La vulgaridad se convierte en la seña de identidad de algunas revistas femeninas

Carlos Zamorano-México DF

Muchas revistas femeninas, sobre todo en Estados Unidos, hacen de la vulgaridad en textos, titulares y portadas una de sus señas de identidad. En la foto, la portada de la revista británica Mizz Magazine

La vulgaridad y el mal gusto se han convertido en las señas de identidad de algunas revistas que se dedican a temas femeninos. No todas, desde luego, pero sí algunas cabeceras importantes, que han incorporado en sus textos y algunas veces en sus titulares y portadas muchas palabrotas, esos vocablos vulgares que utilizamos los seres humanos en la vida privada. Hay une tendencia que abusa de esas palabrotas en ciertos medios femeninos, sobre todo en Estados Unidos. Es el caso de la revista Glamour, que fue fundada en 1939 y se publica también en otros países como España, Francia, Alemania, Grecia, Polonia, Hungría, Sudáfrica y México. El objetivo de esta estrategia periodística es “atraer la atención de los lectores” y “normalizar y banalizar el uso de ciertas palabras”. La redactora jefa de Glamour en Estados Unidos, Cindi Leive, inició esta tendencia a la cutrería hace un par de años, y se dio cuenta que nadie le opuso resistencia. “Me di cuenta que a nadie le importa y nadie se sorprende que utilicemos palabras malsonantes”. El prestigioso rotativo The New York Times llama la atención sobre el hecho de que la vulgaridad se ha convertido en un fenómeno social del que participan gustosamente muchos redactores y responsables de medios de comunicación. La revista Première defiende la tesis de que “la voluntad de las mujeres por afirmarse como iguales a los hombres pasa por imitar sus peores taras”. Algunos sociólogos de la comunicación consideran que este argumento es “absurdo” y responde a una visión del periodismo pobre y sensacionalista en cuanto a formas y contenidos. La socióloga mexicana Marta Fernández pone de manifiesto que “la mejor manera de emanciparse que tienen las mujeres no es precisamente siendo unas cretinas o copiando los defectos masculinos, sino todo lo contrario: tienen que luchar por ser buenas ciudadanas y profesionales, y exigir sus derechos. Y en el terreno del periodismo, tienen que hacer bien su trabajo. La vulgaridad no es el camino, excepto quizá para los cretinos y los malos profesionales, sean mujeres u hombres”. Las recomendaciones de la socióloga mexicana caen en saco roto en muchos ambientes periodísticos y artísticos en Estados Unidos, pero también en América Latina y en Europa. “Basta con ver algunos programas de televisión u hojear ciertas publicaciones para darse cuenta en qué mundo hemos caído”, indica Marta Fernández. “Algunas mujeres confunden” la libertad de derechos y oportunidades con ser “objetos deseados” y “máquinas de hacer y decir disparates. No hay más que ver a esa pobre infeliz de Lady Gaga. Dentro de cinco años nadie se acordará de ella, ni siquiera los medios que hoy en día la jalean”, lamenta la socióloga. Y, sin embargo, la cantante, compositora y productora musical es portada en muchas publicaciones, especialmente en las revistas femeninas. En un país como España, un personaje como Belén Esteban demuestra el nivel de empobrecimiento cultural al que ha llegada la sociedad española. Y la situación de Italia, en Europa, es aún peor. La revista británica Mizz Magazine es un buen portavoz de esta tendencia hacia la vulgarización del lenguaje y de la condición femenina. Pero hay tantas cabeceras en el mundo que es imposible citarlas a todas. También hay notables excepciones en el mundo de las revistas femeninas. Krinstin Van Ogtrop, directora de la redacción de la revista Real Simple, asegura que jamás utilizaría un titular vulgar en portada. “Salvo que estuviera drogada o hubiera perdido todas mis facultades”, puntualiza la periodista.

Calidad periodística

Es de justicia reconocer que abundan las revistas femeninas de calidad y en muchos países son el nuevo campo de batalla de las editoriales, entre otros motivos, porque, aunque parezca extraño, el mundo de la moda, la belleza y el lujo no entienden de crisis. “La gente sigue interesada en el consumo, en conocer las nuevas tendencias aunque luego no se materialice en una compra”,  explica el español Javier Pascual, presidente de Condé Nast, la editora de Vogue o Glamour. La difusión de Glamour creció un 5% en España en 2011 y en este país la difusión de revistas como SModa o Yo Donna, en el primer trimestre de 2012, rompió la barrera del medio millón de lectoras. Además, el sector de las revistas y en particular el destinado a la mujer y a la moda es uno de los que mejor está sorteando la crisis de la publicidad. Tanto es así que entre 2009 y 2011 la inversión publicitaria en publicaciones femeninas creció un 8,8% hasta los 82,5 millones de euros.  Mujer Hoy tiene 1,8 millones de lectores y es de los pocos negocios del Grupo Vocento que da beneficios. Otros grupos como Planeta y Prisa se han lanzado plenamente en el mundo de la prensa femenina. Asimismo, las publicaciones de alta gama como Bazaar, Vogue, Vanity Fair y Esquire mantienen un buen ritmo de ventas y lectores. En un país musulmán como Marruecos, la revista Femmes du Maroc demuestra que tratar cuestiones como la moda, la belleza, la familia o la salud no está reñido con el buen gusto.