Checos y eslovacos celebran la separación civilizada de Checoslovaquia

Piotr Kowalski-Varsovia

Chequia y Eslovaquia celebran los 20 años de su separación política civilizada y pacífica. En la foto, una vista de Praga el día de Nochevieja

Hace 20 años, Checoslovaquia, una república de Europa central formada por Chequia y Eslovaquia que existió de 1918 a 1992, se disolvió pacíficamente. Checoslovaquia fue fundada en 1918, después de la Primera Guerra Mundial y la caída del Imperio Austro-Húngaro. Tras más de 40 años de dictadura comunista, Checoslovaquia recobró la democracia en 1989 a través de la Revolución de Terciopelo, un movimiento pacífico y democrático que acabó con las viejas estructuras autoritarias y represivas de un régimen impuesto por la URSS. Con motivo de la separación de los dos pequeños países que conformaron Checoslovaquia, las autoridades de ambos Estados celebraron esta semana diversos actos conmemorativos de este evento histórico. Los primeros ministros checo y eslovaco. Petr Necas (conservador) y Robert Fico (socialdemócrata), calificaron la separación de “correcta” e “inevitable”. Necas dijo que esa iniciativa separatista era la “única posible”. Dos décadas después, ambos países forman parte de la Unión Europea (UE) y la OTAN y han experimentado un progreso económico, social y política notable. Chequia, que antes de la Segunda Guerra Mundial y de caer en manos de una dictadura comunista, era uno de los países más desarrollados de Europa, es el Estado más avanzado de la antigua Europa del socialismo real. Aunque tiene graves problemas, como la corrupción, es también uno de los territorios menos desiguales de la UE. Eslovaquia, que históricamente fue un país menos desarrollado que Chequia, está en el furgón de cola de la UE, tiene un nivel de riqueza y renta per cápita parecido al de Polonia, pero es un Estado más avanzado que Rumanía y  Bulgaria. Durante el comunismo, Eslovaquia se sentía marginada por la rica Chequia. “Las dos décadas lo confirmaron: tenemos un muy buen desarrollo de los dos países y de sus relaciones bilaterales”, indicó Necas durante un debate televisado con Fico. Por su parte, el mandatario eslovaco sostuvo que “nosotros debíamos encontrar una solución, porque “la situación ya no era soportable”. El proceso de  ruptura de Checoslovaquia se llevó a cabo por la vía de la negociación y el diálogo. De hecho, el dramaturgo, intelectual y último presidente de Checoslovaquia, Václav Havel, que falleció hace un poco más de un año, fue un hombre clave en ese proceso de separación. En una entrevista con Radio Viena el 16 de abril de 1991, Havel declaró  que “si el pueblo eslovaco quiere vivir en un Estado independiente, ni los checos ni yo les negaremos el derecho a hacerlo”. La partición no solo tuvo consecuencias políticas. Atendiendo a la superficie y población de cada parte del país, dos tercios de los recursos económicos fueron a parar a Chequia y el tercio restante a Eslovaquia. Desde los efectivos militares hasta los ferrocarriles, todos los bienes fueron repartidos sin grandes conflictos, mientras que la mayor parte de la población decidió permanecer en el sitio donde vivía, independientemente de su origen.

Casi compatriotas

A pesar del tiempo transcurrido, muchos ciudadanos checos y eslovacos se siguen viendo casi como compatriotas y no son pocos los que cuestionan el propósito de una división que fue amistosa pero que se decidió sin un respaldo mayoritario de la población: sólo el 36% votó a favor de la disolución de Checoslovaquia en un plebiscito de 1992. El periodista eslovaco Martin Simecka, entrevistado por la agencia AFP, lamenta que “desde que los políticos se dieron cuenta de que si eran capaces de dividir a un país sin siquiera celebrar un referéndum, podían hacer cualquier cosa; como consecuencia de ello, hoy tenemos gobiernos prepotentes y corruptos”. Fero Fenic, un director de cine de origen eslovaco afincado en Praga, afirma que muchos ciudadanos comparten su opinión de que “la partición se hizo demasiado rápido, sin tener en cuenta a la gente”.

Buen entendimiento

A pesar de la nostalgia de una parte de la ciudadanía,  algunas instituciones como la poderosa Iglesia católica eslovaca se congratularon de la separación. Irenej Ciutti, un sacerdote eslovaco, calificó el acontecimiento de “un regalo de Dios”.  En Chequia, apenas  el 10% de la población se declara católica, pero en Eslovaquia la proporción es seis veces mayor. Gran parte de la población de los dos países es bilingüe y cuando un presidente de cualquiera de estos dos Estados sale elegido, sus primeros y últimos viajes oficiales tienen como destino a  uno de los dos territorios de la antigua Checoslovaquia. Y es que se mire como se mire, el divorcio civilizado aún no está del todo acabado. Como escribió la periodista Zuzana Szatmary, “nos cortaron un brazo y una pierna y nos dijeron que a pesar de ello debíamos ser felices”. El presidente checo, Václav Klaus, tras reunirse a finales de año con su homólogo eslovaco, Ivan Gasparovic, manifestó: “Nuestra cercanía la demuestran, por ejemplo, el buen nivel de las relaciones personales a nivel de mandatarios y entre checos y eslovacos. Con motivo del 20 aniversario de la partición de Checoslovaquia debo decir que se trató de un hito histórico que ayudó a la exitosa edificación de dos Estados independientes”. El especialista en Checoslovaquia de origen árabe Omar Munir, en declaraciones a la emisora Radio Praga, comentó que “la partición de Checoslovaquia fue un inmenso servicio que checos y eslovacos hicieron a Europa”. “Fue una lección de sabiduría, de un grado elevado de civilización y cultura en Checoslovaquia”, recalcó Munir.