Alemania resucita la Guerra Fría de la época soviética

J.C. Dufour-París

Alemania ha resucitado la Guerra Fría entre Estados Unidos y la URSS al procesar a un matrimonio que expió para Moscú durante 23 años. En la foto, una vista del juicio contra los presuntos espías

Alemania resucitó sin querer la denominada Guerra Fría que después de la Segunda Guerra Mundial y hasta la caída del Muro de Berlín y el desmoronamiento de la URSS opuso a Washington y sus aliados occidentales con Moscú. Berlín procesó esta semana a un matrimonio alemán que espió para Rusia durante 23 años y que el actual presidente ruso y ex agente de la KGB, Vladimir Putin, se negó a canjear por otros agentes. Durante más de dos décadas el matrimonio de clase media formado por Andreas y Heidrun Anschlag mantuvo una vida aparentemente normal y sin historias en Alemania. Pero resulta que esas dos apacibles personas eran espías a sueldo de la KGB, los servicios secretos soviéticos. Ni siquiera la veinteañera hija del matrimonio, estudiante de medicina en Marburgo, sospechó de las actividades de sus padres. El juicio, como señalaron los medios alemanes, es el más llamativo y sorprendente que se lleva a cabo desde que cayó el Muro de Berlín en el año 1989.  Según la investigación, Andreas Anschlag, que según sus papeles falsos tiene 53 años, se llama quizá Sascha Rost. Se cree que su mujer Heidrun, que tiene 47 años, según consta  en su pasaporte, podría llamarse Olga. El matrimonio se sentó en el banquillo de los acusados de un tribunal de Stuttgart. Los jueces acusan a la pareja de espiar para la KGB  soviética y su organización heredera rusa, el FSB. Durante casi un cuarto de siglo, el matrimonio envió a Moscú informaciones secretas sobre Alemania, la Unión Europea (UE) y la OTAN. A cambio Sascha y Olga cobraban más de 100.000 euros anuales. Ese dinero les permitía mantener la apariencia de una familia formada por un ingeniero y una ama de casa.

Operación policial

Pero una doble operación de la unidad policial de élite GSG9 acabó en octubre de 2011 con la doble vida de los espías. Los agentes sacaron de la cama a las tres de la mañana  a Andreas, o Sascha (nombre en clave: Pit), en una casa de Balingen, un municipio ubicado a 70 kilómetros al sur de Stuttgart (en el suroeste de Alemania). Otro grupo de agentes armados hasta los dientes  asaltó tres horas más tarde la residencia familiar en Marburg, a unos 90 kilómetros al norte de Frankfurt. En el momento de la acción policial, Heidrun, u Olga (nombre en clave: Tina), estaba sintonizando la radio de onda corta que, conectada a un ordenador portátil y a un aparato de cifrado, le servía para contactar con los servicios secretos en Moscú una o dos veces por semana. Según un rotativo alemán, el sistema disimulaba la comunicación en una especie de ruidos irreconocibles. Cuenta también ese periódico que los agentes del GSG9 encontraron en Marburgo “una buena cantidad de dinero” en divisas extranjeras y documentos secretos. A principios del año pasado,  dos agentes alemanes trataron de negociar con los rusos un intercambio de espías como los que durante la Guerra Fría se organizaban sobre el puente de Gleinicke, que unía Berlín Occidental con la República Democrática Alemana. Moscú no dio el visto bueno a esta petición, porque Putin no lo quiso. El actual presidente de la Federación Rusa  fue oficial de la KGB en Dresde entre 1985 y 1990. A cambio de entregar a los Anschlag a Moscú, Berlín  pidió  la liberación de espías occidentales. Al parecer,  la de un antiguo informador y oficial del FSB condenado a casi 20 años de cárcel. Algunos medios especulan que a Putin, que fue director del FSB hace 15 años, le pareció un precio demasiado alto a pagar por ese matrimonio de espías. El rechazo ruso no sentó bien al servicio secreto alemán, el BND. Este servicio de inteligencia sospecha que en su país hay muchos más espías al servicio de Rusia.

Papeles falsos

Según han publicado diversos medios alemanes, Andreas llegó a Alemania en 1988 procedente de México. Tenía un pasaporte austriaco falsificado, según el cual había nacido en Argentina en 1959. Heidrun llegaría dos años después; también tenía papeles falsos austriacos que indicaban que había nacida supuestamente en Lima en 1965. Se casaron en 1990, el mismo año en el que Andreas se matriculó en la Universidad de Aquisgrán para estudiar ingeniería. Contaban a sus amigos y conocidos que su acento extranjero era “español” y que se debía a su juventud en América Latina. Andreas terminó los estudios en 1998 y empezó a trabajar en empresas del sector de la automoción. Pero no pudo entrar a trabajar, como lo deseaba, en ninguna empresa de armamento. Consiguió, sin embargo, meterse en organizaciones relacionadas con el mundo de la defensa nacional  y próximas a la Unión Demócrata Cristiana (CDU) y al partido liberal FDP, y desde esa posición  enviaba a Rusia información y  perfiles de funcionarios y políticos susceptibles de ser comprados o espiados. Andreas, o Sascha, contactaba con el Kremlin por satélite, radio o, en los últimos tiempos, mediante participaciones cifradas de Heidrun en foros de Internet. Los Anschlag estaban preparando su salida de Alemania cuando los detectaron los servicios secretos estadounidenses y alertaron a los alemanes. La fiscalía alemana mantiene  la acusación contra los Anschlag, que se  enfrentan a una condena cuya pena máxima es de 10 años.