La primavera árabe y otras estaciones

Hamid Bellahcene

Nuestro colaborador Hamid Bellahcene hace un repaso de las revueltas en el mundo árabe y analiza su naturaleza. En la foto, una manifestación de protesta en Egipto

Hace  poco más de dos años el mundo árabe era muy diferente al que nos vamos acostumbrando estos días. Momentos antes de que Mohamed Bouazizi diera luz verde  al comienzo de las multitudinarias protestas, de las cuales pocos países árabes se han librado,  la situación en Oriente Medio parecía bajo control. Estados Unidos confiaba plenamente en sus aliados de la zona, hombres fuertes como Ben Ali y Mubarak parecían cumplir con su estricta misión de mantener el estatus quo y la estabilidad regional: Es la realpolitik y hasta ese momento parecía haber funcionado  como todos deseaban, además de conseguir los objetivos marcados. La Unión Europea, por su parte,  no vio necesario sospechar de nada, seguía haciendo sus negocios y celebrando acuerdos económicos con unos y otros. Detrás de la aparente estabilidad que vendían los autócratas árabes, muchos jóvenes veían pasar el tiempo con impotencia y frustración contenidas. Las oportunidades de emigrar y salir del país se habían reducido por culpa de la crisis económica que se estaba instalando en la vecina e industrializada Europa occidental. Pocas opciones quedaban.

En medio de esta situación nadie, ni los centros de estudios más prestigiosos ni las agencias de inteligencia más activas en la zona, se habían planteado semejante escenario. La primavera irrumpió en Túnez, en cuestión de días el presidente sale huyendo del país y las protestas se extienden a Egipto. Otros países no tardaron en sumarse a la ola. La ola sorprende a todos y pasa por Libia, era un 17 de febrero y tres días después Marruecos no podía quedarse atrás.  La teoría del dominó podría ayudarnos a explicar la rapidez con la que sucedió todo, aunque no servirá de mucho a la hora de medir los alcances y las implicaciones de todo aquello. Al principio las cosas parecían quedarse en el norte de África y la primavera no lograba  avanzar más allá de Egipto, pero los yemenitas y los sirios pronto despejaron esta duda y se sumaron al cambio. Los yemenitas con la mediación del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) lograron ponerse de acuerdo sobre acuerdos mínimos y pusieron en marcha una complicada transición. En cambio, el contexto  sirio era diferente, por muchas razones la primavera árabe ha durado más, quizás cabría hablar de más estaciones que la primavera. Las últimas cifras de la ONU sobre el conflicto entre la oposición y el gobierno hablan de 60.000 víctimas y nada apunta a que la situación mejore en los próximos días. Tanto las potencias regionales como sus socios más fuertes (Rusia, China, EE.UU) están midiendo sus fuerzas en territorio sirio, cosa que complica más la situación.

En plena primavera y poco después de derrocar a Ben Ali un ex embajador tunecino y alto funcionario de la Liga Árabe en Madrid nos confesaba en una entrevista realizada en la sede de este organismo en la capital española: “Les hemos educado, les hemos asegurado la enseñanza universitaria y nos hacen esto”. Se refería a los jóvenes que promovían las movilizaciones y el cambio en su país. La revolución sorprendió al diplomático tunecino, él también estaba desprevenido.

Las palabras de ex embajador eran claras y  resumían en una expresión un fenómeno  inédito, los jóvenes y  titulados universitarios, con modestos medios  lideraban la revuelta  que arrancaba en Túnez. Dos años después de haberse iniciado,  cabria hacer balance de los logros y conquistas de la primavera árabe. En primer lugar, hay que señalar la importancia del fenómeno que tuvo como primera victoria el desmantelamiento de  dictaduras feroces. Sistemas represores montados por cada uno de los dictadores  en seis décadas  empezaron a derrumbarse en tiempo récord. La consecuencia más inmediata de dicho desmantelamiento  fue la reforma política. Los dos casos más claros, pero no exentos de dificultades, son el tunecino y el egipcio donde hubo procesos constituyentes, el primero sigue en marcha y el segundo cerró un capítulo importante con la aprobación de la Constitución con el 63.8% de los votos emitidos a favor.  En Egipto, se celebraron elecciones presidenciales libres y  por primera vez ha alcanzado la presidencia un representante de los Hermanos Musulmanes, Mohamed Morsi, en este caso por  un estrecho margen del 51,7% frente a los  47,3% de Ahmed Shafik, el último primer ministro de Hosni Mubarak y candidato del antiguo régimen. Por otra parte, el caso de Egipto fue  más llamativo que cualquier otro. Los egipcios concluyen el año 2012 en medio de una gran división entre sus élites, el año que acabamos de despedir  fue especialmente tenso y tuvo momentos muy difíciles, la armoniosa imagen que reflejaba la plaza Tahrir en el año 2011 se vio seriamente fracturada.

Especialmente en la segunda parte del año se configuraron dos visiones antagónicas  de la sociedad, los islamistas por un lado  y por el otro encontramos el  resto de fuerzas, principalmente compuestas por laicos, liberales y nacionalistas agrupados bajo el Frente de Salvación Nacional (FSN) y con Mohamed El Baradei a la cabeza.  Las  dos visiones se autoconsideran legítimas herederas de la revolución y las urnas no han disipado del todo  las dudas sobre este litigio.  La tensión había llegado al límite el 21 de noviembre cuando el presidente Mohamed Morsi anunció una polémica declaración constitucional con la que asumió  amplios poderes. Contra esto la oposición reorganizó sus filas y empezó a movilizarse. Independientemente de la fuerza de unos y otros, lo más probable  es que esas dos visiones configurarán el mapa político del país en los próximos años. Prueba de ello es que  las dos visiones no son el resultado del curso de un año político 2012 sino que  encuentran sus profundas  raíces en el siglo pasado donde la pugna y el desencuentro entre unos y otros fueron constantes. La lucha por el poder ha creado  una larga distancia   entre las dos  concepciones pero también hay un margen para el encuentro máxime cuando se ha sabido que el FSN se plantea sumarse  al diálogo promovido por el presidente Morsi Un hecho que puede facilitar la celebración de las elecciones parlamentarias que tendrán lugar a finales de febrero de este año. No obstante y a pesar de las señales sobre un posible acuerdo entre las parte, los problemas reales de Egipto no han salido a luz todavía, la cuestión económica está a punto de estallar, las reservas en dólares de Egipto apenas aguantan un trimestre y sus arcas están vacías. Si añadimos a esto la negativa del Fondo Monetario Internacional a conceder un préstamo el resultado a corto plazo es incierto. Sin duda la primavera árabe es el acontecimiento más importante de los últimos años, los jóvenes han logrado situar a sus países en el camino correcto.  Los retos de la economía en Egipto y otros países de la zona  dividirán aún más a las  élites políticas, algo que podría reforzar la inestabilidad política que vive el país.