La Yamaâ de la Santísima Trinidad

José Luis  Navazo  

Desde las filas de Justicia y Espiritualidad se prepara la transición hacia un nuevo modelo de formación política. En la foto, el difunto líder de la Yamaâ, Abdeslam Yasín, rodeado de dirigentes de este grupo islamista

Discreción y prietas las filas. A paso ligero, tras convocar en Salé a los quince miembros del Consejo de la Shura (Orientación) los disciplinados hermanos de Justicia y Espiritualidad (Al Adl Wal Ihsane), sin duda el mayor movimiento de masas de Marruecos y en buena medida del Magreb, conjuraban cualquier atisbo de crisis tras el fallecimiento el pasado 13 de diciembre de su fundador (1987) y líder supremo, Abdesslám Yassin, adoptando el 24 de  noviembre, con presteza, cintura y habilidad una nueva directiva bicéfala a la sombra del recuerdo del jeque, Yassin y su mensaje, quien desde su tumba en el cementerio de Rabat sigue proyectándose espiritualmente como “Guía Supremo” de la Yamaâ, cuyo puesto no volverá a ser renovado. A cambio, Justicia y Espiritualidad adopta una doble dirección con las responsabilidades sabiamente repartidas: Mohamed Abbadi, compañero de fatigas del jeque desde los primeros tiempos, es elegido secretario general mientras que el experimentado portavoz de la organización, Fathallah Arsalán, pasa a ser en teoría su segundo (vicesecretario general), si bien ambos con tareas complementarias. Si Abbadi representa tanto la continuidad como la ideología del “Padre” postulándose en algo así como el “Espíritu Santo”, el “Hijo” Arsalán toma las riendas de la estructura organizativa y eventualmente de su dimensión política, mientras el círculo familiar de Yassin representado por su carismática hija Nadia, parece haber hecho de momento mutis por el foro.

¿Hacia dónde encaminará ahora sus pasos la Jamaâ….? Aduciendo un justificado temor a infiltraciones de los servicios marroquíes, Justicia y Espiritualidad sigue manteniendo la opacidad en su funcionamiento interno mientras, eso sí, no deja de clamar a lo largo y ancho del país por más justicia social… y más democracia. Fuentes de la Yamaâ consultadas por este escribano no descartan nada, si bien guardan una exquisita prudencia. De entrada nos encontramos con dos asignaturas pendientes: la primera sería su reconocimiento jurídico: ¿es oportuno y conveniente que siga siendo “tolerada” pero no “legalizada”…?. La segunda sería el eventual paso de los Círculos Políticos a la arena política, que debe enfrentarse a dos escollos: uno y desde fuera, el preceptivo reconocimiento previo de la figura de Amir Al Moumenim (Emir de los Creyentes) encarnada en el rey Mohamed VI; otro y desde dentro, la probable resistencia que este paso significaría en la ideología de la Yamaâ. Por otro lado, la experiencia del Gobierno de los islamistas parlamentarios del PJD (Partido de la Justicia y el Desarrollo) es vista por los militantes adilistas como “decepcionante”, denunciando las “cartas marcadas” con las que juega el Neomajzén. Además, si bien tanto el PJD como la Yamaâ son sin duda formaciones islamistas presentan ambas diferencias ideológicas notables: las raíces ideológicas del PJD son salafistas mientras que las de la Yamaâ descansan tanto en el sufismo como en el mensaje político de los Hermanos Musulmanes. Los matices son importantes, tanto sirva el símil como en el cristianismo con los católicos de Roma y la Iglesia ortodoxa o aún más el protestantismo nacido de la Reforma. Aunque en su momento se ha especulado con ello, Justicia y Espiritualidad nunca permitió a sus militantes votar en las elecciones, “ni incluso al PJD”, mientras que ahora y al contrario diversas fuentes apuntan el hecho de que, decepcionados con la “realpolitik” de Benkirán y sus magros resultados, serían numerosos los miembros y simpatizantes del partido de la lámpara que estarían negociando con los adilistas de la Yamaâ su entrada en la misma. Otro frente a tener en cuenta sería el despertar del Movimiento del 20 de Febrero (M20-F), cuyos rescoldos siguen encendidos esperando la oportuna bocanada de aire y, de volver a encenderse (lo que solo es cuestión de tiempo), la implicación o no en el mismo de Justicia y Espiritualidad podría ser determinante.

En España, retaguardia de Justicia y Espiritualidad, la nueva dimensión organizativa también está encontrando su eco: el mismo Abbadi, rifeño de Alhucemas, mantiene excelentes contactos con su organización a través de uno de los feudos de la Yamaâ en la región de Levante, Murcia para ser exactos, donde reside alguna de sus hijas y yerno, teniendo también relaciones muy estrechas con uno de los cerebros desde Granada de la implantación de la Yamaâ en España, Rachid Boutarbouch, hombre por cierto muy ligado a Nadia Yassin. Por otro lado y tras la reciente y  exitosa OPA lanzada sobre el máximo órgano representativo de la comunidad musulmana e interlocutor con el ministerio de Justicia, la Comunidad Islámica de España (CIE) uno de los “tapados” de Justicia y Espiritualidad, Munir Benjellún, vicepresidente de la Federación Islámica de Murcia, ha logrado hacerse con la presidencia.

En Marruecos y después del real desplante en el funeral del jeque (Yassin en su momento si mostró sus condolencias tras la muerte de Hassán II), el régimen sigue al parecer a verlas venir mientras el primo del rey, el príncipe Mulay Hicham, no perdió el tiempo moviendo ficha manifestando su “profundo respeto por el difunto jeque, sus valores, sus cualidades y el carácter justo de su lucha”. Las espadas están en alto. Si al día de hoy alguien está en condiciones de alterar el estatuto quo, de forma pacífica pero radical dando un vuelco a la normalidad imperante, son los adilistas de Justicia y Espiritualidad y su polifacético y jerárquico movimiento, bien organizado e implantado en todo el tejido social marroquí, controlando centenares de asociaciones de todo tipo a lo largo y ancho del país. El régimen del Neomajzén bien haría en reflexionar sobre ello.

Nota de la dirección de Correo Diplomático:
En el artículo de opinión ‘No hay mal que dure cien años…’ de nuestro colaborador cubano El Manisero, al llevar a cabo una serie de correcciones en el texto, cometimos un error: Utilizamos cuatro veces seguidas el nombre Aguirre, que es como se llama la ex presidenta de la comunidad de Madrid. El fallo fue nuestro y no del autor del artículo. En nombre de la dirección de Correo Diplomático, pedimos disculpas al autor del texto y a todos nuestros lectores.