Cuba inicia un proceso de reformas contradictorio

C. Zamorano-México DF

El Gobierno cubano ha iniciado tímidas reformas económicas para evitar el colapso de la isla, pero no se atreve a poner patas arriba los fundamentos del sistema. En la foto, una vista de La Habana

El régimen cubano ha iniciado una tímida apertura económica, y basta recorrer las calles de La Habana y de otras ciudades de la isla pare darse cuenta que  esta afirmación no es pura propaganda comunista. Los mercados agrícolas, en general, están mejor abastecidos y los restaurantes privados han crecido como hongos en la capital cubana. Además, miles de familias han hecho las maletas y esperan ansiosamente la puesta en marcha de la última reforma migratoria. Con razón o sin ella son muchos los cubanos que piensan que van a poder abandonar el país e instalarse en un lugar más atractivo y sin control político e ideológico permanente. El Gobierno comunista se ha visto en la obligación de actualizar su anquilosado modelo económico, que genera más penuria que otra cosa. El Estado siguen manteniendo el control de los medios de producción y planifica la economía, pero también dejar pequeños márgenes a la iniciativa privada, porque entiende que es una válvula de escape necesaria. Se han entregado tierras improductivas a muchos pequeños propietarios y se ha dado un cierto paso al trabajo por cuenta propia y al proceso de cooperativización de los establecimientos en manos del Estado. Pero la reforma es insuficiente y contradictoria, según subrayan algunos expertos incluso dentro de las filas comunistas. Hay grandes tareas pendientes como la eliminación de la dualidad monetaria, acabar con el arcaico sistema de racionamiento y aumentar los miserables salarios de los trabajadores cubanos, que no superan, de media, los 15 euros al mes. Por eso decenas de miles de cubanos, para poder tener un nivel de vida un poco más digno, ejercen diversas actividades paralelas, generalmente ilegales y relacionadas con el sector turístico. El Gobierno de Raúl Castro se ha atrevido a permitir la compra y venta de viviendas, que durante décadas estuvo prohibida en la isla. La medida no es mala en sí, pero ha generado más especulación que riqueza y un aumento de las desigualdades en las ciudades. Los que tienen dinero compran viviendas y se instalan en los mejores barrios y los más pobres permanecen en las zonas degradadas. La mayoría de las personas que han logrado comprar una vivienda lo han hecho gracias al dinero enviado por sus familiares en el extranjero. No todo el mundo tiene esta suerte.

Corrupción endémica

La corrupción es, como en muchos otros países latinoamericanos, un grave problema que el régimen comunista no ha podido erradicar. La situación es tan grave que hace pocos días, la Contralora General de la República, Gladys Bejerano, reconoció  que de las empresas estatales auditadas, el 72% había sido clasificada de “deficiente o mal, pues faltó integralidad en los sistemas de control”. Raúl Castro decidió reducir el  número de ministerios que heredó de su hermano Fidel, fusionó algunos y desmanteló otros. Pero ahora no sabe qué hacer con el exceso de funcionarios, algunos de los cuales están encarcelados o procesados por corrupción. Este problema afecta incluso a la cúpula del Partido Comunista. Un plan de racionalización de plantillas amenaza con el posible despido de entre 500.000 y 1,3 millones de trabajadores estatales. De momento se ha retrasado, porque su aplicación generaría tensiones en la sociedad y en las filas del aparato comunista. Además, el Estado cubano sigue siendo reticente  a la contratación de trabajadores en el raquítico sector privado, no ve con buenos ojos la acumulación de capital necesaria para todo despegue económico, y frena la subida de impuestos y pone trabas a que una persona pueda tener en propiedad más de una vivienda e incluso dos líneas telefónicas. La causa es ideológica: el régimen teme que demasiadas reformas económicas acaben presionando a favor de cambios políticos. Mientras, muchos productos escasean en la isla, las diferencias sociales se acentúan y la frustración y la desesperanza avanzan a paso de gigante.

Salud de Chávez

Por otra parte, según informa Elvira García desde Buenos Aires, la oposición venezolana pidió al régimen bolivariano de Caracas que diga toda la verdad sobre la salud del presidente Hugo Chávez, que se encuentra en La Habana donde fue sometido a una cuarta intervención quirúgica contra el cáncer que padece. El coordinador de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), Ramón Guillerno Aveledo, pidió al Gobierno que “diga la verdad” porque “pretender hacerle creer a la gente que el presidente está en ejercicio de sus funciones actualmente es una irresponsabilidad descomunal”. El propio Chávez reconoció hace casi un mes la gravedad de su enfermedad y traspasó el poder a su vicepresidente y hombre de máxima confianza, Nicolás Maduro. En términos generales, el chavismo es reticente a informar sobre la salud de Chávez y controla a rajatabla los medios oficiales, pero algunos dirigentes han roto con esta dinámica al reconocer que el presidente venezolano atraviesa una situación física muy delicada. Mandatarios extranjeros como el presidente de Bolivia, Evo Morales, también han reconocido la gravedad de la enfermedad de Chávez. El ministro de la Comunicación, Ernesrto Villegas, informó finalmente ayer que Chávez sufre insuficiencia respiratoria debido a “una severa infección pulmonar”, y Nicolás Maduro afirmó que el presidente “pronto” regresará a Venezuela.

Negociación con Estados Unidos

Mientras Chávez lucha por la vida en Cuba, Nicolás Maduro se encuentra en negociaciones secretas con Estados Unidos para recomponer las difíciles relaciones entre ambos países, lo  que le podría ayudar a reforzar su perfil al frente de Venezuela. Un emisario del vicepresidente venezolano se entrevistó en diciembre en la Casa Blanca con el jefe para América Latina en el Consejo Nacional de Seguridad, Ricardo Zúñiga.  Según diversas informaciones periodísticas, en las conversaciones, llevadas a cabo por Roy Chaderton, embajador venezolano ante la Organización de Estados Americanos (OEA), se pusieron varias cuestiones sobre la mesa. La de mayor trascendencia política, es el posible regreso de la DEA, la agencia estadounidense contra la droga, a Venezuela. La lucha contra el terrorismo sería otro elmento en conún entre Washington y Caracas. Sobre la recomposición de relaciones también trató directamente el propio Maduro con Roberta Jacobson, responsable del Departamento de Estado para el Hemisferio Occidental, en una conversación telefónica realizada en noviembre, con mención expresa al asunto del narcotráfico.