Los sindicatos brasileños acosan a Dilma Rousseff

Elvira García-Buenos Aires

Los sindicatos brasileños quieren que Dilma Rousseff cambie de política económica. En la foto, una protesta social en la capital económica de Brasil, Sao Paulo

Los sindicatos brasileños han roto el idilio que tenían con la presidenta del país, Dilma Rousseff, porque no están de acuerdo con su política económica, a la que califican de “neoliberal”, y están dispuestos a movilizar a los trabajadores. Cuatro de las cinco grandes centrales sindicales, UGT, CTB,  Fuerza Sindical y Nueva Central, suscribieron un documento de crítica y denuncia a la política económica de Rousseff y anunciaron una marcha de protesta para el próximo 6 de marzo en Brasilia. Los sindicatos piensan reunir a decenas de miles de personas en la capital política del país. La CUT, que está ligada al Partido de los Trabajadores de Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff, no secundó la protesta. Aseguran los sindicatos que “la presidenta no ha cumplido en estos dos años de Gobierno ninguna de las reivindicaciones de las centrales, a las que ha recibido una sola vez”. Así  lo comunicó a los medios el diputado Paulo Pereira da Silva, presidente de Fuerza Sindical, la segunda central del país. Las centrales sindicales de Brasil, que es la principal potencia económica de América Latina y una de las economías más importantes del planeta, denunciaron que “Rousseff heredó un país que crecía al 7,5% y lo ha llevado a cero. El PIB de 2012 va a ser una vergüenza. Algunos sectores, como el industrial, han empezado a dar muestras de flaqueza”. Además, las organizaciones de trabajadores consideran que “la falta de disposición del Gobierno de Rousseff para negociar la agenda de necesidades de la clase trabajadora, en claro contraste con el trato VIP que dispensa a los representantes del capital” ha colocado al país en una situación difícil. Los sindicatos piden también la reducción de la semana laboral a 40 horas y que no se detenga la reforma agraria que impulsó el anterior gobierno de Lula. Ricardo Patah, en nombre de UGT, señaló que “tenemos un crecimiento inferior a un 1% y eso tendrá consecuencias graves para el empleo en 2013”. Algunos observadores recalcan que el caso de la actual presidenta es paradigmático, porque Rousseff es una ex guerrillera que se enfrentó con las armas a la dictadura militar y fue detenida y torturada por ello. Es mucho más izquierdista que Lula, pero, sin embargo, en su forma de gobernar, le da más importancia a la gestión que a la política.

Saqueos en Argentina

Por otra parte, en Argentina, donde los actuales dirigentes tienen el nacionalismo subido de tono y muchas veces se burlan de la crisis que vive Europa, y sobre todo del país que más les obsesiona, España, la miseria más extrema ha vuelto a manifestarse con todo su crudeza. Pobladores de barrios  muy pobres de cinco ciudades argentinas protagonizaron hace unos pocos días saqueos o intentos de asaltos a supermercados y otros comercios. Como ocurre siempre en estos caos, junto a los hambrientos de pan y de un poco más de justicia social, se unieron delincuentes sin escrúpulo. La economía argentina ya no va también como hace dos o tres años y la inflación supera el 22%. Aunque el saqueo es un delito que ningún poder público que se precie puede tolerar, pocos en este gran país lleno de posibilidades que es  Argentina, se extrañaron de ver por televisión imágenes de personas enfurecidas, sobre todo jóvenes forzando las puertas de comercios y supermercados. Se llevaron todo lo que pudieron: comida, bebidas alcohólicas, ropa, electrodomésticos y artilugios de todo tipo. Hasta bicicletas. Los hechos ocurrieron en Rosario y Bariloche, en Entre Ríos (este del país) y Chaco (noreste). Los saqueos empezaron en Bariloche, la ciudad patagónica argentina donde se encuentra la estación de esquí más importante del país. Hubo al menos seis asaltos a supermercados, gasolineras y comercios y 15 saqueadores resultaron heridos en los enfrentamientos con la Policía. Uno de ellos recibió un tiro en el pecho y 20 agentes del orden sufrieron heridas de diversa consideración. 400 gendarmes fueron enviados por el Gobierno de la peronista Cristina Fernández de Kirchner para reforzar la seguridad de la provincia de Río Negro, donde está situada la ciudad de Baricloche. Algunas autoridades locales intentaron quitarle hierro al asunto, pero a malas penas pudieron ocultar que la causa de esos asaltos se llama hambre y miseria. Tanto es así, que el alcalde de Bariloche, el peronista Omar Goye, pidió pocos días antes de los asaltos que los supermercados entregaran alimentos a las familias más necesitadas de los barrios pobres. En las otras ciudades ocurrieron hechos parecidos, aunque en algunos casos, como en Rosario y en Campana, a 70 kilómetros del norte de Buenos Aires, la Policía consiguió dispersar a los asaltantes con relativa facilidad. No sería cierto decir que los saqueos han sido generalizados o que la situación argentina no ha evolucionado desde el punto de vista económico y social. Pero cabe destacar que se puede esperar cualquier cosa en un país rico como Argentina, pero donde las diferencias sociales son escandalosas, la corrupción hace parte del paisaje social, la inflación no para de aumentar y el PIB ya no crece al 9%, sino al 1% o 2%.  Los opositores a Cristina Fernández le reconocen el merito de haber recuperado una cierta soberanía y capacidad de hacer política económica, pero le reprochan que ha sido incapaz de frenar la miseria y las desigualdades y ha mantenido las mismas prácticas corruptas de siempre. Estadísticamente, la pobreza bajó del 57% en 2002 al 21% en 2011, según la Universidad Católica Argentina. Pero en la vida de cada día, esto se nota poco, y algunos críticos al peronismo aseguran que Fernández de Kirchner ha subsidiado la pobreza para obtener votos, pero no ha puesto en marcha los mecanismos políticos y sociales necesarios para erradicarla.