Chabat intenta hundir a Benkirane con ataques e insultos

Ahmed Chabi-Rabat

El líder del Istiqlal, Hamid Chabat (en la foto), quiere debilitar al primer ministro islamista, Abdelilah Benkirane, y utiliza todo tipo de técnicas como los ataques personales y los insultos para conseguirlo

El jefe del histórico partido  nacionalista del Istiqlal (PI), el fogoso sindicalista Hamid Chabat, ya no aguanta al primer ministro, el islamista y dirigente del Partido de la Justicia y el Desarrollo, Abdelilah Benkirane. Ambos partidos gobiernan Marruecos desde hace más de un año junto con el conservador Movimiento Popular (MP) de Mohand Laenser y los ex comunistas del PPS. Pero Chabat, que no pertenece a los clanes burgueses que durante años dirigieron el Istiqlal, quiere más poder en el Gobierno y hace todo lo posible por conseguir que Benkirane remodele el actual Gabinete y dé una mayor presencia a los ministros nacionalistas. De momento, la batalla la está ganando Benkirane. En primer lugar, porque el PJD consiguió más votos que el PI en las legislativas, pero también porque en algunas elecciones parciales celebradas recientemente arrasó electoralmente y dejó al Istiqlal muy por detrás del islamismo gobernante. A pesar de que el Gobierno de Benkirane no ha conseguido en este primer año de legislatura cumplir con las promesas electorales que hizo durante la campaña, el PJD sigue siendo la fuerza con mayor arraigo popular. Los demás partidos parlamentarios de la derecha, el centro y la izquierda se sitúan por detrás de los islamistas. Chabat, que no es tonto, lo sabe perfectamente, pero no está dispuesto a tirar la toalla. Es por eso que el numéro uno del PI ha impulsado una campaña agresiva de acoso y derribo a la figura de Benkirane en la que vale todo, incluso los insultos. Cuando le conviene, Chabat utiliza su papel de secretario general de la Unión de Trabajadores de Marruecos (UGTM) -el sindicato del Istiqlal- para atacar ante un público obrero y popular a Benkirane, que procede de la clase media y en su juventud perteneció al movimiento islamista radical Chabiba Islamiya. Hace unos días, Chabat acusó a Benkirane de “erradicador” y de querer excluir de la sociedad a los que no piensan como el PJD. Chabat también calificó a Benkirane de “payaso”, de querer expoliar a la clase media y de “explotar la religión con fines políticos y de no respetar a los sindicatos”.

Desgastar al primer ministro

Hamid Chabat piensa utilizar la UGTM para oponerse a la política económica del Gobierno de Benkirane, lo que resulta curioso por parte del número uno de un partido como el Istiqlal, que es corresponsable de lo que hace el Ejecutivo en ese terreno. A Chabat no le importa, y se vale de sus grandes dotes de tribuno populista y demagogo para arengar a las masas obreras. La UGTM es su mejor instrumento. Su vehemencia surte efectos en las filas obreras del Istiqlal, pero molesta a los sectores más aburguesados del partido que ven a Chabat como un intruso que lleva a cabo una política peligrosa para los intereses electorales de la histórica formación nacionalista. Por otra parte, la Oficina Ejecutiva del Club de los Magistrados de Marruecos expresó recientemente su descontento por el control de las elecciones por parte del Ministerio del Interior y exigió poder supervisar los procesos electorales, como ocurre en la mayor parte de las democracias. El presidente de esta asociación, Yasín Moukhli, reclamó al Estado que dé a la autoridad judicial “todas las atribuciones necesarias para la supervisión de las elecciones” para evitar irregularidades y fraudes.