El camino de la Unión por el Mediterráneo

Mohamed El Morabet

El analista Mohamed El Morabet hace una critica razonada pero contundente a la Unión por el Mediterráneo, y señala que “el despertar del Mediterráneo Sur y la fatiga de Europa conforman la simbiosis de la UpM”

Han pasado más de cinco años desde la fundación de la UpM, escrita en castellano Unión por el Mediterráneo, y, otras veces, Unión para el Mediterráneo (El uso del “por” o el “para” puede llegar a ser significativo según el contexto donde se emplea). Su nacimiento fue acompañado de una profunda polémica tanto en relación a su visión política como a su andadura estratégica. Muchas voces sostenían que nació agonizando. Otras lamentan su infancia débil y a base de remedios, sin un conciso diagnóstico. Algunos expertos expresan poco entusiasmo ante sus escasos cinco años de vida, y otros le atribuyen el síndrome de Peter Pan. Muchos van más lejos y certifican que es un cementerio de mamuts políticos. A pesar de todas estas descripciones, algunas acertadas y llenas de razón y otras meros eufemismos para dar rienda suelta a la literatura política, existe una realidad objetiva que acompaña el desarrollo de la UpM. El actual Secretario General, Fathallah Sijilmassi, diplomático marroquí, en una conferencia bajo título “Oportunidades de negocio en los países árabes del Mediterráneo” ofrecida en la sede de la Casa Árabe en Madrid, el pasado 17 de diciembre de 2012, intentó zanjar el debate asegurando que “basta de hablar, tiene que entrar en vigor el verbo hacer, 2013 será el año de los proyectos para los seguidores del credo de la UpM”.

Las serias dificultades a las que se enfrenta la Unión por el Mediterráneo brotaron desde el inicio, hecho que condicionó todas las negociaciones que precedieron a su fundación para consensuar sus objetivos a la baja, concretando los ámbitos de actuación en seis puntos: La lucha contra la contaminación en el Mediterráneo, el establecimiento de autopistas por mar, la cooperación en seguridad (entendida como protección civil), el plan de desarrollo de energías renovables (en especial la solar), la creación de la universidad Euro-Mediterránea y el plan de ayuda a las pequeñas y medianas empresas (PYMES). Este enfoque por proyectos de la UpM se encontró, acto seguido, con la crisis financiera internacional, y la del euro en particular, que le dificultó encontrar financiación para su desarrollo. Unos proyectos ambiciosos plasmados sobre papel a la espera de presupuestos. Esta ha sido la principal responsabilidad de la Secretaría General, que tiene sede en Barcelona desde marzo del año 2010. Por este difícil reto, dos Secretarios Generales renunciaron. El primero, el jordano Ahmed Masadeh, abandonó el cargo apenas un año después de su nombramiento, en circunstancias ambiguas. Su sucesor, Yusef Amrani, dimitió para ocupar el cargo de viceministro de Relaciones Exteriores de Marruecos. Aunque Marruecos manifestó su apoyo a la organización proponiendo a su actual Secretario General como candidato.

Los cambios acaecidos con la primavera democrática en el Norte de África y Oriente Próximo han sido otro de los condicionantes de la Unión por el Mediterráneo. Estos hechos chocaron de frente con su filosofía de ser. Es decir, la UpM como foro multilateral, que agrupa a 43 países, los 27 de la Unión Europea y 16 de las orillas este y sur del Mediterráneo, y que tiene como principio la cooperación regional en la zona, creada, precisamente, con la idea de alejar el debate de los temas políticamente conflictivos, se ha visto desbordada por la nueva realidad de los países del Sur del Mediterráneo, frente a la que no ha sido capaz de reaccionar, por carecer de medios y competencia alguna en la materia. Lluís Bassets, director adjunto del periódico El País, afirma en su último libro El año de la revolución que “la Unión por el Mediterráneo es el emblema de la avería europea respecto al mundo árabe”. La UpM no ha vaticinado los acontecimientos, ni ha jugado ningún papel. Los estados miembro la han relegado a un tercero o cuarto plano, reafirmando su estéril estrategia.

Esta rara situación en la que se halla la UpM evidencia un debate serio sobre la política exterior europea ante los países del sur de la cuenca del mediterráneo. Por un lado, la co-presidencia de la UpM que actualmente ocupa la Unión Europea y Jordania, hasta hace nada, la ocupaban Sarkozy y Mubarak. Sería iluso que una organización presidida por un dictador hiciese de portavoz de los indignados de tal dictadura, más bien, hacía de sustento del establishment político que regía en esas zonas desde décadas. Y por otro, como organización que usa la cooperación técnica no puede obviar la realidad política de los países donde se implementan sus proyectos. Otra vez más, estamos ante la bicéfala actitud de la tecnocracia que hace ojos ciegos ante la situación política, haciéndonos ver así, que las decisiones técnicas solo se miden por su eficacia y su eficiencia. Una imagen que nace como lavadero de las malas prácticas y no se la cree nadie a estas alturas. En su día, la UpM fue el proyecto estrella de la política exterior de Sarkozy. Ahora veremos cómo transcurre su andar en la era de François Hollande, que a día de hoy, aún no se ha manifestado al respecto.

Sobrevivir implica necesariamente transformarse, la UpM tiene la obligación de ser lúcida. Es hora de más pragmatismo y menos ambición, hecho que puede ayudar a justificar su existencia y conseguir más recursos materiales para tejer una amplia red de complicidades, no sólo con actores políticos y económicos, sino también con creadores de opinión y miembros de la sociedad civil, sobre todo, en los países del Sur del Mediterráneo.

En relación a Marruecos, Mohamed VI calificó en su momento a la UpM como “proyecto visionario y audaz”, pero más allá de las palabras elegantes, Marruecos tiene en esta organización una plataforma con interés estratégico, es decir, con su implicación en el foro y el desarrollo de sus proyectos puede afianzar una posible vía para mejorar su anexión con la Unión Europea. Consolidar el “Estatuto avanzado para Marruecos con la UE” es una prioridad, transformar esta asociación en una adhesión es un reto, que tiene en la UpM un trampolín para que pueda llegar a ser un reto posible de cumplir.

Como dijo Machado: “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”. La UpM tiene que andar, y con paso firme, para consolidar sus proyectos. La iniciativa Med For Jobs, vista para el 2013, tiene que empezar a dar sus frutos en contra del estrepitoso paro juvenil en los países del Norte de África. SOLAR MED como proyecto estrella de la organización, tiene el desafío de coordinar y complementar el DESERTEC, para no caer en burdas duplicidades y una competitividad absurda. Tiene, por delante, que ultimar la construcción de los 22 kilómetros finales de la autopista Trans-Maghreb entre Marruecos y Argelia, y reforzar el proyecto LOGISMED, que consiste en incrementar la circulación de bienes en toda la región, más en concreto, la circulación sur-sur, es decir, entre los países del Norte de África.

El despertar del Mediterráneo Sur y la fatiga de Europa conforman la simbiosis de la UpM, que debe renovar la importancia del viejo continente con el Norte de África y Oriente Próximo, restableciendo su legitimidad. En su momento se llegó a plantear un espacio “Schengen Mediterráneo”, este escenario es casi irreal en estos momentos de crisis económica y convulsión política. No obstante, todo depende de esta voluntad “tecnocrática” que parece que, últimamente, cotiza al alza.