Centenares de miles de franceses manifiestan en París contra el matrimonio homosexual

Jean-Claude Dufour-París

Centenares de miles de personas recorrieron el domingo las avenidas céntricas de París para oponerse a la ley de matrimonio homosexual que quiere adoptar el Gobierno socialista. Esta norma divide a la sociedad y ha movilizado a la cúpula de la Iglesia católica

Centenares de miles de personas –entre 340.000 y 800.000, según los organizadores- invadieron las calles de París ayer domingo para mostrar su radical oposición a la ley sobre matrimonio y adopción entre personas del mismo sexo que quiere aprobar el Gobierno socialista. La marcha comenzó poco después de las 12 de la mañana desde tres puntos distintos de la capital y acabó hoars más tarde en la explanada del Campo de Marte, a los pies de la Torre Eiffel. Esta protesta siguió a las manifestaciones regionales llevadas a cabo en noviembre. Los manifestantes, que acudieron a la protesta organizada por el colectivo ‘La manifa  para todos’, quisieron de esta forma presionar al Ejecutivo para que haga marcha atrás, porque consideran que la ley va en contra de la familia tal y como se concebía hasta hace poco. Unos 900 autobuses fueron fletados por los organizadores para facilitar la llegada a París de franceses de todo el país. Fue una de las movilizaciones más importantes que vivió Francia en cuestiones sociales desde que en 1984 un millón de personas salieron a la calle en París a favor de la escuela privada. El pasado 17 de noviembre, unas 70.000 personas se manifestaron en París contra el matrimonio homosexual y 100.000 lo hicieron en el resto de Francia. Ayer, los manifestantes, que tuvieron el apoyo de algunas personalidades de la derecha y la extrema derecha  y de la jerarquía de la Iglesia católica, gritaron consignas como “Un padre, una madre, es elemental”, “Los papás, las mamás han bajado a la calle , porque defienden el matrimonio” y “todos hemos nacido de un hombre y una mujer”. Desfilaron pacíficamente por las grandes avenidas de la capital gala y miles de globos con los colores de la bandera francesa dieron a la manifestación un aire amable y relajado. Muchos manifestantes quisieron desmarcarse de los partidos políticos, pero a la altura de la Plaza de Italia estaban presentes varios dirigentes de la UMP, como el presidente del partido, Jean-François Copé, además de Brice Hortefeux y Xavier Bertrand. “Es necesario que Hollande nos escuche, y que suspenda el proyecto de ley”, dijeron algunos manifestantes. La presidenta del ultraderechista Frente Nacional (FN), Marine Le Pen, no acudió a la marcha, que sí contó con la presencia de una decena de obispos. La participación en la manifestación del grupo católico integrista Civitas fue denunciada por los organizadores de la protesta, que quisieron dejar claro que su oposición a la ley socialista es ajena a la homofobia que expresan ciertos sectores sociales y políticos franceses. La humorista Frigide Barjot, principal portavoz del colectivo ‘La manifa para todos’, que es un personaje muy alejado de los estereotipos del católico tradicionalista, se mostró convencida de que “el presidente nos tendrá que recibir. Nos tendrá que oír y tendrá que suspender el proyecto de ley”. A pesar del rechazo que el proyecto de ley provoca en una parte importante de la sociedad francesa, el presidente del país, François Hollande, hizo saber que la norma será aprobada por la Asamblea Nacional (Parlamento), aunque admitió que “las manifestaciones, que expresan una sensibilidad, tienen que ser respetadas”. Por su parte, el ministro de Trabajo, Michel Sapin, relativizó la importancia de la marcha y aseguró que “el país no está dividido en dos”. El número uno del Partido Socialista (PS), Harlem Désir, se pronunció en la misma línea, y recalcó que “el derecho a manifestarse está garantizado en nuestro país, pero quiero recordar la entera determinación de los socialistas a inscribir en la ley el derecho de todos los que se quieren a casarse y a adoptar”. Los obispos expresaron su satisfacción por la manifestación y advirtieron que seguirán exigiendo al Gobierno socialista que anule el decreto ley.

Complejidad francesa

Estas movilizaciones contra el matrimonio homosexual han sorprendido a muchos observadores que estaban convencidos de que Francia es el país de la laicidad en Europa, es decir una nación donde los conflictos entre creyentes y no creyentes está resuelto y la Iglesia no se mete en cuestiones políticas. Pero resulta que no es así. El país está dividido, por mucho que lo nieguen algunos dirigentes socialistas, y la Iglesia católica está en ‘guerra’ contra el poder ejecutivo. Los intelectuales y los católicos también están divididos. En la vecina España, que teóricamente es un país más católico que Francia, la reacción de la sociedad ante la ley sobre matrimonios y adopciones por personas del mismo sexo no generó tanta polémica. La Iglesia católica protestó, lógicamente, y los sectores más conservadores del país también, pero el Gobierno del socialista José Luis Rodríguez Zapatero pudo aprobar la normativa. La reacción a la nueva ley sobre el aborto fue, sin embargo, más contundente en España. Francia es un país bastante más complejo que lo que piensan algunos sociólogos  y un sector importante de la población se nutre de valores, ideas y maneras de pensar conservadoras. En esta ocasión la polémica ha llegado de la derecha política y social y de la cúpula de la Iglesia católica. Esa polémica ha puesto al descubierto los grandes antagonismos culturales que coexisten más o menos pacíficamente en Francia, pero también que  no todos los que se oponen a la polémica ley son ultraconservadores y homófobos, porque también en las filas del PS y de la izquierda y en la comunidad de gays, lesbianas y transexuales hay personas que no ven con buenos ojos el cambio legal. El sectarismo y dogmatismo que utilizan algunos partidarios y detractores de la ley hace díficil que el debate social puede llevarse a través de cauces racionales. El editorialista del semanario de izquierda Marianne, Jacques Juliard, critica la posición de la Iglesia católica, pero también carga las tintas contra “la agresividad anticlerical de los socialistas”. Esta misma revista publica en su última edición un reportaje titulado “Detengamos la guerra civil”. Dice Marianne: “Acordar el derecho a casarse a los homosexuales, no es desregular el derecho de la familia, sino al revés, es autorizar  a nuestra sociedad a adaptarse a la evolución de las costumbres. En cambio, el debate no puede verse confiscado ni caer en la histeria”.