Hollande llega a Argelia con ánimo de encontrar “la verdad” y no de “arrepentirse”

P. Soto-Rabat

François Hollande (en la foto) viaja a Argelia y promete buscar “la verdad”, pero no piensa pedir perdón por los crímenes del colonialismo francés en este país

El presidente de Francia, François Hollande, llegó ayer a Argelia con las ideas claras, según dijo a los dirigentes argelinos. Prefiere la búsqueda de “la verdad”, porque no viajó a la antigua colonia de Francia para hacer un acto de “arrepentimiento” o pedir “excusas” por los crímenes coloniales cometidos en el pasado. Las autoridades argelinas no le han pedido oficialmente a Hollande que pida perdón en nombre de Francia por más de un siglo de opresión colonial en Argelia. Pero de todos modos el mandatario galo no vino con ese objetivo, sino con ganas de abrir una “nueva era” en las relaciones entre Francia y Argelia y de impulsar un partenariado estratégico entre ambos países desde el punto de vista político, económico y diplomático. Consciente de la importancia histórica de este viaje, que debería servir para apaciguar las tensas relaciones entre París y Argel, Hollande llegó a la capital argelina con ánimos renovadores y reformistas, y así se lo hizo saber a su homólogo argelino, Abdelaziz Butefkika. Cincuenta años después del final de la guerra de Argelia, Hollande -pero también las nuevas generaciones en Argelia- cree que ya es hora de “volver la página”. Hollande reivindicó un “cambio de método” que él espera que sea más eficaz para avanzar en muchos terrenos: económico, político, social, concesión de visados a argelinos, ley de indemnización para los repatriados de Argelia… No se niega a abordar el doloroso dosier del pasado colonial, pero pide a argelinos y franceses que lo hagan sin dogmatismo ni apasionamiento; quiere ser prudente el presidente galo, que siempre ha mantenido un vínculo sentimental muy fuerte con Argelia, mientras que con Marruecos no le une nada en lo personal. “Tenemos que poner fin” a los conflictos entre la memoria francesa y la argelina, y “debemos ser capaces de tener una mirada lúcida sobre el pasado”, recalcó Hollande en su primer día de visita oficial ante el Parlamento argelino.

Opiniones públicas dividas

Las opiniones públicas de los dos países están muy divididas. 35% de los franceses se opone a la idea de que su país presente excusas a Argelia por los crímenes coloniales, según un sondeo de CSA. 47% de los argelinos  ven con escepticismo la posibilidad de que ambos países superen el pasado, apunta el Instituto Okba. Hollande cae mejor que Nicolas Sarkozy a los argelinos, pero no lo va a tener fácil en el asunto de la memoria compartida, porque las espadas siguen en alto en amplios sectores de ambas sociedades. Los partidarios de Buteflika fueron movilizados en masa para demostrar el ‘cariño popular’ de los habitantes de Argel  a Hollande, pero lo más probable es que el presidente galo no cayera en esa trampa tan burda como ridícula. Las movilizaciones masivas obligatorias o retribuidas  son propias de sistemas autoritarios o dictatoriales. Hollande promete que no será como Jacques Chirac y Nicolas Sarkozy; tratará a los argelinos con respeto y no con desprecio o paternalismo. Los argelinos esperan que las palabras se traduzcan en hechos. Según fuentes diplomáticas galas, el futuro de las relaciones entre París y Argel no pasará por un rígido  tratado bilateral, sino por una declaración de amistad  y de cooperación y la puesta en práctica de un partenariado estratégico en terrenos como la economía, la defensa y la educación. Una quincena de acuerdo ya fueron firmados ayer, y el  más relevante fue la instalación de Renault en Orán, que a partir de 2014 producirá unos 25.000 vehículos al año. Está visto que, a pesar de tensiones y discrepancias, los negocios van por buen camino para una Francia en crisis y  una Argelia que necesita capital y tecnología extranjeros para desarrollar su enorme potencial de crecimiento.