Túnez celebra el segundo aniversario de la revolución tirando piedras al presidente

Mohamed Mestiri-Túnez

Túnez celebra el segundo aniversario de la Revolución de los Jazmines tirando piedras y abucheando al presidente, Moncef Marzuki. En la foto, un grupo de policías se enfrentan a unos manifestantes

Lo que ocurrió ayer en Sidi Buzid, la ciudad del sur de Túnez donde hace dos años estalló la Revolución de los Jazmines que derrocó al dictador Zine El Abidine Ben Ali, fue un mal presagio. Todo empezó hace dos años cuando el joven universitario y vendedor ambulante Mohamed Buazizi se quemó a lo bonzo para protestar por la acción de la policía que, al confiscarle su puesto callejero de venta de frutas, le había condenado al paro y a la miseria más absoluta. El lunes, el jefe del Estado, el médico y antiguo opositor a la dictadura, Moncef Marzuki, y el presidente del Parlamento, Mustafá Ben Yafar, participaron, en Sidi Buzid, en una conmemoración oficial por el segundo aniversario de la revolución, pero no salieron bien parados: un grupo de manifestantes se liaron a pedradas contra los dos responsables del Estado. La agresión comenzó después del discurso de Marzuki y mientras Ben Yafar se disponía a tomar la palabra. Los manifestantes gritaron  “El pueblo quiere la caída del Gobierno” e invadieron la tribuna en la que se encontraban los dirigentes. En ese momento, las cerca de 5.000 personas reunidas en el pueblo que dio el pistoletazo de salida a la Primavera Árabe profirieron el grito de “Dégage!” (¡Lárgate!), el lema que simbolizó la revolución contra Ben Ali. Las pedradas y los silbidos  estallaron cuando Marzuki habló de los progresos económicos en Túnez, un país que sigue sufriendo el paro, la pobreza y la corrupción. Marzuki insistió y dijo:  “Por primera vez tenemos un Gobierno que no roba a su pueblo”. Pero lo único que consiguió el presidente fue encender aún más lo ánimos. El servicio de orden evacuó rápidamente a los dos mandatarios y se tuvo que suspender el acto. El presidente Marzuki también fue abucheado cuando visitó la tumba de Buazizi. Desde hace varias semanas, Sidi Buzid es escenario de protestas sociales. En otros lugares del país han estallado violentos enfrentamientos entre los islamistas de Ennahda, que gobiernan con dos partidos laicos, y sindicalistas y grupos opositores liberales y de izquierda. La disputa política gira en torno a la nueva Constitución, que los islamistas quieren impregnar de ideología conservadora, mientras que los laicos plantean que la Ley de leyes recoja la pluralidad de la sociedad tunecina.

Decepción popular

Dos años después de la revolución tunecina, la mayoría de la población está decepcionada, porque considera que las promesas que hicieron los líderes de la nueva etapa democrática no se han cumplido. Muchos ciudadanos admiten que han ganado la libertad de expresión, ya no tienen miedo de hablar, pero siguen sufriendo de los mismos problemas de antes: la falta de trabajo, la pobreza, las injusticias, la corrupción, el desprecio de los poderosos… Es uno de los motivos por los cuales en Sidi Buzid la mayoría de la población no acogió con entusiasmo la conmemoración del segundo aniversario de la revolución. Además, los tejemanejes de Ennahda en la organización de la conmemoración obligaron a 10 de sus responsables a dimitir. Yusef Jellali, portavoz de este colectivo, explicó que “intentamos que todas las corrientes políticas tuvieran su representación en la conmemoración, y en primer lugar las que participaron en la revolución. Y estamos decepcionados, porque el presidente del comité organizador es un personaje próximo a Ennahda, y ha querido manipular el acto, aunque él no participó en la revolución”. Ennahda negó estas acusaciones y aseguró que hace todo lo posible desde el Gobierno y las instituciones por ayudar a las regiones más pobres de Túnez. Ferjani Doghmane, presidente de la Comisión de Finanzas de la Asamblea Constituyente y miembro de Ennahda, justificó los retrasos que están acumulando muchos proyectos de desarrollo diciendo que los trabajadores que protestan y se ponen en huelga son los culpables del bloqueo de la actividad económica. “El bloqueo proviene seguramente de los tunecinos, porque el valor trabajo no ha encontrado su lugar en el comportamiento de la población”, manifestó Doghmane.

El cansancio de la población

Estas explicaciones no van a tranquilizar a una población empobrecida y cansada de escuchar promesas que casi nunca se cumplen. El hartazgo se ha  expresado a través de protestas violentas en ciudades como Kaserine, Gafsa, Siliana y Le Klef en los últimos meses. Los descontentos reclaman con urgencia inversiones públicas, mejores infraestructuras y una lucha más eficaz contra la corrupción. El economista opositor Mahmud Ben Romdhane piensa que Ennahda está demostrando a los tunecinos que es incapaz de resolver sus problemas, y ni siquiera puede gestionar medianamente bien los municipios donde gobierna. “El Gobierno ha nombrado a gobernadores que obedecen a sus órdenes. Las administraciones locales han sido descapitalizadas. Los islamistas han despedido a gente competente, porque lo único que buscan es repartirse el botín. La capacidad de los ayuntamientos está mermada y los proyectos se retrasan por culpa de la incompetencia de los gobernantes”, asegura el citado economista. Mientras las agencias de calificación han degradado la nota de Túnez debido a su inestabilidad política, el proceso de transición está paralizado y los grupos salafistas yihadistas, que son pequeños pero muy violentos, desafíán al frágil Estado tunecino. Por otra parte, en Egipto, la principal asociación de jueces del Consejo de Estado de Egipto -órgano de la justicia administrativa- anunció que no supervisará la segunda vuelta del referéndum constitucional, prevista para el próximo sábado. El magistrado Mohamed Hasan explicó que los 2.400 miembros del Club de Jueces aprobaron boicotear la consulta, lo que dificulta la celebración de la segunda ronda de la votación. En la primera vuelta sólo participaron 6.666 magistrados.