Bahrein no consigue que Occidente oiga su revolución

Dunia Benjadra-Rabat

Bahrein, el país más pequeño de la región del Golfo Pérsico, también se ha visto sacudido por revueltas en contra del régimen de monarquía absoluta, que han causado unos 80 muertos y miles de detenidos. En la foto, unos policías reprimen una manifestación en la capital del país, Manama

El Reino de Bahrein, que es el país más pequeño de la región del Golfo Pérsico y está formado por un archipiélago de 33 islas,  también vive su propio proceso de revolución contra el régimen del rey Hamad Al Kahlifa, pero Occidente e incluso el mundo árabe no consiguen oír las protestas que empezaron en 2011. La revuelta se inició con unas manifestaciones en las que sus protagonistas exigían mayor libertad política y respeto a los derechos humanos. Después de la sangrienta represión la noche del 17 de febrero de 2011 en la Plaza de la Perla, en Manama, la capital del país, los manifestantes empezaron a pedir el fin de la monarquía hereditaria. Desde entonces las protestas no han cesado y la represión tampoco. El régimen autoritario mantuvo detenido a uno de los opositores de Bahrein más conocidos en el mundo árabe, el abogado Mohamed al Tajer, durante 114 días en 2011. Una vez que fue puesto en libertad, la Policía siguió acosándolo y hasta llegó a colocar una cámara oculta en una de sus viviendas con la que grabó escenas íntimas del opositor con su esposa. Tajer se ha convertido en un símbolo de la lucha contra la tiranía en Bahrein. Es objeto de presiones y provocaciones de todo tipo por parte de un régimen liderado por un monarca déspota y sin principios que es capaz de cualquier cosa con tal de mantenerse en el poder. “He recibido todo tipo de amenazas. Han intento asustarme, provocarme, pero no conseguirán callarme”, dice el opositor a los pocos medios occidentales que se preocupan de lo que ocurre en este pequeño país del Golfo. Mohamed al Tajer es un opositor pacifico, pero  advierte que el bloqueo político y social que ejerce el régimen monárquico absoluto de Hamad Al Khalifa está generando mucha frustración en la juventud y exasperando a los más radicales. Por eso mismo, las protestas son cada vez más violentas. Tanto es así que hace unos días, el líder opositor del partido Al Wifaq, Al Salman, reconoció que “hemos perdido el control de las calles y los jóvenes ya no escuchan a nadie y cada vez son más violentos”. El defensor de los derechos humanos Nabil Rajab, que es un convencido pacifista y admirador de Gandhi, lamenta que la violencia tenga cada vez más seguidores en Bahrein. Uno de los países más integristas del mundo árabe, Arabia Saudí,  colabora íntimamente con el régimen de Bahrein en la represión de las protestas populares. Otros aliados de Bahrein en el Golfo han seguido los mismos pasos que Ryad.

Violaciones de los derechos humanos

Según un informe  realizado en noviembre de 2011 por la oficialista Comisión Independiente de Investigación (BICI), en los primeros meses de las revueltas murieron decenas de personas, centenares fueron torturadas y otras muchas sufrieron violaciones de los derechos humanos de todo tipo por  parte de las fuerzas de seguridad. El régimen no ha hecho grandes esfuerzos por reparar los daños causados a la población, según denuncian Human Right Watch (HRW) y la ONG Proyecto sobre Democracia en Oriente Próximo. Joe Stork, vicedirector del departamento de Oriente Próximo de HRW, asegura que “la situación de los derechos humanos ha empeorado desde que el rey aceptó una serie de recomendaciones  de la comisión”. Por ejemplo, los policías y militares que se han extralimitado en el ejercicio de sus funciones no han sido sancionados y mucho menos procesados. Mientras, los opositores son detenidos, maltratados en muchos casos y condenados a penas de cárcel. La Federación Internacional de Derechos Humanos considera que la revuelta en Bahrein ha provocado la muerto de unas 80 personas –un centenar, según un partido opositor-, 4.500 detenciones y 22 condenas a cadena perpetua. Un atentado terrorista el pasado 5 de noviembre en Manama desató una mayor tensión social y política. Algunos opositores, como Mohamed al Maskati, aseguran que el régimen utiliza tácticas de provocación que desencadenen olas represivas como Bachar al-Asad en Siria. El poder intenta también dividir a la población en función de su pertenencia religiosa con un solo objetivo: desviar la atención y debilitar a la oposición, y generar violencia entre los propios habitantes de Bahrein. El lunes, la Policía dispersó a golpe de gases lacrimógenos una manifestación  de opositores en la capital con motivo del Día del Mártir. Los manifestantes gritaron “Abajo el rey” y “El pueblo quiere la caída del régimen”. Pero  el régimen hace oídos sordos a las peticiones de reformas.