El infierno argelino de In Amenas pone de manifiesto la fuerza de los grupos yihadistas

Ahmed Chabi-Rabat

La toma de rehenes occidentales y argelinos en la planta de gas de In Amenas por parte del grupo terrorista AQMI, pone de manifiesto la fuerza de los yihadistas en la región. En la foto, varios vehículos de las fuerzas de seguridad argelinas se dirigen al complejo industrial durante el asalto para liberar a los rehenes.

La toma de rehenes occidentales y argelinos en la planta de gas del Sáhara argelino de In Amenas por parte del grupo terrorista Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI), ha sido un infierno para sus víctimas. Han muerto al menos 37 rehenes y 29 terroristas fueron abatidos. Fueron liberados 658 empleados argelinos y 107 extranjeros. El atentado también ha puesto de manifiesto la fuerza que siguen teniendo los grupos yihadistas en Argelia, sobre todo AQMI, la rama magrebí de Al Qaeda. Este grupo lo dirige el argelino Mokhtar Belmokhtar, que antes fue el jefe del Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC), una escisión del Grupo Islamista Armado (GIA). En los años 90 del siglo pasado, el GIA y el GSPC llevaron a cabo numerosas matanzas en diversos lugares del país y una lucha a muerte con las fuerzas militares y policiales argelinas. Unas 200.000 personas murieron durante esos años de plomo argelinos. Colectivos de derechos humanos, partidos opositores como el Frente de Fuerzas Socialistas (FFS) y ex agentes de los servicios secretos argelinos arrepentidos acusaron a la inteligencia militar de haber manipulado las actividades de estos grupos terroristas. Los gobernantes argelinos siempre lo han negado. En los últimos años, la actividad terrorista ha disminuido notablemente pero no ha desaparecido. El drama de In Amenas demuestra una vez más que la pesadilla terrorista sigue muy presente en Argelia, un país dirigido por clanes militares y civiles que controlan el grueso de las riquezas locales e imponen su poder político de manera autoritaria, aunque en las formas existan una vida parlamentaria  y libertades públicas. El terrorismo en Argelia es la manifestación más cruel de la situación política y social del país norteafricano. Como terribles son los testimonios de las víctimas que han podido salir sanas y salvas de la planta gasística de In Amenas. Algunos supervivientes contaron que vieron cómo abatían a sangre fía a varios rehenes. A otros les obligaron a llevar puesto un cinturón de explosivos y muchos fueron maltratados. Los seguidores de Belmokhtar se comportaron como auténticos psicópatas.

Desde Libia

Según las fuerzas de seguridad argelinas, los terroristas yihadistas llegaron en pequeños grupos desde Libia, cuya frontera se encuentra a unos 100 kilómetros de Argelia. Al parecer, los grupos estaban compuestos de yihadistas de seis nacionalidades y el jefe era un argelino. Iban todos ellos armados hasta los dientes y se comportaron con suma violencia contra los empleados de la planta industrial. Algunos trabajadores tuvieron tiempo de llamar a sus familiares por teléfono y decirles que unos terroristas de Al Qaeda les habían secuestrado. Los yihadistas justificaron su acción diciendo que habían asaltado la planta gasística para “combatir a Occidente” y “defender el islam”.  A los empleados musulmanes de la planta les dijeron que no tenían nada que temer. Mientras, Francia, que se halla en guerra contra los grupos yihadistas acantonados en el norte de Mali, aseguró que “con los terroristas hay que ser implacables”. Así lo dijo el ministro de Asuntos Exteriores galo, Laurent Fabius. Es la postura oficial del jefe del Estado, François Hollande, y del Gobierno socialista. “Debemos tener en cuenta que los terroristas asesinan, secuestran, violan, saquean. Era una situación espantosa”, dijo Fabius a la emisora de radio Europe 1. “Estoy dolido porque tengo la impresión de que se duda de los argelinos, pero se han visto obligados a responder a los terroristas. No hay impunidad para los terroristas y no la habrá, es preciso ser implacables”, agregó Fabius. Argelia colabora con Francia en la guerra de Mali, lo que no es bien visto por una parte importante de la población argelina, que sigue viendo al Estado francés como una potencia imperial que quiere imponer su orden en sus antigua colonias africanas.

Varios secuestrados

En un contexto tan complicado como el que se vive en Argelia y en el gran Sahel en este momento, Francia tiene que andar con pies de plomo porque la vida de varios de sus ciudadanos en manos de grupos yihadistas está en peligro. En el Sahel permanecen secuestrados  por AQMI Thierry Dol, Daniel Larribe, Pierre Legrand y Marc Féret, que fueron secuestrados el 16 de septiembre de 2010 en una mina de uranio de Arlit (Níger). AQMI ha reivindicado también el rapto de Serge Lazarevic y Philippe Verdon, dos  geólogos que trabajaban para una empresa maliense y que fueron capturados el 24 de noviembre de 2011 en un hotel del nordeste del país. El 20 de noviembre de 2012, Gilberto Rodríguez Leal, ciudadano francés de 61 años, fue secuestrado en el oeste de Malí por el Movimiento para la Unicidad de la Yihad en África Occidental (MUYAO), uno de los grupos aliados de AQMI. Las familias de estos siete cautivos se han quejado de que las autoridades francesas no les hacen demasiado caso ni les mantienen informados. “No tenemos noticias del Quai d’Orsay,  no tenemos ninguna noticia”, se lamentó ante la agencia AFP Alain Legrand, padre del rehén Pierre Legrand. “Las únicas noticias que tenemos son de la radio, la prensa y la televisión”, aseguró Legrand. Una parte de esos familiares estarían a favor de llevar a cabo una operación militar para liberar a los rehenes, pero otros consideran que esta opción es demasiado peligrosa. Así las cosas, el respaldo a la intervención de Francia en Mali se está resquebrajando. Tanto en las filas de la derecha como de la izquierda hay voces que cuestionan la idoneidad de la intervención militare. El jefe de la derechista Unión por un Movimiento Popular (UMP), Jean-François Copé, cree que François Hollande ha improvisado la acción militar en Mali y ha sido incapaz de liderar una coalición militar europea. El centrista Jean-Louis Borloo, presidente de la Unión de Demócratas e Independientes (UDI), se pronunció en términos parecidos y  Jean-Luc Mélenchon, líder del Frente de Izquierda,  consideró que la intervención militar “es discutible, dado que los intereses fundamentales de Francia no están en peligro, según ha dicho el propio jefe de Estado”. Por su parte, los comunistas pidieron la retirada de las tropas puesto que el plan inicial de Hollande consistía en desplegar sobre el terreno solo fuerzas africanas. De momento, según la última encuesta hecha pública en Francia, seis de cada 10 ciudadanos confían en que la intervención militar francesa en Mali acabará bien.