cadáver de su esposa entre los terroristas suicidas que han provocado la matanza de inocentes. Pero resulta que su mujer es uno de los terroristas. Jâafari está confundido, no se lo puede creer, no admite que su propia mujer, una palestina de clase media que vive en Israel, una persona sensible y enamoradiza, sea una asesina. La Policía lo detiene para interrogarlo. Sospechan del cirujano. Le presionan, le gritan, le insultan… “¿Tú la cubrías verdad? ¿Qué sientes cuando te traen un judío al bloque operatorio? ¿Tienes ganas de matarlo”, le grita un agente.

Preguntas sin respuestas

El doctor Amin Jâafari no puede entender lo que ha pasado. ¿Por qué y de qué manera Siham, su bella mujer, la persona a la que él tanto quiere, ha podido cometer semejante barbaridad? Los dos son palestinos y critican a Israel por la ocupación de territorios y la humillación que impone a muchos de sus compatriotas árabes, pero no son terroristas y no defienden la utilización de la violencia contra inocentes. Al menos eso pensaba Jâafari de su mujer. ¿Por qué una mujer tierna, sensible e inteligente se ha dejado lavar el cerebro por una pandilla de asesinos y de cobardes que en nombre de la liberación de Palestino matan a seres humanos indefensos?, se pregunta el médico. No lo entiende. Su vida está destrozada. Ha perdido al ser que más quería. No sabe lo que hacer. En los territorios palestinos lo miran con desconfianza porque vive en Israel y en Israel no lo tratan como a un ciudadano normal y corriente porque es árabe. Durante 102 minutos, el espectador es aspirado por un torbellino de dolor, dudas y preguntas sobre el ser humano. ‘L´attentat’ es una película conmovedora y poco comercial en la que Ziad Dueiri pone el dedo en la llaga de la sinrazón y la maldad en los dos bandos del conflicto, el israelí y el palestino. El cineasta libanés lo hace con inteligencia, humildad y gran delicadeza, respetando a las víctimas de la violencia de un conflicto que dura ya demasiados años. Plantea una serie de preguntas que quizá no tengan respuestas inmediatas, pero al menos ayudan al espectador a reflexionar sobre la naturaleza humana y el sentido de la vida.