Corrupción y crisis en 6 claves

Mohamed El Morabet

El politólogo y articulista Mohamed El Morabet establece un paralelismo entre la corrupción y la grave crisis económica que vive España desde el año 2008

La tendencia, muy asentada, en la política española de echar balones fuera roza lo ridículo. Desde que se inició la crisis económica en 2008, no hemos cesado de escuchar y leer que las causas de tal crisis vienen de Estados Unidos, básicamente, por la caída del imperio Lehman Brothers. Han pasado más de cuatro años y nadie se atreve a vincular, seriamente, la magnitud de esta crisis financiera y económica con la corrupción.

1- Crisis financiero-económica y corrupción: La corrupción mina el desarrollo económico del país puesto que genera ineficiencia y distorsiones considerables. En el sector privado, se incrementa el coste de los negocios y actividades empresariales y esto a su vez vicia la esencia de la economía de mercado, que tiene en la competitividad una de sus máximas. Así, se crea un tejido empresarial dual, por un lado las macro-empresas y multinacionales acaparando con sus desembolsos ilícitos las grandes obras, y por otro lado, las PYMES peleando por hacerse hueco en el mercado, asumiendo las cargas más impositivas vía tributos. Este escenario genera empresas grandes que pagan pocos impuestos y crean empleos precarios, en contraposición con pequeñas empresas, que soportan las cargas de una competencia desleal. Las desigualdades que sufre España no son ajenas a este sistema nefasto, más cuando las grandes empresas, exactamente el 86% de las empresas que conforman el IBEX 35, operan en paraísos fiscales. Además, alrededor del 80% de los puestos de trabajo en el sector privado español lo generan las pymes. Este dilema solo puede entenderse añadiendo a la variable crisis la variable corrupción.

2- Crisis institucional y corrupción: Una de las deficiencias del bipartidismo es que genera un clima favorable para la corrupción, en contraposición a la estabilidad política que ofrece. Las principales instituciones del estado, ahora mismo, cotizan a la baja y sufren un batacazo y un descrédito monumental por razones obvias. El poder judicial, con el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) en la cabecera, ya no es una garantía para la ciudadanía y es percibido como un instrumento de poder en manos de los más fuertes. Los viajes injustificados a hoteles de lujo en Marbella del ex-presidente del CGPJ, Carlos Dívar, han saltado a los medios de comunicación, pero esta práctica es un ritual y vox populi dentro de la organización, seguida de unos numerosos indultos injustificados, que solo puede significar un atropello frontal a la separación de poderes. ¿Cómo se puede entender que el Gobierno (poder ejecutivo) anule una decisión judicial (poder judicial)? Otras instituciones se nutren de la misma práxis. El Tribunal de Cuentas parece que no existe ante la catarata de casos de subvención ilegal que están saliendo a la luz. El Banco de España, como institución reguladora del país, ha socavado el sistema financiero del estado, haciendo de las cajas de ahorro una herramienta de enriquecimiento de unos pocos a costa del erario público. Sin dejar de mencionar a la monarquía que se vio salpicada por el caso Nóos, con Iñaki Urdangarín. El antónimo de corrupción es la transparencia, algo que falta, por ejemplo, en los presupuestos que recibe la institución monárquica.

3- Crisis política y corrupción: De los muchos eslóganes gritados en la Puerta del Sol por el 15-M, dos son muy significativos: “No nos representan” y “Lo llaman democracia y no lo es”. La calidad de la democracia está en entredicho ahora más que nunca. Los eslóganes estaban dirigidos a la mal llamada “clase política”, y según el barómetro del CIS publicado en diciembre de 2012,  los políticos, los partidos y la política en general son el tercer problema del país (por detrás del paro y los problemas económicos) seguido, en cuarto puesto, por la corrupción y el fraude. Aquí, hay que señalar dos causas principales. Por un lado, está el funcionamiento interno de los partidos políticos, de manera opaca, muchas veces discrecional. Este hecho tiene en la ley de partidos políticos y la ley electoral las mejores aliadas. Puesto que los partidos no tienen que rendir cuentas por su funcionamiento interno, sólo cuenta la imagen que exportan a la ciudadanía. Esta herida existe desde hace mucho tiempo, pero hoy ya no cicatriza. La ley que regula el funcionamiento de los partidos políticos permite un sospechoso oscurantismo en relación a las fuentes de financiación. El caso Bárcenas es la punta del iceberg de esta endémica situación. Y a esto le añadimos el caciquismo, el nepotismo, favorecidos por la ley electoral que no permite unas listas desbloqueadas. Por otro lado, salta el asunto de la compatibilidad (puertas giratorias) y el tráfico de influencias, que se tiene entre el sector público y el privado. Es sabido que en España, lo más importante no es ser ministro, sino ex-ministro, por lo que supone. Sobre todo, las jugosas nóminas que se les brinda a los políticos cuando pasan a formar parte de los consejos de administración de las grandes empresas. Aquí prefiero no citar casos, porque me llevaría mucho espacio.

4- Crisis alimentaria, pobreza y corrupción: En este apartado, me remito al informe del Instituto Nacional de Estadística de España (INE) y recopilo varios datos alarmantes. El 21,1% (1 de cada 5 ciudadanos) de la población española vive por debajo del umbral de pobreza en 2012. El porcentaje de hogares españoles que llega a fin de mes con “mucha dificultad” alcanza el 12,7%. La tasa de pobreza aumenta entre las personas en edad de trabajar (entre 16 y 64 años) y alcanza al 21% en 2012. Uno de cada cuatro menores de 16 años se sitúa por debajo del umbral de pobreza. La pobreza está relacionada directamente con el nivel de formación, el 28,9% de la población que alcanzó un nivel educativo equivalente a la primaria o inferior, está en riesgo de pobreza. La tasa de pobreza entre los inmigrantes no comunitarios en España es del 43,5%. El 44,5% de los hogares no se puede permitir salir de vacaciones ni una semana al año.  El 40% de los hogares no tiene capacidad para afrontar gastos imprevistos (enfermedad, juicios…). El 7,4% de los hogares tiene retrasos en los pagos a la hora de abonar gastos relacionados con la vivienda principal (hipoteca o alquiler, recibos de gas, electricidad, comunidad…). El 29,9% de los hogares españoles tiene pendiente el pago de una hipoteca.

Esta catarata de datos indica una situación de desigualdad estructural en España, que tiene en el reparto de la riqueza y la corrupción su máxima explicación. Más cuando la cuota presupuestaria destinada a los servicios sociales ha disminuido flagrantemente para destinarla a sanear activos tóxicos de los bancos generados por prácticas y conductas corruptivas.

5- Crisis ecológica y corrupción: Los datos de Eurostat sobre dependencia energética del exterior de los países europeos arrojan una coincidencia interesante: en los países más dependientes, la crisis económica es más aguda. España tiene una tasa de 69,9% de dependencia. La importancia de combustibles fósiles, fundamentalmente petróleo, es un lastre muy pesado para la economía de España, de hecho, se gastan unos 45.000 millones de euros anuales para importar petróleo y gas. Lo llamativo es que en ningún caso la reducción de importaciones de combustibles fósiles forma parte de las políticas para hacer frente a la crisis. Una extraña coincidencia que invita a pensar en que los intereses confluyentes (por no llamarlo tráfico de influencias) entre la oligarquía financiera y la oligarquía política. Una vez más, estamos ante una corrupción pasiva que nos conduce a una crisis ecológica que amenaza nuestro hábitat.

6- Crisis de valores y de ciudadanía y corrupción: Lo paradójico de todo lo anterior es la actitud de la ciudadanía en España. En las elecciones municipales y autonómicas pasadas se demostró un hecho gravísimo y es que la ciudadanía no castiga electoralmente la corrupción. Las mayorías absolutas cosechadas en Valencia, Madrid, Baleares son un claro ejemplo claro. ¿A qué se debe esta pasividad y negligencia?  Básicamente, a que la corrupción no solo es una actitud pasajera sino un sentimiento arraigado en la génesis de la ciudadanía española, en definitiva, es una crisis de valores. Y estos valores se transmiten a través de la educación, que también ha sufrido su hachazo presupuestario. ¿Será casualidad?
Después de este mini-resúmen en 6 claves que demuestra que crisis y corrupción van de la mano, no me queda otra que escribir ¡Sin comentarios!