La USFP se encuentra entre “la espada y la pared” después de la elección de Lachgar

Ahmed Chabi-Rabat

Después de la elección de Driss Lachgar como primer secretario de la USFP, el histórico partido socialista marroquí sigue sin haber resuelto sus graves problemas internos. En la foto, Driss Lachgar

Un par de días después de la elección de Driss Lachgar como nuevo primer secretario de la Unión Socialista de Fuerzas Populares (USFP), el histórico partido marroquí está muy lejos de haber solucionado su grave crisis interna, que lo ha alejado de muchos de sus votantes de izquierda y colocado en un modesto quinto lugar en el arco parlamentario. La USFP se encuentra entre “la espada y la pared”, dice a Correo Diplomático un militante socialista. El IX Congreso de la USFP ha conseguido elegir a su número uno, que es un hombre con gran capacidad política, pero suele ser despiadado con sus adversarios internos y externos al partido. Pero la división en las filas socialistas sigue abierta, y quizá más que antes del congreso. Tanto es así que la elección del comité administrativo y del buró político del partido se ha retrasado, porque no se pudo lograr en el cónclave socialista de Buznika, y un sector de la juventud relacionado con el Movimiento del 20 de Febrero y capitaneado por dirigentes como Ali Buabid no descarta abandonar definitivamente las filas de la USFP. La tormenta que antes del congreso amenazaba al histórico partido heredero de Mehdi Ben Barka y Abderrahmin Buabid podría convertirse en huracán. Tras la elección del primer secretario, los trabajos del congreso tuvieron que ser interrumpidos, porque muchos congresistas no aceptaron los resultados de la primera ronda, que colocaron a Lachgar y Ahmed Zaïdi en posición de salida para la segunda vuelta. Abdelhamid Jmahri, miembro del buró político de la USFP, aseguró que la elección de la comisión administrativa del partido se aplazó para dentro de una o dos semanas por razones exclusivamente técnicas, porque hubo dificultades en la utilización del voto electrónico. “Reducir los problemas del congreso a una cuestión técnica no es decir toda la verdad, porque también hubo mucha tensión política y las discrepancias internas afloraron durante los tres días que duró el congreso”, explica uno de los delegados al cónclave socialista. Lachgar controla la sección femenina y una parte de la juventud, pero tendrá que mover muchos hilos para acallar a los críticos y unir al partido.

Nueva crisis

Los analistas políticos señalan que los problemas surgidos en el IX Congreso auguran una nueva crisis interna a corto o medio plazo probablemente más dramática que la anterior, porque podría suponer la ruptura interna de la USFP. Habrá que ver cómo se organizan los diversos sectores del partido y que cuotas de poder consiguen sus representantes en los órganos dirigentes. La segunda parte de este tumultuoso congreso podría estar a la vuelta de la esquina, y los jóvenes socialistas que denuncian la ausencia de debate político e intelectual en la USFP y acusan al partido de haberse transformado en una mera “maquinaria electoral”, podrían poner en un serio aprieto a la dirección. La corriente critica denominada ‘Unionistas del 20 de Febrero’ considera que hay que organizar un nuevo congreso, porque el que se celebró el pasado fin de semana “no ha significado ningún cambio ni ha aportado ninguna respuesta a las esperanzas del movimiento democrático, progresista y socialista marroquí”. Otra corriente díscola, ‘La Unión por el Porvenir’, cuenta con dirigentes como Ali Buabid, Mohamed El Achaâri y Larbi Ajjul que han decidido dimitir de sus funciones y apartarse de la USFP. La elección de Lachgar, que no procede de los militantes que lucharon contra la colonización francesa y después contra el despotismo de Hassan II, significa una ruptura con el pasado en el partido de la rosa, pero no la solución a los problemas.

Continuidad e integración

Lachgar asegura que no busca una ruptura con el pasado político y quiere integrar a todos los sectores del partido. Sus adversarios internos del ala derechista lo consideran demasiado radical, y temen que impulse una estrategia de confrontación con el Gobierno del islamista Abdelilah Benkirane. Pero algunas malas lenguas aseguran que su radicalismo verbal es puramente teórico, porque no le hace ascos a gobernar otra vez con los nacionalistas conservadores del Istiqlal y el PAM de Fuad Ali El Himma, con quien mantiene una estrecha relación. Quienes le conocen, aseguran que le gusta el poder y con tal de no quedarse en un segunda plano de la vida pública, ha mantenido incluso buenas relaciones con el actual ministro islamista de Justicia, Mustafá Ramid. Es también un populista que sabe manipular a las masas, como lo son igualmente Benkirane y el hombre fuerte del Istiqlal, Hamid Chabat.