Las fiestas de la Navidad ortodoxa causan daños a la salud de los rusos y a la economía del país

Evgueni Medvédev-Moscú

Las Navidades ortodoxas, en las que se consume mucho alcohol, no sientan bien a los rusos. Pero tampoco a la economía del país. En pocos días, los rusos consumen unos 1.500 millones de litros de alcohol y el país se paraliza

Las Navidades ortodoxas, en las que se consume mucho alcohol y se come demasiado, no sientan bien a los rusos. Pero tampoco a la economía del país. En pocos días, los rusos consumen unos 1.500 millones de litros de alcohol. La actividad económica funciona a paso de tortuga. Para que se restablezca la normalidad, el país necesitará de más de una semana. El abuso etílico y la desidia de muchos rusos se dan la mano durante las fiestas navideñas y los días posteriores a ese período tan entrañable por otra parte. Millones de  rusos empezaron sus vacaciones de fin de año el pasado 29 de diciembre y, aunque oficialmente deberían haberse reincorporado a sus trabajos el día 9, muchos lo han hecho en realidad el pasado lunes, el día 14. Pero es que, además,  si 10 días no hubiesen sido suficientes para la fiesta y el desmadre, la juerga continuó hasta la noche del 13 al 14 de enero,  que es el fin de año viejo, según el calendario juliano, llamado también “el año nuevo antiguo”. En términos económicos y sociales, esta realidad es un auténtico despropósito, y algunos sociólogos ponen el acento en la necesidad de cambiar los hábitos de consumo y de vida y superar el poco apego al trabajo bien hecho que manifiestan muchos rusos. Esa terrible herencia de la época soviética aún sobrevive en la sociedad rusa de 2013. Fue hace siete años cuando las autoridades rusas decidieron  trasladar días festivos de diferentes meses a la primera mitad de enero para unirlos a Año Nuevo y a la Navidad ortodoxa, que se celebra el día 7. El cambio significó la paralización económica y social de Rusia. Como dice Evgueni Briun, director del Centro de Investigación Narcológica de Rusia, “no es bueno tener tantos días de vacaciones, porque después hace falta por lo menos tres semanas para eliminar el alcohol acumulado en el organismo”. A una mayoría de rusos no parece importarles nada esta triste realidad. Los ciudadanos, muchos al menos, siguen bebiendo vodka, que es la bebida preferida en amplios sectores sociales, pero tambien coñac, ginebra, whisky, champán, vino, tequila, ron, cerveza… Cualquier cosa con tal de emborracharse. Puede parecer lamentable a los ojos de muchos europeos, pero así es la Madre Rusia, entrañable y salvaje a la vez.

Gasto de 300 euros

Durante las fiestas navideñas, los rusos se gastan una media de unos 12.000 rublos (unos 300 euros) por cabeza en comprar bebidas alcohólicas. Esa cantidad de dinero es el sueldo medio de muchos ciudadanos. Para una población de 142 millones de habitantes, ese gasto supone más de 1.500 millones de litros de alcohol. El exceso de alcohol significa también un aumento de los accidentes de tráfico. Según la Dirección de Tráfico del Ministerio del Interior ruso, entre el 1 y el 8 de enero, se produjeron en toda Rusia 2.600 accidentes de carretera con un saldo de 440 muertos, de ellos 18 menores.  Las pérdidas económicas son igualmente considerables. Diversos cálculos de expertos establecen que el Producto Interior Bruto (PIB) de Rusia pierde al año, debido a las vacaciones de enero, pero también a las de mayo, la cantidad de un trillón de rublos (25.000 millones de euros). En el ámbito más social, según alertan los medios rusos, durante este largo período vacacional se dispara  también el número de embarazos no deseados en comparación con el resto de los meses del año.