Hollande asume los crímenes de Francia en Argelia, pero no pide perdón

P. Soto-Rabat

El presidente François Hollande ha reconocido los crímenes del colonialismo francés en Argelia, pero no pide perdón en nombre del Estado por tales hechos

El presidente de Francia, François Hollande, reconoció ayer durante el segundo y último día de su visita oficial a Argelia los crímenes que cometió el colonialismo francés en este país.  El mandatario galo, que ha roto con el mutismo de anteriores presidentes de su país sobre esta dramática cuestión, asumió el “sufrimiento” que infligió Francia al pueblo argelino “durante 132 años”. Admitió que “Argelia fue sometida a un sistema profundamente injusto y brutal. Citó “las masacres de Setif, Guelma y Kherrata”, tres episodios que “permanecen anclados en la conciencia de los argelinos pero también de los franceses”. En esta línea, señaló que “el 8 de mayo de 1945” -cuando ocurrió  la matanza en Sétif- fue “el mismo día en el que el mundo triunfaba sobre la barbarie (del nazismo en Europa), y Francia olvidaba sus valores universales”. Los diputados y senadores argelinos recibieron con prolongados aplausos las palabras de Hollande, quien, sin embargo, no pidió perdón en nombre del Estado francés por esos crímenes, como reclaman algunos sectores de la sociedad argelina. Argelia es un país que entre 1954 y 1962 libró una sangrienta guerra de liberación nacional contra el colonialismo francés que provocó decenas de miles de muertos. Hollande llegó a Argelia el miércoles, y dejó claro desde un primer momento que prefiere la búsqueda de “la verdad” que  un acto de “arrepentimiento” o pedir “excusas” por los crímenes coloniales  del pasado. Las autoridades argelinas no le han solicitado oficialmente a Hollande que pida perdón en nombre de Francia por más de un siglo de opresión colonial en Argelia. “La verdad no duele, repara. Y la Historia, incluso cuando es trágica y dolorosa, debe ser contada”, declaró ayer el jefe del Estado galo. Cincuenta años después del final de la guerra de Argelia, Hollande quiere acabar de una vez por todas con las tensas relaciones entre Francia y Argelia, y sabe que para alcanzar ese objetivo, más tarde o más temprano, tendrá que reconocer abiertamente los crímenes coloniales en el país norteafricano y pedir perdón, o buscar una fórmula parecida. Pero sabe también que lo tiene que hacer con sumo cuidado, porque Argelia genera muchas pasiones en Francia. Una parte de la población, y no solo en la extrema derecha, sigue sin aceptar que Argelia se independizó de la metrópoli en 1962 y añora los tiempos pasado.

Interés económico

El presidente francés quiere también apaciguar los ánimos con Argelia porque le interesa alcanzar con este país un acuerdo estratégico para reforzar las relaciones económicas, políticas y diplomáticas. Argelia es un país muy rico en hidrocarburos e influyente políticamente en el norte de África y el Sahel. El presidente galo, que es un apasionado de los libros de historia, quiere cerrar viejas heridas, porque los empresarios y potentes sectores económicos franceses lo desean para poder hacer negocios en Argelia. Por eso esta visita oficial ha servido también para firmar importantes contratos, como la apertura de una fábrica de Renault en Orán, cuya inversión es de unos 1.000 millones de euros. Francia mantiene un saldo comercial positivo con Argelia: es su primer proveedor –le vende productos por valor de 5.000 millones de euros anuales- y su cuarto cliente, con un desembolso anual de 4.600 millones, sobre todo en el sector de los hidrocarburos.