Pekín reprime con dureza a los católicos chinos

E. Medvédev-Moscú

Pekín controla y reprime con dureza cuando quiere a los católicos chinos, que son casi seis millones de personas. En la foto, un grupo de católicos en el interior de una iglesia durante una misa

El régimen comunista chino sigue siendo intransigente con la religión, sobre todo con los católicos. Las tensiones entre Pekín y el Vaticano vienen de lejos, desde que ambos Estados rompieron relaciones, en 1951. La vía de la normalización que inició la Iglesia católica con las autoridades comunistas chinas a principios de la década pasada no ha dado los resultados esperados. El Papa Benedicto XVI convirtió este objetivo en prioritario, pero de momento el Sumo Pontífice se ha quedado con las ganas de ver a los católicos chinos poder vivir su fe con total libertad. Es más, los conflictos entre la propia Iglesia católica china y el régimen comunista se han acrecentado últimamente. A principio del mes de diciembre, el obispo auxiliar de Shangai, Ma Daquin, fue revocado por la Asociación Patriótica de Católicos de China. Esta asociación oficial depende de la Oficina de Asuntos Religiosos del régimen, y el clero chino tiene que responder de sus actos ante ella. El obispo fue destituido, porque se distanció del oficialismo católico controlado por el Estado comunista. Pekín no se lo perdonó y le impuso al prelado un régimen de libertad vigilada. Por su parte, la Santa Sede excomulgó a un obispo chino, Yue Fusheng, que fue impuesto por las autoridades comunistas en la provincia de Heilongjiang, en los confines de la antigua Manchuria. Pekín condenó la decisión del Vaticano y lo acusó de “injerencia inaceptable” en los asuntos internos chinos. Muchos clérigos chinos viven entre la espada y la pared, porque tienen que responder ante Roma pero también ante Pekín, y ninguno de los dos poderes lo acepta de buen gusto. Mientras, el avance de la fe católica en el gigante asiático ha dado lugar al desarrollo de una iglesia de base clandestina y abiertamente hostil a la dictadura comunista.

Control del partido

Según estadísticas oficiales, el número de fieles católicos en China es de 5,7 millones de personas, pero fuentes de la Iglesia Católica barajan un dato mucho más elevado: 12 millones. A pesar de la relativa apertura que ha conocido China en los últimos años, el Partido Comunista sigue controlando todos los mecanismos del funcionamiento político, social y económico del país. El régimen ejerce a través del Partido Comunista y de los aparatos del Estado un control muy severo sobre los movimientos religiosos, porque los considera subversivos y peligrosos para la estabilidad política y social del país. Hace pocos días, Pekín lanzó una ofensiva contra una secta cristiana  que profetizaba el regreso del Mesías a la tierra. Unas 1.000 personas fueron detenidas. El régimen vigila de cerca a los evangelistas norteamericanos, porque los considera potencialmente peligrosos. Pekín acusa a los grupos religiosos cristianos de querer “occidentalizar” el país y acabar con su sistema político.

Escándalo en Italia

Lejos de China, en la democrática y europea Italia, donde la Iglesia católica tiene un enorme poder político y social, un sacerdote ha provocado un escándalo con mayúscula al declarar que “las mujeres que provocan por su manera de vestir, se alejan de la vida virtuosa de la familia, provocan los instintos, y tienen que someterse a un sano ejercicio de conciencia”. El cura se llama Don Pietro Corsi y ejerce el sacerdocio en San Terenzo, en la costa del noroeste de Italia. Don Pietro colocó este texto misógino en la puerta de entrada de la iglesia donde ejerce como cura. En un país como Italia, donde en 2012 118 mujeres han sido víctimas mortales de la violencia machista, la opinión publicada de este cura integrista ha sentado muy mal a muchos sectores sociales, incluso a colectivos católicos. Tanto es así que el obispo de La Spezia, Monseñor Ernesto Palleti, ordenó al sacerdote que retirara el texto, porque “su contenido es engañoso respecto de los sentimientos de condena de las violencias contra las mujeres”. El obispo aseguró que la opinión del cura va en contra del “sentimiento común compartido por la Iglesia”.