¿Existe una élite hispano-marroquí?

Mohamed El Morabet

Nuestro colaborador en Madrid Mohamed El Morabet apuesta por la existencia de una élite hispano-marroquí, y critica el poco interés de Marruecos por lograr este objetivo y trabajar con la comunidad marroquí en España

La imagen de Marruecos en Occidente siempre se ha asociado a lo francófono, esto no es una cuestión baladí. La presencia de la conciencia francófona acompaña la vida política, económica, social y cultural del país desde antes de su independencia en 1956. El uso del francés en Marruecos es como comer tres veces al día, su omnipresencia trasciende lo comunicativo, hasta tal punto, que se ha convertido en un estilo de vida. “¿Ça va?”, casi es el saludo por antonomasia en Marruecos. Aunque, tras la llegada del Partido Justicia y Desarrollo (PJD) al gobierno, después de la elecciones del  25 de noviembre de 2011, se está revirtiendo el uso masivo del árabe. Una reivindicación que encaja en el ideario del PJD, puesto que considera que el árabe es la única lengua vehicular del Islam. Este hecho ha suscitado una catarata de protestas del sector más laico en Marruecos. Y con respecto al español: ¿Qué papel tiene el español en Marruecos? ¿Existe una influencia hispanófona en Marruecos? La respuesta a tales preguntas tiene un doble enfoque. Es como aquel vaso que está medio lleno y a la vez medio vacío. Por un lado, y empezando por la parte medio llena del vaso,  las cifras que se manejan en Marruecos diseñan una significativa curva creciente. La visibilidad de los hispanoparlantes es cada vez más notoria, los marroquíes que se decantan por el uso del español como segunda lengua están en alza y superan los 4 millones. Además, las universidades españolas cada año acogen a más estudiantes marroquíes, alrededor de 3000, según el censo de 2011, (este dato puede disminuir desde que el Gobierno de Rajoy ha optado por incrementar, a partir del curso académico 2012/2013, la tasa de las matrículas universitarias).

Incluso el registro de las inscripciones de alumnos en los colegios e institutos españoles en Marruecos se está incrementando. Este aumento, básicamente, encuentra en el auge de las relaciones empresariales, su fuente locomotora. Desde que España es el primer socio comercial de Marruecos, superando a Francia, se constata una atracción por parte de la clase media marroquí por visualizar una determinada visión de futuro, invirtiendo en la educación en lengua española de sus hijos. Este hecho responde a una ávida estrategia que, más tarde o temprano, obtendrá frutos que motivarán un cambio cualitativo en las relaciones hispano-marroquíes. Por otro lado, la parte medio vacía del vaso reside en la no implicación institucional marroquí, que trata este asunto de forma tangencial, sin otorgarle el peso y la importancia que merece. Es un error no defender los intereses de Marruecos en España y, sobre todo, en América latina, en español. Es decir, no emplear la influencia hispanófona en Marruecos para ofrecer una nueva imagen hacia el exterior con respecto a los puntos clave y estratégicos de Marruecos. Asignatura pendiente que enlaza directamente con la mala gestión que hace Marruecos en relación a la comunidad marroquí en España.

Me refiero concretamente a la participación política, cuestión congelada desde hace años y con la pelota en el tejado marroquí. No firmar el tratado de reciprocidad con España, que supondría la activación política de muchos marroquíes en este país, es una torpeza y escollo para contribuir al buen entendimiento de los países; además, reforzaría una nueva vía para mejorar las relaciones hispano-marroquíes. Este escenario explica la pasividad de muchos marroquíes en España a la hora de implicarse en mejorar la imagen de Marruecos. Una frialdad institucional que invita a la apatía política. Ningún marroquí  quiere que las discrepancias diplomáticas se conviertan en un conflicto de identidad personal. Los marroquíes que viven en España ni son solo marroquíes ni tan solo viven en España, son algo más, y en muchos conflictos tienen la llave para poder abrir puertas con soluciones posibles. La imagen de la relación hispano-marroquí en ambos países se configura, obligatoriamente, por la interacción de su élite. ¿Para cuándo una  élite hispanófona marroquí? Es hora de que esa tímida élite tome cartas en el asunto desde las instituciones. Se requiere implantar una nueva hoja de ruta para las relaciones de los dos países, e inyectar así una dosis de “saber hacer” hispano-marroquí. Es, sin duda, la hora de la triada estratégica para el dossier hispano-marroquí: Nuevo mensaje, Nueva imagen y Nueva interlocución. Es decir, una agenda diseñada en virtud de mejorar las relaciones desde la proximidad comunicativa y emplear el potencial de las condiciones de élite como agentes bilaterales.

El Príncipe de Asturias, Felipe de Borbón, recibió el lunes 10 de diciembre en el Palacio de La Zarzuela de Madrid a un grupo de jóvenes políticos marroquíes que han participado en el Programa MASAR, que organiza la Agencia Española de Cooperación y para el Desarrollo (AECID). Estos jóvenes políticos han viajado hasta España para desarrollar durante cuatro días una serie de actividades, con el fin de reforzar las relaciones bilaterales entre ambos países. Durante este tiempo realizaron visitas al Congreso de los Diputados, Senado, Defensor del Pueblo, Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación, Tribunal Constitucional, Consejo General del Poder Judicial y también  ofrecieron un encuentro en la Casa Árabe. Una visita interesante. Aunque se olvidaron, intencionadamente,  de visitar a la comunidad marroquí en España ¿A caso esta comunidad no merece una visita de los representantes políticos del pueblo? En su visita al Senado, les estaban esperando con una manifestación de protesta  un grupo de marroquíes, convocados por la filial madrileña de la Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH). Un error más añadido a la endémica y larga lista de errores que cometen las instituciones marroquíes con sus ciudadanos en España. El guión que une el término “hispano-marroquí” necesita consolidar su carácter bidireccional, y para ello Marruecos debe renovar sus mecanismos estériles y potenciar los lazos de unión para mejorar su pésima imagen en los medios de comunicación españoles. Las torpezas del pasado no se tienen que convertir en pesadillas del futuro. Renovarse o morir.

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