Obama defiende medidas inmediatas para el control de armas

E. García-Buenos Aires

El presidente estadounidense, Barack Obama (en la foto), anuncia medidas urgentes para el control de armas en el país después de la matanza de Newton

Esta vez, después de la matanza de Sandy Hook, en Newton (Connecticut), parece que las cosas van en serio. El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, por convicción pero también porque una parte importante de la sociedad le está pidiendo soluciones, prometió ayer medidas inmediatas para el control de arnas. Obama anunció  que los poderes públicos prohibirán la venta de fusiles de asalto, revisarán los antecedentes de todos los compradores de armas de fuego, reducirán el número de balas y tomarán otras medidas para que el control del armamento sea más riguroso. La reforma de la educación y de la atención a la salud mental son otras de las dos medidas urgentes que impulsará el Gobierno. Obama, que quedó tan conmocionado como el resto de la población por la matanza de Newton, tuvo que adelantarse a los acontecimientos y demostrar  que no está dispuesto a doblegarse ante los poderes fácticos que presionan al Estado para que sea neutral en la venta de armas, como es el caso de la poderosa Asociación Nacional del Rifle (NRA). “Esta vez hay que pasar de las palabras a la acción. Tenemos que ser serios en intentar que algo como lo de Newtown no vuelva a ocurrir”, advirtió Obama al informar del nombramiento de su vicepresidente, Joe Biden, al frente de un grupo de trabajo que presentará medidas precisas en un plazo de pocas semanas,  seguramente antes de finales de enero. El Gobierno impulsará una estrategia de acciones coordinadas con el Congreso, de mayoría republicana y con muchos parlamentarios favorables a las tesis de la NRA, y las autoridades municipales.  En este sentido, Obama dejó claro que “utilizaré todos los recursos de mi cargo para hacerlo”. No parece que vaya a ser necesario. Estados Unidos ha puesto en cuestión, al menos por ahora, sus vínculos históricos y afectivos con las armas. En Estados Unidos ha estallado una ofensiva sin precedentes favorable a la modificación de la ley y los comportamientos sociales con relación a las armas.

Ola de decisiones

En New Jersey, por ejemplo,  más de un millar de personas devolvieron simbólicamente sus fusiles y escopetas tras confesar que su visión de las armas ha cambiado después de la tragedia de Newton. En Michigan, donde el congreso estatal aprobó el día antes de esa masacre una ley que permitía llevar armas dentro de los centros de enseñanza, el gobernador vetó esa legislación. En Maryland, el gobernador anunció una serie de  medidas para reducir considerablemente el número de armas que circula en su territorio. En California también se aplicarán medidas similares, lo mismo que  en Nueva York y en Colorado. Hasta la NRA tuvo que sumarse a la ola de indignación social y prometió una mayor colaboración con los poderes públicos. Para que el ímpetu no se frene, el senador Joe Lieberman,  aliado de los republicanos, y la demócrata Nancy Pelosi comunicaron la formación de una comisión en el Capitolio, que será presidida por el congresista Mike Thompson, para plantear  medidas contundentes contra la violencia. “Esta no es la clásica comisión de Washington”, aseguró Obama. Según una encuesta de la cadena CBS, el  57% de la población es favorable a un control más estricto de las armas de fuego. La medida más polémica y difícil de aplicar será  la que plantea la revisión de los antecedentes de los compradores, pero Obama y los suyos están dispuestos a sacarla adelante cueste lo que cueste. Casi la mitad de las armas en Estados se venden en recintos feriales y exposiciones, y estos lugares son el mayor peligro para la seguridad ciudadana.