Mursi defiende un diálogo nacional tras su victoria constitucional

Mohamed Mestiri-Túnez

El presidente de Egipto, Mohamed Mursi (en la foto), defiende un diálogo nacional con todas las fuerzas políticas después de su victoria en el referéndum sobre la nueva Constitución

El presidente de Egipto, el islamista Mohamed Mursi, propuso el miércoles a todas las fuerzas políticas que impulsen un diálogo nacional para resolver las graves tensiones que vive el país y prometió adoptar las medidas necesarias para mejorar la situación económica y fortalecer las instituciones. Mursi, que fue victorioso en el referéndum del pasado sábado sobre la nueva Constitución, al conseguir el respaldo de casi el 64% de los votos, consideró que hasta cierto punto la tensiones políticas y sociales son normales en un país como Egipto que, poco a poco, se dirige hacia la democracia, pero apeló al sentido patriótico de toda la población, al margen de sus ideas y creencias, para que permanezca unida para salvar la estabilidad y la seguridad. En aras de mejorar la situación política y económica, Mursi anunció una remodelación del Gobierno. En un discurso institucional ante las cámaras de televisión, el presidente mostró su faceta más amable y dialogante, pero no convenció a la oposición, que denuncia que la consulta constitucional estuvo plagada de irregularidades. Los opositores, agrupados mayoritariamente en el Frente Nacional de Salvación, sufrieron una franca derrota en las urnas, pero quieren a toda costa que el proceso sea anulado, y acusan a Mursi de haber aprobado una Constitución de corte islamista que no recoge la pluralidad de la sociedad egipcia. El jefe del Estado negó esta acusación y aseguró que el referéndum fue “totalmente transparente” y que los egipcios votaron con total libertad. En la misma línea, dio por seguro que Egipto no volvería a la época “en la que había solo una opinión”. “Voy a desplegar todos mis esfuerzos para potenciar la economía egipcia, que afronta enormes desafíos, pero también tiene grandes posibilidades de crecimiento, y haré los cambios necesarios para ello”, destacó Mursi en su intervención televisada. El presidente inició  consultas con el primer ministro, Hicham Kandil, para la formación del nuevo Ejecutivo.  Su objetivo en el terreno económico  es introducir incentivos para la inversión, sobre todo después de que la libra egipcia alcanzara ayer su nivel más bajo respecto al dólar en los últimos ocho años y de que el pasado  lunes, la agencia Standard & Poors rebajara a categoría B el nivel de solvencia a largo plazo. Cabe destacar que el  llamamiento de Mursi se produjo después de que Estados Unidos y la Unión Europea (UE) solicitaran al presidente egipcio que propicie el diálogo y trate de limar las profundas divisiones abiertas con la oposición.

Victoria inestable

La participación en el referéndum constitucional no alcanzó el 33%, lo que coloca a Mohamed Mursi y sus seguidores islamistas en una situación políticamente delicada, porque ese resultado significa una victoria raquítica e inestable en un país ya de por sí muy dividido. Por mucho que los Hermanos Musulmanes y el sector salafista que apoya al presidente hayan ganado la consulta, se verán en la obligación de tener en cuenta la realidad social y política del país. Además, las denuncias de “irregularidades generalizadas” de la oposición preocupan a la comunidad internacional. Las principales potencias, después de la grave crisis de Siria y otros Estados árabes, no se pueden permitir el lujo de dejar que Egipto, país grande e influyente en la región, y clave para la resolución del conflicto palestino-israelí, se hunda. Así las cosas, habrá que ver si la heterogénea oposición será capaz de mantener las filas prietas en un combate que se avecina muy duro. En la oposición hay de todo: liberales y laicos de centroderecha y de izquierda, jóvenes radicales y hasta antiguas personalidades más o menos ligadas al régimen anterior de Hosni Mubarak. El Frente Nacional de Salvación aglutina a ese mundo y cuenta con un  apoyo notorio entre la juventud y la clase media urbana, pero los islamistas y los salafistas tienen mayor arraigo popular, independientemente de que el referéndum constitucional haya estado plagado de irregularidades. La oposición tampoco cuenta con un liderazgo firme y una cabeza visible que sepa unir las diversas sensibilidades. De momento se mantiene unida, pero nadie sabe exactamente hasta cuándo. Esa oposición ha ganado la batalla de la calle, pero no la de las urnas. Además, algunos expertos, como el politólogo Samer Shehata, creen que el Frente Nacional de Salvación no valoró suficientemente bien los deseos de una mayoría social de tener una nueva Carta Magna, aunque ésta no sea del agrado de toda la población.