Hay tres Polonias en un solo país

Mariusz Borkowski

Nuestro colaborador en Polonia Mariusz Borkowski explica en este artículo que hay tres Polonias: una rica, una intermedia y una pobre y atrasada. La Polonia más desfavorecida vota mayoritariamente por la derecha nacionalista y populista, que representa Jaroslaw Kaczynski (en la foto)

Desde que empezó la crisis económica que asola a Europa, especialmente a los países del sur de la Unión Europea (UE), como España, Italia, Portugal y Grecia, y en menor medida Francia, economistas y expertos de medio mundo señalan el papel cada vez más relevante que desempeña Polonia en el Viejo Continente. Los expertos destacan que Polonia es el único país de la UE que no ha sufrido recesión y sigue creciendo. El análisis oficial es que Polonia prospera, ha surgido una clase media, ha disminuido la pobreza… Todo esto es cierto, pero merece muchos matices, porque la realidad polaca es más compleja. En primer lugar, hay que destacar que existen tres Polonias: la A, la B y la C. La Polonia A son las zonas y grupos sociales del país que se han visto beneficiados por el desarrollo capitalista de los últimos años, las inversiones extranjeras, la modernización de las infraestructuras, los negocios. La Polonia A es un país europeo que triunfa. Luego está la Polonia B, que también ha recibido algunos beneficios del crecimiento económico, pero se enfrenta a muchos problemas. Hay amplios sectores sociales que no viven en la miseria pero cobran sueldos muy bajos, están pluriempleados, los servicios públicos a los que acceden, sobre todo en sanidad, son tercermundistas. Pero bueno, digamos que la Polonia A y B se desarrollan y han sabido aprovechar razonablemente los fondos de cohesión europeos. Pero luego está la Polonia C, que corresponde sobre todo a las empobrecidas regiones del Este del país y a los grupos sociales que han sido marginados por el desarrollo del capitalismo. Son fundamentalmente obreros de sectores industriales en declive o que han desaparecido, pequeños agricultores que sobreviven como pueden, jubilados que viven en la miseria y pasan hambre, jóvenes que no tienen perspectivas de trabajo. Nadie habla de esta Polonia, que es un país subdesarrollado en términos europeos, socialmente atrasado, con una población envejecida y poca formada que no sabido o podido adaptarse a los cambios. Los únicos que más o menos pueden escapar de esa Polonia C son los jóvenes que emigran a otras regiones del país y al extranjero y  no vuelven a sus zonas de origen. Las ayudas europeas para la Polonia C, de momento, han sido ineficaces. Es una Polonia con una mentalidad retrógrada, profundamente reaccionaria, nacionalista excluyente y muy apegada a los sectores más integristas de la Iglesia católica. Esa Polonia existe, aunque quizá no sea mayoritaria. Negar esa realidad es absurdo.

Expresión política

La Polonia A y una parte de la Polonia B la conforman las clases medias urbanas, los pequeños y medianos empresarios, una parte de la juventud bien formada. En términos políticos, esas dos Polonias suelen votar mayoritariamente por la Plataforma Cívica (PO) del primer ministro de centroderecha, Donald Tusk. PO tiene en su seno a una corriente de derecha, otra de centro y una más pequeña de izquierda. PO es la principal expresión política de la Polonia A y B. Cosa distinta ocurre con la Polonia C, que se ha dejado arrastrar por el populismo y el nacionalismo reaccionario del partido Ley y Justicia (PiS) de Jaroslaw Kaczynski, la principal formación de la derecha conservadora polaca. El PiS recoge las viejas aspiraciones del populismo polaco de los años 30 del siglo XX. No tiene ningún programa económico y ha conseguido que el debate político se lleve a cabo en torno a cuestiones ideológicas como los valores nacionalistas y religiosos en lugar de abordar los grandes retos económicos, sociales y políticos que se le plantean a la sociedad polaca. Tusk, que se dedica básicamente a gestionar el día a día de la política polaca, porque es incapaz de impulsar las grandes reformas que el país necesita, está perdiendo la batalla ideológica ante el PiS. La izquierda polaca, básicamente SLD, es incapaz de ofrecer una alternativa, porque también es un partido liberal en términos económicos y no se preocupa por las cuestiones sociales. En el ámbito europeo, algunos analistas aseguran que si la crisis del Reino Unido se acentúa y este país abandona la UE, Polonia, que hace parte del grupo de los grandes países de la Unión, podría tener un mayor peso en el club comunitario. Personalmente lo dudo, porque ni Polonia tiene todavía suficiente peso político y económico ni Tusk tiene la capacidad para lograr este objetivo.

La crisis del futuro

En abril habremos alcanzado 14% de paro. Miles de pequeñas y medianas empresas han cerrado sus puertas porque no pueden sobrevivir. La mayoría de los empleos que se crean en el país son eventuales. El panorama social es sombrío y todo indica que vamos a ir a peor. Dentro de dos años tendremos elecciones presidenciales y legislativas y me temo que la derecha conservadora pueda ganar ambos comicios. Como he dicho antes, carece de programa económico, pero es hábil y sabe manipular los sentimientos de frustración y el miedo que tienen  muchos polacos, sobre todo en la Polonia C y parte de la Polonia B. En un país como Polonia, donde hay un fuerte sentimiento de rechazo al sistema, la mitad de la población no vota y el Estado del Bienestar es inexistente, la existencia de una derecha nacionalista y populista es un grave peligro para la democracia. Tengo la esperanza de que las nuevas generaciones que han emigrado, cuando regresen a Polonia con otra mentalidad más abierta y moderna, por lo menos podrían aportar aire fresco al país. Hay una Polonia moderna, sin lugar a duda, pero el peso de la Polonia C sigue siendo demasiado importante. Esto no ocurre en Alemania, en Francia o en España, o al menos no ocurre en las mismas proporciones.

¿Qué hace SLD?

En este contexto, muchos polacos de izquierda se preguntan: ¿Qué hace SLD? Este partido de izquierda no ha conseguido romper del todo con el pasado comunista ni tampoco se ha transformado en un verdadero partido socialdemócrata. Entre sus votantes hay personas que tienen valores de izquierda, pero otros votantes arrastran una cierta nostalgia respecto del pasado comunista. Una parte del electorado de SLD, sobre todo sectores obreros, ha acabado dando su apoyo al PiS de Kaczynski, porque le gusta su populismo. Algunos observadores políticos se preguntan por qué motivos SLD ha lanzado una campaña de rehabilitación del antiguo líder comunista polaco Edward Gierek, que lideró el país entre 1970 y 1980. SLD no se ha vuelto loco, esta rehabilitación obedece a una necesidad política. En primer lugar, hay que destacar que Gierek significó una ruptura con Wladyslaw Gomulka, que representaba el ala dura del Partido Comunista. Gierek fue elegido secretario general de los comunistas polacos en plena crisis política y social por una serie de revueltas obreras en el país, el 20 de diciembre de 1970. Promovió un cierto consenso nacional y marcó una prudente distancia con las directrices de la URSS. Prometió al pueblo una mejora de sus condiciones de vida; fue menos ideológico que Gomulka, pidió créditos a Occidente, y en unos años la vida material de los polacos mejoró sustancialmente. En 10 años construyó unos dos millones de viviendas sociales. Muchos polacos recuerdan la etapa de Gierek como la mejor que vivió el país durante el socialismo. Las encuestas apuntan que un 45% de polacos piensa eso de Gierek. SLD es consciente de esta realidad y sabe también que se está quedando sin votos, en un futuro cercano no conseguirá superar el 6% del escrutinio. SLD carece de programa económico alternativo a la derecha, se disputa una parte del voto populista con el PiS, y por eso se agarra a figuras históricas como la de Gierek. Es una apuesta política arriesgada, pero a SLD le quedan pocas alternativas.