Hollande viaja a Argelia para cambiar la historia

Paco Soto-Rabat

El presidente francés, François Hollande, viaja a Argelia para sellar un acuerdo estratégico con el país norteafricano y superar los traumas del pasado colonial. En la foto, Hollande durante un viaje a Argelia en 2010

El presidente de Francia, el socialista François Hollande, realiza hoy una visita oficial de dos días a Argelia, para intentar dar un salto cualitativo en las relaciones políticas, económicas y diplomáticas con la antigua colonia, que se liberó de la tutela de la metrópoli a través de una sangrienta guerra de liberación nacional hace 50 años. Más allá de las heridas del pasado que pesan todavía en la memoria colectiva de los dos países, Hollande quiere cambiar una historia de desencuentros y tensiones entre París y Argel. Los objetivos son económicos, pues Argelia es un inmenso país rico en hidrocarburos y con enormes posibilidades de crecimiento, políticos y geoestratégicos. La antigua potencia colonial, que mantiene con Marruecos una relación privilegiada, necesita “reorientar y equilibrar  su presencia en el Magreb. Argelia siempre ha sido un escollo para Francia por motivos históricos esencialmente, pero también por la propia inestabiliad política del país norteafricano y la naturaleza del Estado, que está dominado por una casta  de generales y hombres de negocios que forman una suerte de burguesía compradora corrupta y parasitaria”, señala un diplomático. Hollande, que ha transmitido un mensaje de buena voluntad en materia de memoria común al reconocer oficilamente la implicación del Estado francés en ciertos crímenes de la época colonial, viaja al país norteafricano con una decena de ministros, entre ellos los titualres de Asuntos Exteriores e Interior, Laurent Fabius y Manuel Valls, una decena de parlamentarios, unos 30 grandes empresarios y personalidades como el actor Kad Merad, además de un centenar de periodistas. Según diversas fuentes, el jefe del Estado galo quiere limar asperezas y reforzar las relaciones bilaterales, siempre en tensión desde 1962. “Las dos naciones comparten un destino común, a pesar de sus diferencias”, aseguran en el entorno del presidente francés. Más de un millón de inmigrantes argelinos viven en Francia. Existe una historia común en muchos aspectos dolorosa. Y muchos otros problemas: los harkis (argelinos que lucharon a favor de Francia durante la guerra de liberación y después fueron abandonados por París), los pieds noirs (franceses de origen argelino), los jóvenes de padres argelinos que viven en la antigua metrópoli y tienen nacionalidad francesa, pero no son de ninguna parte y se sienten olvidados por todos; las intensas relaciones humanas entre ambos países… Son muchos problemas que para bien o  para mal unen a Francia con Argelia y viceversa. Hollande será recibido a lo grande por su homólogo argelino, Abdelaziz Buteflika.

Visita histórica

François Hollande sabe que esta visita de Estado, que es seguida con mucho interés y cierta preocupación por el principal contrincante de Argelia en el Magreb, Marruecos, es de una gran importancia política e incluso histórica. No es una visita rutinaria. Lo saben en Francia y también en Argelia. Por eso el mandatario galo tendrá que utilizar palabras adecuadas en el discurso que pronunciará ante los parlamentarios de las dos Cámaras argelinas y en diversas  ceremonias, como en el cementerio Bologhine o en la Plaza Maurice Audin, que es el nombre de un militante comunista asesinado y figura combatiente por la independencia de Argelia. La visita a Argel tendrá un carácter marcadamente político y simbólico.  En su segunda etapa  a la regiónde Orán,  Hollande abordará cuestiones de orden más cultural y también económico. El presidente francés prometió ser “lúcido” sobre la historia, aseguran sus asesores, pero intentará mantener un cierto equilibrio entre las demandas de reparación histórica de las autoridades argelinas por los crímenes coloniales y la sensibilidad de muchos franceses sobre la guerra de Argelia. El apartado económico es muy importante, por no decir decisivo, en este viaje de Estado del presidente galo. Una quincena de acuerdos serán firmados entre los dos países. Entre los contratos más importantes figuran un acuerdo en materia de defensa y la instalación de la multinacional Renault en Orán. En el terreno diplomático, los dos presidentes abordarán cuestiones tan complejas como la situación en Mali, donde el norte del país está en manos de grupos terroristas yihadistas, de los islamistas radicales de Ansar Dine y de los tuaregs independentistas. Hollande y Buteflika pondrán sobre la mesa cuestiones polémicas que dividen a los dos paíes: entrega de visados a los argelinos para poder entrar en territorio francés, investigación sobre el asesinato de los monjes franceses de Tibehirine durante la ‘decada de plomo’ en Argelia, los bienes confiscados a los repatriados por Argelia después de 1962… Un observador político apunta que “no se van a resolver todos los problemas con un solo viaje. El error sería que este desplazamiento de Hollande a Argelia no fuera seguido de otras actividades”.

Los deseos de Argelia

El primer ministro argelino, Abdelmalek Sellal, expresó el deseo de su país de que “esta visita signifique la apertura de un nuevo capítulo en las relaciones entre Argelia y Francia, basado en la amistad y la cooperación”. Según el ‘premier’ argelino, los dos países  han entrado en “una fase histórica, y estamos dispuestos a abrir un nuevo capítulo. No podemos olvidar nuestro pasado, porque todos los argelinos estamos orgullosos de nuestro pasado, de nuestra guerra de liberación nacional”, pero “tenemos que construir el futuro”.  El primer ministro recordó que los dos países impulsaron hace años sus relaciones económicas y destacó con énfasis la implantación de Renault en Orán. Esa operación económica, que está financiada por Argelia en un 51% y por la multinacional francesa en un 49%, creará 6.000 puestos de trabajo. “Lo que hay que entender es que la industria francesa tiene mucho que ganar en este asunto. Es un negocio perfecto. Seremos solidarios con los trabajadores franceses”, recalcó Sellal, quien también manifestó la voluntad “compartida” entre Argel y París por erradicar el terrorismo en el norte de Mali y en el Sahel, pero sin olvidar, aclaró el primer ministro, que Argelia tiene sus “propios principios fundamentales de no ingerencia interna en otros países”.

Espinoso pasado

Muchos argelinos esperan que François Hollande exprese el perdón oficial de Francia por los crímenes que cometió durante el largo periodo colonial. Es lo que pide también el Partido Comunista Francés (PCF).  El presidente francés, según fuentes de su entorno, no está por la labor de pedir perdón y prefiere abordar el espinoso problema del pasado con mayor discreción, entre otros motivos para no suscitar polémicas en Francia y ataques de la derecha y las asociaciones de repatriados de Argelia. Rachid Tlemçani, politólogo y profesor e investigador en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de Argel, cree que esa cuestión es “un falso problema. Es un debate que no tendría que existir por el simple motivo de que la cuestión colonial se solucionó en 1962. Es una manipulación ideológica”. Desde hace varios meses, las peticiones argelinas para que Francia reconozca los “crímenes coloniales” se suceden. Faruk Ksentini, presidente de la Comisión Nacional Consultiva para la Promoción y la Protección de los Derechos del Hombre (CNCPPDH), dio el pistolerazo de salida a estas peticiones después de que Hollande reconociera que la Policía cometió una matanza en las calles de París durante una manifestación de los independentistas argelinos el 17 de octubre de 1961. A finales de noviembre, el ministro argelino de los Muyahidines (Antiguos Combatientes), Moahmed Cherif-Abbas, aseguró que “no le hemos pedido a Francia que nos indemnice pero  que reconozca solamente los crímenes que perpetró contra la población argelina”. Esas reacciones oficiales provocan mucho descontento en algunos sectores de la población y la clase política francesas. El pasado 20 de octubre, el diputado de derecha y alcalde de Nice, Christian Estrosi, gritó en un acto público “Viva Argelia francesa”, como en los mejores tiempos coloniales. En una entrevista concedida a  la agencia AFP el pasado 11 de diciembre, Abdelaziz Buteflika no exigió a Francia que pida perdón por sus crímenes pasados y abogó por dar un salto cualitativo en las relaciones bilaterales. Según Mohamed Chafik Mesbah, antiguo oficial superior del DRS (el poderoso servicio de inteligencia militar argelino), los dirigentes argelinos han querido “agrupar a la familia revolucionaria” en torno a la cuestión del pasado colonial, pero “no lo han hecho de la mejor manera, porque han sido incapaces de movilizar a los historiadores y otros investigadores, para que aportaran argumentos”. La sociedad argelina no es homogénea sobre esta cuestión. Un  sector, sobre todo la población más mayor, cree que Francia tiene que pedir perdón sin más dilación, pero los jóvenes piensan que Francia y Argelia tienen que reconciliarse de una vez por todas o se muestran indiferentes. Habrá que ver de qué manera Hollande resuelve esta cuestión durante su viaje argelino.