Verdades cansadas

Mohamed El Morabet

La imagen de la mujer musulmana en España sigue generando muchos tópicos. En la foto, un grupo de mujeres islámicas residentes en España

La imagen, generalmente transmitida, en los medios de comunicación de mayor difusión en España sobre el islam es muy sesgada, en el sentido de que no refleja la totalidad de la realidad  de los musulmanes, y cuando se trata de las musulmanas la cuestión se retuerce  hasta el punto de que queda reducida, intencionadamente, a lo que atañe al velo. La virulencia del morbo mediático del velo es directamente proporcional al desconocimiento social que se tiene del tema. ¿Es este desconocimiento interesado? ¿Qué se conoce de las musulmanas en España? ¿Por qué los medios de comunicación españoles usan fotografías de musulmanas de otros países cuando hablan de musulmanas españolas? ¿Por qué solo se habla de las musulmanas cuando se trata del velo? ¿Por qué se prefiere que una musulmana tenga acento extranjero? ¿Acaso no existe un discurso propio de las musulmanas de España? Estas preguntas impregnan una práctica habitual que consiste en distorsionar la cotidianidad de más de medio millón de mujeres musulmanas que viven en España, presentándolas, por un lado, como un ente homogéneo, es decir sin mostrar el crisol de sensibilidades y opciones que abarcan, con la idea de insertar una imagen única de mujer velada, dependiente, sumisa y obediente, en contraposición a la mujer no musulmana libertaria y autónoma. Y, por otro, se las representa  como algo ajeno a España, reforzando así el arraigo católico del país, como única vía de legitimación religiosa y moral.

La primera cuestión es muy jugosa, puesto que alimenta un discurso comparativo piadoso, se parte de la idea de mujeres no  musulmanas versus mujeres musulmanas y se plantea esta dicotomía en términos de buenas/malas, autóctonas/alóctonas  y, lo que es peor, legítimas/ilegítimas. Este escenario binario alberga la cuestión de potenciar la primera opción sobre la segunda, tratándolas como hechos comparables porque responden a pautas diferentes. He aquí la trampa. La mujer musulmana en España tiene las mismas preocupaciones que cualquier otra mujer activista que no es más que la justicia social, la igualdad de oportunidades y la igualdad de género.  Sus inquietudes como activistas se dirigen a mejorar la convivencia social desde una visión espiritual del islam en una sociedad estructurada bajo el prisma patriarcal. El islam, entendido como libertad, tiene en las musulmanas de España una fiel carta de presentación contemporánea, contextualizada, acorde a los tiempos que corren y lo más importante, una versión española y feminista del islam. Los siguientes hechos: la españolidad de un islam moderno y el feminismo islámico en auge, encuentran fuertes reveses desde  dos sectores principales. El primero, desde la prensa que con titulares del tipo “El hiyab se cuela en la TDT”, o,  “El hiyab aterriza en la escuela pública”, publicados en los diarios El País y El Mundo, respectivamente, solo invitan al alarmismo innecesario y muestran un claro no reconocimiento de la realidad diversa de las mujeres musulmanas, silenciando su voz. Jesús Maraña, director del diario Público, como tertuliano en el antiguo programa de debate de TVE “59 segundos”, reconoció públicamente y entonando el mea culpa que, para documentar  fotográficamente las noticias relacionadas con las mujeres musulmanas en España, recurrían en muchas ocasiones a fotos de Afganistán, puesto que son más “impactantes” para la opinión pública.

Este enfoque está sustentado, en gran parte,  por la falacia de composición que consiste en inferir que algo es verdadero acerca de un todo solo porque es verdadero acerca de una de sus partes. Es decir, generaliza la visión basándose en casos aislados y puntuales. Ahora bien, algunas musulmanas, pioneras en ponerse al frente de esta injusticia, están llevando a cabo un trabajo de base desde distintos y múltiples foros, y muchas de ellas alcanzaron con su empeño y perseverancia puestos de toma de decisión. Mariam Cuenca, secretaria de la comunidad islámica de Ávila, contra viento y marea, fue la primera presidenta de una mezquita en España; Isabel Romero fue elegida directora del Instituto Halal, que certifica, acorde con las pautas reglamentarias del islam todos  los productos alimenticios en España. Y, últimamente, a raíz de la renovación de la ejecutiva de la Comisión Islámica de España (CIE), en la que todos los medios se centraron y alimentaron la polémica en cuanto a remplazar a Riay Tatary, con 20 años a sus espaldas como presidente de la CIE, y nombrar a Mounir Benjelloun,  pocos han difundido el nombramiento de Amparo Sánchez Rosell como vicepresidenta de la CIE, hecho insólito y de relevante significación. La responsabilidad de los medios de comunicación es para con su sociedad que exige que sean verdaderas plataformas de información diversa y agentes de cambio, y no meros voceríos de los estereotipos.

El segundo de estos sectores es la propia comunidad musulmana de España, liderada por hombres,  que se aferran a un estilo tradicional, convencional y muchas veces rancio, puesto que se prestan a alimentar los estereotipos manteniendo posiciones rígidas a la hora de interpretar cuestiones de actualidad. En este sentido, muchas musulmanas han dejado de lado la guerra interna para dedicarse a lo esencial: la igualdad entre las personas en una sociedad que, por ende, tiene un superávit de desigualdades. Natalia Andújar, que fue directora de Webislam, el mayor portal en castellano sobre islam, actualmente directora de la plataforma educativa Educaislam, ha sido elegida una de las diez personas musulmanas más influyentes de Europa, por su labor de concienciación social y política. En el mismo sentido, y por la misma labor, M. Laure Rodríguez Quiroga, presidenta de la Unión de Mujeres Musulmanas de España, fue galardonada en 2010 como una de las 100 personas más influyentes de Iberoamérica.

Las mujeres musulmanas, cada una desde su ámbito privado y público, se están enfrentando a una doble tarea. El primer reto consiste en convencer  a la comunidad musulmana en España de la necesidad de difundir las enseñanzas del islam con un aire renovado, contemporáneo y europeo. Y, el segundo desafío, lo tienen ante el conjunto de la sociedad, principalmente ante algunas mujeres españolas que, aún viviendo en un sistema todavía patriarcal, reproducen las relaciones de poder, al quitarles a las mujeres musulmanas,  su capacidad de agencia, de acción y de vida espiritual. La mujer musulmana representa una fuerza  doble de cambio en España, en contra de un discurso extemporáneo y muchas veces excluyente dentro de la comunidad islámica y también contra los roles tradicionales de género. No obstante, los medios de comunicación, de forma obstinada, solo ven en ella un trozo de tela.  Como dijo George Steiner “los estereotipos  son verdades cansadas”.