¡Felices fiestas navideñas cubanos de todo el mundo!

Por el Manisero

El régimen cubano, que controla ideológicamente a la población, durante muchos años ha prohibido o ha puesto muchas dificultades a la celebración de las fiestas navideñas

El pueblo cubano ha asistido como un espectador pasivo a los múltiples cambios  que la dictadura castrista ha hecho de la celebración o no de las tradiciones cristianas según su conveniencia, siendo las más afectadas las festividades de Noche Buena, Navidad, los Reyes Magos, la Semana Santa y hasta  los Carnavales previos. La celebración de estas fechas han pasado por la manipulación política, la prohibición directa, hasta la negociación con las máximas autoridades eclesiásticas. Los papas Juan Pablo II y Benedicto XVI, que en sus respectivas visitas a la Isla defendieron con autoridad su territorio y su doctrina, obteniendo grandes logros a su favor y al de la iglesia. En la próxima Semana Santa podremos comprobar si se cumple la petición que le hizo el Papa Benedicto XVI a Raúl Castro en su visita  este mismo año a Cuba consistente en la promesa de que se declare el Viernes Santo día festivo. No quiero  dejar de señalar la lamentable e incomprensible actitud de indiferencia o casi ignorancia del Papa Benedicto XVI con los valientes y pacíficos opositores al régimen y las Damas de Blanco a los que les negó la audiencia que sí le concedió al asesino y dictador mayor, Fidel Castro.

El pueblo cubano quizás como una defensa a la frustración  y a su menosprecio ha demostrado una gran indiferencia ante estas tradiciones. Muchas familias en Cuba, a veces, ni se entera que el 24 es Noche Buena y el 25 Navidad, sí se enteran que el día 1 de Enero es otro aniversario de la revolución porque la propaganda del régimen se encarga de ello, y también el año nuevo. Algunas familias cubanas con fe (familias en el exterior) celebran el 6 de Enero que vienen los  Reyes Magos” pero no del lejano Oriente, sino del cercano Norte, de Miami, cargados de comida y de regalos. No es de extrañar la fácil entrega de la población a la rumba, el guaguancó, la salsa y últimamente al reggaetón como  escapes catárticos ante tanto desprecio y atropello.

La religión cristiana  y sus tradiciones existían en Cuba desde la propia conquista por los españoles, cientos de años de tradición estaban muy arraigados en la población, pero la manipulación política del régimen desde sus inicios de  las mismas ha ido menoscabando el arraigo de estas en el pueblo, La dictadura fue imponiendo estratégicamente y  a su conveniencia todas las fiestas y celebraciones  religiosas por fiestas políticas. Ya desde principios del año 59 que triunfa la mal llamada revolución cubana  comienza a perfilarse el carácter falso, manipulador y la doble moral como denominador común de esa falsa revolución. Su líder, con 32 años, sabe que necesita un apoyo económico para desarrollar su mandato populista y comienza a realizar una serie de estratégicas declaraciones contradictorias y poco coherentes con el claro objetivo de manejar la opinión pública según su conveniencia en cada momento y encontrar a toda costa un valedor que financie su mandato. En estas declaraciones evidencia, quizás intencionadamente, que no existía un proyecto político definido y con el necesario respeto por la iglesia y la religión Se anuncia como un producto neutral con una clara  insinuación de artículo amoldable que podía adjudicarse al mejor postor en una subasta publica. En este momento el mundo está dividido entre las dos grandes potencias que protagonizan la guerra fría, la URSS y los Estados Unidos de América. El 13 enero de ese año, con el propósito de desmentir un creciente rumor, Castro declara ante la prensa nacional e internacional: “Son calumnias contra la revolución decir que somos comunistas, de que estamos infiltrados de comunistas”. Tres meses después, en su  primer viaje a Estadios Unidos  donde acude con el ánimo de buscar el reconocimiento y la financiación del  gobierno de este país, también manifiesta a los medios de prensa Internacionales: “La revolución es más verde que las palmas”, recalcando en esta referencia su desvinculación con los “los rojos”, es decir  los comunistas de esa época.

Este tipo de declaraciones las repite en varias ocasiones insistentemente, mientras tuvo esperanzas de tener el respaldo,  y el apoyo económico de Estados Unidos presidido por  Eisenhower, el cual en un claro desplante no recibió al líder cubano en su viaje y prefirió ausentarse de Washington para jugar una partida de golf, delegando el recibimiento en su vicepresidente Richard Nixon. Ante este fracaso Fidel Castro regresa a Cuba y el 16 de Abril del año 1961 y  declara el carácter socialista de la revolución,  que culmina el 1 de Diciembre del mismo año al manifestar en el programa de televisión ‘La Universidad Popular’: “Puedo decir con plena satisfacción, que soy marxista-leninista y lo seré hasta el último día de mi vida”, poniéndole  así el cartel de “vendido” a esta incipiente revolución cubana y dando inicio a una de las dictaduras comunista más crueles de la historia , financiada en esta ocasión  por el único postor, el líder soviético Nikita Kruschev y su bloque comunista. El régimen cubano se vende a la URSS con todos sus lastres antirreligiosos, hasta el punto de declararse en la constitución el estado cubano como un estado ateo.

Castro desde este momento asume con facilidad el rol del dictador, pero en este caso del dictador de la doble moral, el antisovietismo siempre estuvo presente en la alta jerarquía del régimen y en el propio Fidel pero le toca obedecer como colonia y el gobierno comunista comienza a nacionalizar y monopolizar la televisión y todos los medios de comunicación desde el estado para ponerlo a su servicio. Impulsa el adoctrinamiento del pueblo cubano en el marxismo-leninismo como lema y el materialismo dialéctico como criterio de la verdad objetiva y con el claro propósito de crear una sola línea de opinión, la de  un solo partido, una sola idea, castigando y censurando todo lo que sea diferente a sus alineamientos y conceptos. De esta manera el pueblo cubano se queda sin voz, sin la posibilidad de opinar, de criticar, de expresarse, y fue asumiendo impotente y pasivamente su pérdida de derechos, incluyendo la libertad de culto y religión.

El gobierno obediente a la metrópoli se enfrenta ya directamente a la iglesia y comienza a rechazar las arraigadas costumbres y celebraciones cristianas como Nochebuena, Navidad, los Reyes Magos. Estas celebraciones, a su vez, se empiezan a ver afectadas por la escasez de todo tipo de productos y más los  típicos de estas fechas, como manzanas, uvas, avellanas, turrones que eran de importación,  a tal extremo que el día  6 de Enero deja de ser el día de reyes y se cambia por el día del niño y se racionan  a través de la libreta de abastecimiento los juguetes, uno básico (más de 5 pesos) y dos adicionales (menos de 5 pesos) por niño. Llega a ser tanta la obsesión de cambios de la dictadura que en el año 1970 hasta los carnavales, fiesta pagana pero asociada a la  cuaresma cristiana, son cambiados al 26 de Julio para celebrar el Asalto al cuartel Moncada y el fin de la zafra azucarera, que en ese año se esperaba que fuese de 10 millones de toneladas de azúcar y que a pesar de todos los esfuerzos y de prácticamente paralizar al resto de las industrias del país, no se logró conseguir, produciendo poco más de 8 millones de toneladas.

En Nochebuena como en Nochevieja la familia intentaba reunirse para la celebración, en muchos casos por vocación religiosa, y en otros por la tradición en sí, no obstante todas estas dificultades. Pero a partir del año 1970 las cosas cambiaron: dejaron de entregarse los productos navideños por la libreta o cartilla de abastecimiento y se le declaró la “guerra” a la Navidad. Se buscó un pretexto para semejante proceder: la “Pascua Sangrienta” de 1956. La Nochebuena y la Navidad no tenían sentido de  celebrarse porque entre el 23 y el 26 de diciembre de 1956 fueron asesinados por las fuerzas represivas del gobierno de Batista 23 compatriotas del movimiento insurreccional. A partir de entonces, celebrar la Nochebuena pasó a convertirse en un acto casi clandestino, porque se le otorgó una dimensión política y un arma en la lucha ideológica en su intento de desmantelar la iglesia católica.

Durante casi cuatro décadas el 24 y 25 de diciembre pasaron como otro día cualquiera, salvo para un grupo reducido y en ocasiones privilegiado de altos mandatarios del propio régimen , quienes, a pesar de todo, mantuvieron su celebración. En este periodo. para el pueblo dicha celebración solo era cosa de una minoría atrevida que lo conmemoraba muy discretamente en su casa, a puerta cerrada, cuando se podía y en la estricta  clandestinidad.

En los años siguientes y tras la caída del bloque comunista incluido el soviético, el Estado adoptó una posición más conciliadora hacia la religión y disminuyó su promoción del ateísmo. En noviembre de 1991, el Partido Comunista comenzó a permitir a los creyentes en sus filas. En julio de 1992, la Constitución fue enmendada para quitar la definición de Cuba como un Estado basado en el marxismo-leninismo, y se añadió un nuevo artículo que prohíbe la discriminación sobre la base de las creencias religiosas. De esta manera transcurrieron las cosas hasta que en 1998 el Papa Juan Pablo II visitó la isla, marcando esto una nueva etapa de relaciones castrismo-iglesia-costumbres.

Preparando el camino para la visita del Papa Juan Pablo II,  sorpresivamente además y sin dar explicación alguna, el gobierno revolucionario declaró feriado el día 25 de Diciembre, lo que quedó establecido legalmente desde entonces. A partir de ese año, comenzaron a verse otra vez símbolos de la Navidad en Cuba. Incluso, a nivel público, en establecimientos comerciales, se volvieron a ver motivos navideños en las vidrieras y en el resto de las instalaciones estatales. También, por supuesto, se comenzaron a vender arbolitos de navidad y todos los demás accesorios típicos de la fecha. En el mundo religioso, ese año se produjo una avalancha del pueblo hacia las iglesias que retomaban la celebración de la Misa del Gallo, que a partir de entonces se convertiría en una de las más concurrida. Así desde ese momento, la Navidad se ha reincorporado a la tradición  y al ceno de la familia cubana pero con la reticencia lógica de estar siempre en peligro de extinción. Aún hoy en día en la relación gobierno-estado, no están muy  bien definidos los propósitos de la iglesia y la dirección de sus intereses, si responden a los intereses del  pueblo o a los del estado, grave conflicto, porque en la isla estos intereses no coinciden. Quizás algún día también sepamos cuáles fueron los tratos de esas negociaciones Papa-Estado o quizás estas concesiones solo eran a cambio, por la visita en si misma y sus titulares en la prensa internacional del estilo “la más  alta autoridad religiosa bendice la dictadura comunista de los Castro”.

Tanto atropello al pueblo hasta en sus tradiciones más arraigadas ha creado un escudo defensivo en la población cubana, que en su intención de no implicarse emocionalmente ni entregar sus ilusiones a nada oficialista, ha caído en la desidia e indiferencia, se niega a entregar  sus sueños, sus creencias, sus fiestas a los antojos de una esquizofrénica dictadura, que ahora en la actualidad ya acepta todo lo que de divisas benditas sean, la propiedad privada, los negocios por cuenta propia, celebraciones de cenas espectáculos en salas de hoteles estatales con su correspondiente “cover”, solo al alcance de algunos privilegiados, y hasta se dejan ver en las publicaciones oficiales “macondeanas” imágenes de altos oficiales del ejercito cubano con velas encendidas en las manos acudiendo a una misa, donde se supone que rogan a Dios por la salud del último discípulo de la camorra, Chávez, o por la súplica de la continuidad del abastecimiento de petróleo por sí este muere, poder mantener sus altos estatus y míseros privilegios.

El hambre, la miseria, la expansión de enfermedades contagiosas como el dengue, el cólera que amenazan con extenderse en su  intento de ocultación por el gobierno y convertirse en epidemias, la recia represión, la perdida de valores éticos y morales están exterminando al pueblo cubano  que hasta el momento tiene pocas opciones de escapar de la isla por las actuales leyes migratorias que fuerzan a que miles de cubanos opten por arriesgar su vida al huir en rudimentarias pateras o cualquier objeto flotante en el mar. Quizás sea un lujo pedir y lamentarse por la pérdida de las tradiciones navideñas que integraban el patrimonio religioso y cultural del pueblo cubano, pero es necesario en estas fechas señalarlo, recordarlo es un deber.

Todo el pueblo cubano necesita que el mundo mire hacia él y se solidarice con su lucha, los cubanos necesitan una democracia ya, no es posible un castigo de 54 años de inhumana dictadura, sí todo sigue como está es un pueblo en peligro de extinción. La esperanza está puesta en la osada y  heroica labor de la oposición y los diferentes grupos de activistas  que defienden los derechos a la libertad, y que piden y necesitan una gran solidaridad internacional y condena de los atropellos  a que son sometidos. En estos momentos estos luchadores cuentan con el apoyo de varios representantes de la  iglesia cristiana pero siempre es poco, en estos casos. Es mi deseo que el próximo año todo el pueblo cubano que se ha desperdigado por el mundo  pueda reunirse y celebrar juntos unas Felices Fiestas Navideñas y un Próspero Año Nuevo como se celebró durante siglos. Mientras tanto aquí van mis felicitaciones a todo este heroico pueblo que merece retomar su identidad, su coherencia, su paz y su plena libertad en su país de origen. ¡Felicidades cubanos de todo el mundo!