Berlusconi califica de “feministas y comunistas” a las juezas de su divorcio

Jean-Claude Dufour-París

Silvio Berlusconi (en la foto), que necesita del escándalo y la provocación para su supervivencia política, califica de “feministas y comunistas” a las juezas de su divorcio

El ex primer ministro italiano Silvio Berlusconi es un personaje polémico que debe gran parte de su fortuna y de su fama a los medios de comunicación. Como empresario controla a muchos medios en Italia. Ha decidido volver a la política activa y sabe perfectamente que necesita estar en el candelero mediático. Se alimenta de los escándalos y tiene a muchos seguidores en su país, aunque menos que antes. Por eso no tiene ningún reparo en provocar, atacar, insultar… Le gusta escandalizar, y no le causa ningún problema reconocer que se ha acostado con chicas jóvenes o ha mantenido relaciones sexuales con prostitutas. También reconoce que ha organizado orgías en las que han participado políticos y hombres de negocios de media Europa. Así es Il Cavaliere. Representa a la Italia sórdida y sin escrúpulos, muy de derecha e intelectualmente raquítica. Es una Italia que contrasta con otro país culto, creativo, dinámico, amable, liberal y progresista. Pero Berlusconi no es tonto, y en cada momento calcula lo que tiene que decir. Hubo un tiempo en que se metía con la canciller alemana Angela Merkel, que no se parece en nada al ex jefe del Gobierno italiano. Condenado a pagar 200.000 euros al día a su ex esposa, Verónica Lario, Berlusconi se ha aprovechado de este hecho para cargar contra las tres juezas de Milán que le sentenciaron, acusándolas de “feministas y comunistas”. Así lo dijo en su última entrevista en televisión esta semana. También quiso aclarar Il Cavaliere que la sentencia judicial no ha fijado el pago de 100.000 euros diarios a su ex mujer, como se ha publicado en algunos medios, sino el doble. Berlusconi  consiguió, una vez más, el efecto buscado: hacerse pasar por una víctima de feministas vengativas y comunistas revanchistas.  Después de la entrevista, el vídeo  con sus  polémicas declaraciones fue distribuido  a las páginas web de los periódicos y de ahí a los mensajes de Twitter. De esa  forma el magnate de los medios  logró lo que necesita, según su propia confesión, acercarse en las próximas elecciones, previstas para el 24 y 25 de febrero, al 40% de votos, como en el año  2008. En principio  los jueces de Milán, que están acostumbrados a las continuas provocaciones e  invectivas de Berlusconi, no se lo tienen en cuenta, pero en esta ocasión las magistradas atacadas han decidido contestarle. La presidenta del tribunal, Livia Pomodoro, redactó un comunicado para “rechazar con firmeza las insinuaciones sobre la no imparcialidad de los jueces”.

Cumple con lo prometido

Silvio Berlusconi es un maestro en el arte de mentir, manipular e insultar a los adversarios. Por eso, en la famosa entrevista en televisión. se atrevió a decir que “yo he cumplido todo lo que he prometido”. Nadie lo duda. Durante su intervención en la cadena La 7, el ex primer ministro llegó a acusar a su entrevistadora, Lilli Gruber, de falta de objetividad. Estuvo incómodo ante la insistencia de la periodista para que respondiera a sus preguntas y no se fuese por los cerros de Úbeda. Nervioso y enfadado,  Berlusconi le gritó a la periodista: “Usted necesita un otorrino”. Berlusconi sabe también hacer de bufón cuando le conviene, y sus enfados y sonrisas, en muchos casos, están calculados. Sabe que se juega su futuro político y necesita más que nunca del titular y de la polémica. De momento lo está consiguiendo.

Abusos sexuales

Por otra parte, la justicia alemana no consiguió esclarecer los supuestos abusos sexuales a  niños y menores llevados a cabo por sacerdotes católicos en instituciones de la Iglesia. El obispo de Tréveris, Stephan Ackermann, encargado por la Iglesia de aclarar este grave escándalo de abusos y encubrimiento sistemáticos que arrastra la institución desde hace más de dos años,  explicó  que “se ha roto la confianza en el jefe del proyecto de investigación”. Ese responsable es el  criminólogo alemán Christian Pfeiffer, quien por su parte acusó a los obispos de sabotear la investigación. La Conferencia Episcopal alemana comunicó que aspira a “proseguir con los análisis junto a otro colaborador” que sustituya a Pfeiffer, que dirige el Instituto de Investigación Criminológica de Baja Sajonia (KFN). Pfeiffer consideró que el plan anunciado por los obispos alemanes en 2011 como acto de contrición y promesa de enmienda ha fracasado. El obispo Ackermann no especificó los problemas que arruinaron su relación con Pfeiffer, pero aludió a su “conducta de comunicación”. El criminólogo explicó que, tras una “buena colaboración inicial”, su trabajo tropezó con dificultades serias en la archidiócesis de Múnich-Freising. La Iglesia católica, según explicó el experto,  solicitaba sus textos para revisarlos antes de su publicación. Según Pfeiffer, “una parte de la Iglesia temía posibles daños a su reputación”. Poco a poco, los sectores eclesiásticos más dispuestos a colaborar con los investigadores, como el propio Ackermann, fueron perdiendo peso y acabaron ganando la batalla los partidarios de no revelar la verdad, o al menos de manipularla.